Usted está aquí: sábado 8 de octubre de 2005 Capital En Santa Martha Acatitla, de mil 483 internas, sólo 79 reciben visita íntima

A muchas la soledad las lleva a buscar pareja entre sus compañeras

En Santa Martha Acatitla, de mil 483 internas, sólo 79 reciben visita íntima

Otras reclusas se inscriben en el programa para mantener relación con presos varones

EMIR OLIVARES ALONSO

Ampliar la imagen Alejandra, interna de la penitenciar�de Santa Martha, extern� abandono en que la dejaron sus familiares desde que purga condena por delitos contra la salud FOTO Jos�arlo Gonz�z Foto: Jos�arlo Gonz�z

La fantasía es su única compañera. Se aferra a ella, no desea que se vaya. Cuando el deseo la invade, recuerda y su mente navega hacia el pasado, se pierde y de repente llega ahí: caricias, besos, abrazos, intimidad, sexualidad.

Dulce está presa en el Centro Femenil de Readaptación Social de Santa Martha Acatitla. Ella, al igual que cientos de internas, no recibe visita íntima; no sólo ha sido privada de su libertad, sino también de su sexualidad.

Dulce vive con su hija de meses; estaba embarazada cuando llegó al penal. Dos niños más la esperan afuera de Santa Martha. No esconde la tristeza al recordar la causa que la trajo aquí: robar 100 pesos a un taxista fue sentenciada a dos años y medio de prisión; un año ha estado recluida y en ese periodo no ha querido establecer vínculos afectivos con nadie.

Su marido nunca la visitó, se separó de él poco después de ingresar al penal; no desea tener una mujer como pareja, ni tampoco la convence la visita interreclusorios, en la que una mujer presa visita a un hombre recluido en alguno de los penales varoniles del Distrito Federal para establecer una relación sentimental y sexual.

"Un chavo me mandó pedir... no acepté"

Cuando habla de su abstinencia sexual desfallece y su tristeza aumenta: "no tengo convivencia íntima. Hace un mes un chavo me mandó pedir (para la visita interreclusorios) y no acepté. No puedo porque no es la misma confianza. No lo quiero hacer porque no me entregaría a cualquier hombre. (Hacer el amor) es entregar la vida entera a una persona a la que ames y en la que confíes, que va a estar contigo en las buenas y en las malas".

No puede ocultar sus nervios y su incomodidad al hablar de una relación homosexual; entrelaza sus dedos, se frota las manos, intenta perder su mirada más allá de los muros, muerde sus labios. Dice que no podría establecer una relación afectiva con otra interna, "porque no es lo mismo que con un hombre, yo lo siento así".

Extraña a su marido, dice que lo necesita. Un abrazo, una caricia, un beso, charlar. Y aunque no quiere estar con otra persona acepta que necesita afecto. Para ella su único escape cuando la libido sube, son sus fantasías. "Me pongo a recordar, recuerdo los momentos que viví con mi marido".

Las mujeres presas sufren de abandono y olvido. Las cifras muestran que de mil 483 reclusas de Santa Martha sólo 79 cuentan con visita íntima externa y 92 están inscritas en el programa interreclusorios. Mientras, en el centro de readaptación de Tepepan, de 139 internas sólo nueve acceden a la visita íntima proveniente de otros reclusorios.

Elena Azaola, académica del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social y autora de libros como El delito de ser mujer y Las mujeres olvidadas, señala que el hecho de que los hombres no visiten a sus parejas cuando son recluidas en centros de readaptación social se debe a un asunto de género.

"Los hombres no están dispuestos a sostener una pareja en esas condiciones". Asegura que ante esa carencia de afecto, en los penales se propician las relaciones con personas del mismo sexo; "esas relaciones (entre mujeres) son su única alternativa".

Alejandra conoció el amor en el penal; hace dos años ocho meses mantiene relación con otra interna. Ella está sentenciada a 10 años de prisión, por delitos contra la salud, y le faltan tres y medio para cumplir su pena.

Refiere que al principio su esposo -aunque estaban separados- la veía y procuraba, sin embargo hace un año que no lo ve. A pesar de que la visitaba, no tuvieron intimidad sexual.

"Hace demasiada falta el cariño, el amor. La soledad te hace buscar pareja aquí; ella es mi apoyo. Buscas quien te dé un abrazo y un poco de cariño. Estar con ella es lo que me hace seguir adelante y soportar la vida aquí".

Sus objetivos son salir libre y dejar las drogas. Ella me ayuda a subir mi autoestima, ahora ya tengo un porqué y también una vida sexual placentera". No le convence la visita íntima interreclusorios. "Si no conozco a la persona no se me da, no puedo enamorarme por carta o por teléfono", afirma.

La directora del penal femenil de Santa Martha Acatitla, Luz Margarita Malo González, explica que el proceso para la visita interreclusorios no es sencillo, ya que se tienen que cumplir una serie de requisitos, entrega de documentación y que el consejo técnico de cada centro apruebe esas asistencias.

Subraya que ese programa intenta dar continuidad a los vínculos familiares, por lo que en su mayoría la visita es solicitada por reclusas que tienen marido o concubino en algún penal de la ciudad. Sin embargo, las visitas de desconocidos y amigos también se dan, como lo confirman las propias reclusas. Ante esto, la directora del penal aduce que es un riesgo.

Marlen es una mujer simpática y extrovertida. Su esposo está internado en otro centro de reclusión; fueron acusados de robo de vehículo.

Los lunes son sus días de amor. Desde las 10 de la mañana hasta el martes por la madrugada está con él, conviven, hablan, se besan, se disfrutan, se aman; "sales de lo rutinario".

Indica que el área para mantener relaciones sexuales no es nada inspiradora: "son cuatro paredes pintadas de blanco, una cama de cemento con una colchoneta, un baño con regadera y una pequeña ventana por la que entra muy poca luz. Sólo es alentador porque estás con tu pareja, pero el lugar no es nada agradable". Para Marlen visitar a su pareja es gratificante. "Ir a verlo me ayuda, es muy motivante, porque estar aquí es muy pesado".

 
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