Usted está aquí: sábado 8 de octubre de 2005 Cultura ¿Vivaldi en blues?

¿Vivaldi en blues?

Y a propósito de la obra más celebrada de Antonio Vivaldi (1678-1941), Las cuatro estaciones, prácticamente no hay violinista célebre que no las haya registrado en disco. Cada quien puede preferir la de su violinista predilecto y existen versiones inconmensurables como las de Gidon Kremer, Ricardo Accardo y la celebridad violinística que usted guste y mande.

En los anaqueles de novedades esplende la más reciente grabación asequible, la del violinista inglés Nigel Kennedy, quien ya la había grabado antes pero ahora con una fuerza voltaica, electrificante que pone la piel chinita a los escuchas. Hace sonar esta obra tan conocida por todos como si fuera nueva, un Vivaldi de nuestros días. Es tal el efecto deslumbrante de esta nueva versión que sin exagerar uno parece estar escuchando a Eric Clapton, Jimi Hendrix, Jeff Beck, Keith Richards o a algún otro de los grandes guitarristas de blues contemporáneos. Asombroso.

Por supuesto que Nigel Kennedy es un violinista muy controvertido y en eso radica también su encanto. Es una especie de David Bowie de la música de concierto por su excentricidad y su capacidad camaleónica y de hacer música para camaleones. En la novela de Vikram Seth, titulada Una música constante (que recomendamos aquí de nuevo, editada por Anagrama), se hace una referencia irónica a Kennedy por su carácter excéntrico y su pinta de superstar.

Lo cierto es que su sonido es impresionante y en esta nueva grabación, donde aparece en la portada como un músico punk, hace sonar a Vivaldi de manera alucinógena, con sus conocidas audacias en improvisaciones, cadenzi improvisadas e inclusive efectos de slide similares a los que producen los guitarristas de blues cuando se ponen un tubito en el dedo anular. Un alucín.

 
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