Usted está aquí: lunes 3 de octubre de 2005 Opinión APRENDER A MORIR

APRENDER A MORIR

Hernán González G.

Atraso legislativo

EN RECIENTE PROGRAMA radiofónico que de lunes a viernes conduce la doctora Lidia Pérez López en Radio Red, se reflexionó sobre el tema: "Bien morir, ¿contraviene la ley?", habida cuenta que nuestros notarios siguen más preocupados por hacer de septiembre "el mes del testamento" que de plantear las posibilidades jurídicas de un documento de voluntades anticipadas o testamento vital en México.

UNO DE LOS participantes en el citado programa de radio, el doctor Mauro Rodríguez Estrada, autor del necesario libro La controversia de las eutanasias, el fondo oculto del debate, publicado el año pasado por Botas y Alonso Editores, señalaba: "Todo intento por sacralizar la vida estorba las posibilidades de una buena muerte. Detenemos el proceso natural de la muerte alargándola mediante recursos artificiales. Como se echa para afuera a la razón, se admiten todos los absurdos, incluido el de considerar como sagrado lo que no lo es".

O LO QUE señalábamos en la columna anterior y que por falta de espacio fue omitido: "...esa moral hipócrita que defiende la vida mientras no interfiera con sus utilidades". Sólida tradición de ir a matar infieles o de invadir países con los nobles pretextos de defender la "verdadera" fe o la libertad y la dignidad humanas, al margen de los fuertes motivos económicos que mal encubren tan desvergonzadas gestas.

SE HABLO TAMBIEN de que con la impunidad como valor de uso corriente, hoy no tiene caso cometer actos fuera de la ley, pues sobran espacios para cometerlos dentro, a ciencia y paciencia del gobierno del cambio. Por eso tiene razón el escritor polaco Stanislaw Lec cuando afirma: "Ante la ley todos somos iguales, pero no ante los encargados de aplicarla". Si a usted se le ocurre sustraer algo de un supermercado, le caerá todo el peso de la ley; pero si asesina y roba en serio, en poco tiempo saldrá de la cárcel, lo entrevistarán e incluso le ofrecerán disculpas.

SE COINCIDIO EN que el derecho a tener una buena muerte no es el exterminio a rajatabla de todo enfermo terminal, sino evitar el encarnizamiento terapéutico en quien así lo haya dispuesto, mediante un testamento vital o documento de voluntades anticipadas, aunque no tenga nada que heredar en un testamento convencional.

LA CORRIENTE PRO derecho a morir dignamente de ninguna manera pretende establecer la obligación jurídica de matar, por acción u omisión, a un enfermo, sino el derecho inviolable de toda aquella persona que lo solicite, en pleno uso de sus facultades, a concluir con dignidad una vida de deberes con escasa correspondencia de derechos... incluido el de bien morir.

POR ULTIMO, SE estuvo de acuerdo en que en nuestro país tampoco la ley ha evolucionado a la par de la ciencia, la tecnología y la sociedad, y que junto a un rezago legal de 75 años, nuestros legisladores, del partido que sea, acusan una tremenda falta de sensibilidad jurídica para atenuar la problemática social, no se diga para garantizar una muerte digna al ciudadano en etapa terminal que la exija.

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