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Entrevista a BERNARDO SEPULVEDA, JUEZ ELECTO DE LA CORTE INTERNACIONAL DE JUSTICIA

La Haya no puede castigar los crímenes de guerra de EU

La denuncia de juristas británicos podría quedar sin respuesta

El ex canciller espera que México tenga los espacios que se merece en el orden internacional y descarta que el no acatamiento de algunos fallos del tribunal pongan en entredicho su función

BLANCHE PETRICH

Ampliar la imagen Bernardo Sepulveda, quien en enero se convertir�n el primer mexicano en integrarse como juez a la instancia de justicia FOTO Archivo La Jornada Foto: Archivo La Jornada

El ex canciller mexicano Bernardo Sepúlveda descarta que la denuncia presentada el año pasado por un grupo de juristas de Gran Bretaña contra Estados Unidos, por crímenes de guerra a raíz de la invasión a Irak, proceda ante la Corte Internacional de Justicia, de la cual será juez a partir de enero. "No tiene jurisdicción en este tipo de cuestiones", señala.

Rechaza también que las barreras legales que Estados Unidos ha levantado para eludir la jurisdicción de la Corte de La Haya y el no acatamiento de algunos de sus fallos pongan en entredicho a la institución penal. Y expresa su confianza en que, "en general", el sistema judicial internacional y sus tribunales arbitrales "funcionan muy bien", aunque admite que "todavía la organización internacional no ha llegado a un grado de perfección que lleve a que todos los estados se sometan a los términos de un sistema legal".

Se le pregunta si la Corte Internacional está en entredicho por el no acatamiento de algunas de sus resoluciones por parte de Estados Unidos.

-No, no está en entredicho. La decisión de la Corte es impecable; quien puede estar en entredicho es el destinatario de la decisión, pero la Corte no.

-Pero si una resolución no se cumple o no se acepta la jurisdicción de la Corte, ¿cuál es entonces su función?

-Yo lo que le diría es que en la enorme mayoría de los casos, la enorme mayoría de los estados cumplen, en la mayoría de las circunstancias, las decisiones de la Corte Internacional de Justicia. Puede haber alguna excepción, pero en conjunto las decisiones de la Corte, de los tribunales arbitrales y del sistema judicial y arbitral internacional funcionan muy bien.

-En las situaciones -excepcionales, como usted dice- de no acatamiento, estamos hablando de Estados Unidos, una potencia, no cualquier país.

-¿Por qué no me da usted como ejemplo, mejor, el del caso Avena, en el que Estados Unidos está cumpliendo íntegramente con la decisión de la Corte?

-Bien, el caso Avena es un caso muy específico. Después de que Estados Unidos acató ese fallo, Washington decidió retirarse del protocolo de la Convención de Viena que regula las controversias diplomáticas, lo que, según algunos organismos de derechos humanos como Human Rights Watch, deja sin efecto la protección consular para casos futuros, es decir, no sienta precedente en Estados Unidos. ¿No es cierto?

-No es correcto eso. En el último párrafo de la decisión de la Corte Internacional de Justicia se señala que esa decisión obliga a todos los estados, es decir, con el ánimo de ya no volver en una tercera ocasión, porque el caso Avena fue un tercer caso idéntico a los dos previos. Para que no se continúe con esa instancia judicial con casos idénticos, la Corte decidió que las obligaciones que imponía el fallo de la Corte Internacional de Justicia se aplicaba a todos los estados. De suerte tal que ya no será una cuestión nada más entre México y Estados Unidos, sino que será una obligación universal que debe ser cumplida por todos los estados.

-Queda la duda del efecto que tiene el hecho de que Estados Unidos se sustraiga de esta ley internacional sobre derechos consulares.

-Todas las obligaciones que emanan de la decisión de la Corte Internacional de Justicia están siendo cumplidas por Estados Unidos. Ya hay seis mexicanos que, o han visto su pena conmutada, o han sido liberados, o han sido trasladados a una institución distinta, que es el caso de un mexicano que tenía una deficiencia mental seria, que se trasladó a un asilo para que ya no estuviera en prisión. Y esperamos que los otros 45 casos sigan una suerte equivalente.

-¿Considera que la Corte de La Haya tiene competencia, o debería tenerla, para juzgar a Estados Unidos por crímenes de guerra cometidos en Irak, conforme a la denuncia interpuesta por juristas internacionales en Gran Bretaña?

