Usted está aquí: domingo 27 de noviembre de 2005 Opinión Directores de la muestra (2)

Carlos Bonfil

Directores de la muestra (2)

Ampliar la imagen Una escena de la cinta 5x2 de Fran�ois Ozon

Retrato del adolescente como un intelectual frustrado. A los 16 años, Walt Berkman (Jesse Eisenberg) debe asistir al desmoronamiento de lo que él considera una familia perfecta. Sus padres se divorcian y con ello se quiebra la armonía de un hogar donde los libros lo son prácticamente todo. Padre y madre poseen doctorados en literatura: ella, Joan (Laura Linney), es una novelista exitosa; él, Bernard (Jeff Daniels), un escritor incomprendido. Ambos exhiben cierta debilidad por el placer adúltero, pero sólo Joan rechaza la simulación y toma un amante fijo -uno más en una larga lista de ligues. En el hogar de los Berkman se discutían hasta hace poco las virtudes literarias de Dickens; en un momento el lenguaje ha cambiado, y el divorcio, los pleitos conyugales, la custodia de los menores, y el recuento de las infidelidades, son ya los únicos ingredientes en la educación sentimental de sus hijos. Walt se refugia en la defensa obcecada de su padre y en los libros que comenta sin convicción; Frank, su hermano de 12 años, en la masturbación compulsiva y en esa rúbrica pegajosa con que embadurna los libros de la biblioteca escolar. Esto es en resumen Historias de familia (The squid and the whale), el cuarto largometraje de Noah Baumbach, ambientado en Brooklyn, con referencias a la Nueva Ola francesa (Eustache, Godard; La mamá y la puta, Sin aliento), una realización inquieta, cámara en mano, 16 milímetros, y algo de esa sátira social, a lo Todd Solondz (Felicidad), donde la procacidad verbal triunfa sobre la solemnidad académica.

Una y otra vez el joven realizador neoyorkino disecciona los juegos de simulación de la familia Berkman: la impostura de Walt, quien toma la letra de una melodía de Pink Floyd (Hey you), haciéndola pasar por composición propia en un concurso escolar ("Coincido con ella, luego es mía"), los engaños repetidos de Joan que socavan irremediablemente la autoestima de su marido; la propia vanidad intelectual de Bernard, tan inútil ante el derrumbe de su vida afectiva, y el comentario, un tanto cínico, del casi niño Frank valorando a su madre sentimentalmente rejuvenecida ("Eres fea"). Con todo ese humor cáustico, Historias de familia es a final de cuentas una comedia melancólica, una reflexión sobre el desencuentro generacional y las fracturas sentimentales, en la que sobresalen las actuaciones, estupendamente calibradas, de sus cuatro protagonistas.

En otra cinta de la Muestra, 5 x 2, de François Ozon (Comedia de familia, 8 mujeres), el divorcio es el punto de partida de una historia narrada en una cronología inversa, desde su aparente conclusión hasta los inicios de un romance. Cinco episodios de una relación amorosa en la vida de dos personajes. Marion (estupenda Valeria Bruni-Tedeschi) y Gilles (Stéphane Freiss), parisinos de clase media, se enfrentan al colapso de su relación y a su reparación imposible. Su último encuentro sexual, coito de despedida, muestra a Ozon en su mejor forma, próximo a la crueldad del Fassbinder que inspirara otro filme suyo, Gotas de agua sobre piedras ardientes. Vienen luego, siempre en retrospectiva, cuatro momentos de una notable variedad estilística. Una discusión con una pareja homosexual, durante una cena, donde el hermano de Gilles, enamorado de alguien más joven, acepta con resignación los costos de su forzado liberalismo amoroso. La confrontación de las dos parejas, una heterosexual, la otra gay, tienen una constatación común, y un tanto amarga: la imposibilidad de la plenitud amorosa. En otro episodio, el de la noche de bodas, la ironía del cineasta alcanza su punto más alto cuando un encuentro azaroso en la vida de Marion ofrece al espectador un ángulo distinto de todo lo que condujo al desenlace conocido. Ozon maneja su narración como una caprichosa mano de naipes, ordena a su antojo las situaciones con personajes comodines que anuncian, aplazan o precipitan el drama de la pareja. La música juega un papel primordial en la narración y tono de la cinta: las baladas italianas de los años 60 parodian los dramas de la incomunicación de la pareja en el cine de Antonioni (La noche) o Fellini (Ocho y medio), al tiempo que son un guiño familiar para los seguidores del realizador francés. Brillante en sus escenas de sadismo conyugal, 5 x 2 pierde vigor dramático en su evocación del flirteo inicial de la pareja. Una cinta notable, Bajo la arena, tal vez la mejor del director, procedía de modo similar a 5 x 2: la desaparición del esposo de la protagonista era el punto de partida de un intento estéril por recuperar la felicidad perdida, ya por la añoranza doliente, ya por el esclarecimiento de un misterio. La nueva cinta de Ozon insiste en el tema de la pareja amorosa y sus múltiples desencuentros, pero el artificio narrativo ensayado le resta fuerza a su propuesta. Basta ver de nuevo Blanco, de Kieslowski, para apreciar la intensidad y sutileza que puede alcanzar un tratamiento parecido.

Historias de familia y 5x2 se exhiben en la Cineteca Nacional y en Cinemex Masaryk.

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