<<< regresar a la portada

coda
28 de noviembre de 2005
Víctor M. Godínez

AHORA LOS COCHES CHINOS

Prácticamente en todo el mundo lo normal en los años recientes es comprar y consumir artículos manufacturados en China. Casi siempre se trata de productos ligeros de consumo: juguetes, textiles, vestimenta, paraguas, electrodomésticos y una larga lista de bienes similares. Ahora los exportadores chinos han empezado a incursionar en sectores de mayor calado. Es el caso de la industria automotriz.

La industria china del automóvil es una actividad naciente. Se prevé que en 2006 producirá 6 millones y medio de unidades, incluyendo camiones y equipo de transporte. Con ello desplazará a Alemania como el tercer mayor productor de vehículos en el mundo.

Si bien el destino de la mayor parte de estas unidades de transporte será el propio mercado chino, una porción creciente de la producción se está destinando desde un inicio a los grandes mercados de masa del mundo occidental. Las expectativas de hacerlo de manera competitiva son, por supuesto, muy elevadas. Basten dos ejemplos.

La firma Hebei Zhongxing se encuentra en negociaciones con Mel Repton Honda, de California, para introducir sus camiones ligeros a un costo de 10 mil dólares, la mitad de lo que cuesta la unidad equivalente más barata en el mercado estadunidense. Esta empresa ya exporta camiones a Rusia y varios países asiáticos y africanos. Por su parte, la empresa Chery, que cuenta con apoyo financiero estatal, planea colocar unos 250 mil automóviles en Estados Unidos a partir de 2007.

La entrada de China en el mercado mundial del automóvil se ve con preocupación en los antiguos centros productores de Detroit, pero también en los de Europa y Japón. Ocurre además en una época de restructuraciones de esta industria en Occidente, y en particular en Estados Unidos.

A la luz de lo ocurrido en el mercado mundial de la electrónica y los textiles, el fondo de tal preocupación es obvio, y se reduce a un solo factor: costos salariales. Incluyendo beneficios sociales, el costo salarial promedio por trabajador asciende a 65 dólares la hora en General Motors, Ford y Daimler Chrysler. Esta cantidad multiplica por 50 lo que percibe en China un trabajador típico en esta misma industria.

Hay quienes todavía creen en la guerra de trincheras. En la industria del automóvil son aquellos que en Estados Unidos y Europa creen que las altas exigencias de seguridad, calidad y conservación ambiental de los países industrializados operarán como barreras a la entrada de los vehículos chinos. Según ellos, pasarán algunos años antes de que éstos cumplan adecuadamente con las normas y, por tanto, para que signifiquen un real desafío competitivo. Es muy probable que se equivoquen y estén subestimando la destreza comercial de las empresas chinas, apuntalada en la experiencia acumulada durante varios años en los numerosos sectores del mercado mundial en los que han incursionado con éxito avasallador.

La incorporación de China al mercado del automóvil es una vuelta más en la tuerca de la restructuración productiva y comercial en el mundo, cuyas consecuencias de largo plazo transformarán de manera radical la posición y la jerarquía de los países en la economía del siglo xxi. Es éste un proceso en el que, para quedar del lado de los ganadores, se necesita bastante más que fe ciega en los dogmas del libre comercio y la liberalización a ultranza. Lo que se necesitan son acciones estratégicas, anudadas en alianzas sociales y consensos políticos sólidos. Alianzas y consensos innovadores para el crecimiento y el desarrollo. ¿Qué proponen al respecto los candidatos a la Presidencia, además de ambicionar el poder? §

<<< regresar a la portada