-No me parece que resultaría posible que la Corte Internacional de Justicia lo hiciera, porque difícilmente tendría jurisdicción sobre este tipo de cuestiones.

-Respecto a otras resoluciones que no son cumplidas, ¿qué pasa con el fallo que declaró ilegal la construcción del muro en Israel?

-Bueno, ahí la Corte emitió una opinión, que es una cuestión distinta a lo que es un fallo. Es una opinión consultiva que solicita la Asamblea General de Naciones Unidas para determinar la legalidad de la construcción del muro en Israel, y la opinión consultiva tiene estrictamente un carácter recomendatorio. Y éste fue en el sentido de que la construcción del muro era ilegal.

-¿Ha tenido algún efecto esta opinión?

-Debo suponer que se ha detenido el proceso de construcción del muro, pero, insisto, se trata de una mera recomendación y a quien le toca poner en práctica la opinión de la Corte es la Asamblea General y no a la Corte.

-Otro caso de no acatamiento data de los años 80, y usted lo conoció muy de cerca, en los años del conflicto centroamericano: es el de la denuncia de Nicaragua contra Estados Unidos por el sembrado de minas en el puerto de Corinto por parte de la contra, que apoyaba en ese entonces la CIA.

-Sí, se están cumpliendo una serie de principios rectores que estableció la Corte en lo que hace, por ejemplo, a la violación de las obligaciones internacionales relacionadas por la contra, a la determinación del financiamiento y entrenamiento de la contra, una serie de cuestiones que definieron obligaciones jurídicas internacionales, que no pueden ser simplemente demeritadas con decir que no tienen ningún valor. Yo no comparto el punto de vista de no acatamiento. Lo que sí quedó pendiente es el pago de una compensación por parte de Estados Unidos a Nicaragua, que esa parte efectivamente no se cubrió. Pero eso no quiere decir que las decisiones de la Corte no se cumplan. Estamos hablando de una excepción.

"Insisto, la enorme mayoría de los fallos de la Corte son cumplidos y acatados por las partes involucradas en el litigio; ése es el dato real que hay que resaltar."

-En años recientes Estados Unidos ha ido levantando barreras en contra de la jurisdicción internacional, como no suscribir la Corte Penal; la resolución 1487, que obliga a la CPI a abstenerse de investigar acusaciones en contra de ciudadanos estadunidenses, y el mismo ejercicio del veto estadunidense en el Consejo de Seguridad.

-Todavía la organización internacional no ha llegado a un grado de perfección que lleve a que todos los estados se sometan a los términos de un sistema legal. Sigue el principio de la soberanía y ésa es una limitación para muchas de estas cuestiones.

-¿Cree usted que en un futuro la comunidad internacional pueda romper esa especie de blindaje que ha construido Estados Unidos para no ser sujeto del derecho internacional, como cualquier otro país?

-No lo sé, no me atrevo a hacer pronósticos sobre el particular, porque, por cierto, no es sólo Estados Unidos quien ejerce estas facultades soberanas. Son muchos estados, países en desarrollo, países industrializados, que en función de ese concepto emanado de la soberanía del Estado toman sus determinaciones. Todavía no evoluciona el sistema a grado tal que se le puedan imponer coercitivamente las obligaciones internacionales.

-¿Afecta a la Corte de La Haya el que Estados Unidos no firme y rechace la Corte Penal Internacional?

-No tiene ninguna vinculación. La Corte Internacional de Justicia seguirá funcionando perfectamente bien, y por cierto espero que la Corte Penal también.

-México estuvo ausente más de 30 años de la Corte Internacional de Justicia. ¿Hubo alguna razón política para no participar?

-No, obedecía simplemente a que los posibles candidatos por distintas circunstancias no se encontraban en posibilidad de aceptar por razones personales, familiares. Estoy seguro de que el Estado mexicano hubiera querido encontrar un jurista con los méritos suficientes que estuviera en posibilidades de ser electo juez. Pero no se dieron esas circunstancias.

-¿Sirve ahora al país participar en la Corte?

-Tengo la esperanza de que sí. Le da prestigio y un lugar especial en el sistema penal internacional.

-Un contrapeso al desprestigio que sufre ahora la política exterior mexicana, supongo.

-Esperemos que efectivamente haga que México tenga los espacios que se merece en el orden internacional.

 
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