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Los productos ayudarían a combatir el hambre en el mundo, asegura investigador

Cuba prepara el lanzamiento al mercado de alimentos transgénicos

REUTERS

La Habana, 2 de diciembre. Dispone de arroz, boniatos, maíz y tomates transgénicos en fase de estudio que pueden llegar al mercado dentro de tres años y cuyas licencias serían regaladas en países pobres para combatir el hambre, dijo el jueves uno de los máximos científicos de la isla.

"Espero, sueño, que en el correr de los próximos tres o cuatro años nuestros transgénicos cumplan con todos los requisitos (de bioseguridad) y puedan ser comercializados", dijo Carlos Borroto, vicedirector del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de Cuba.

Entre los transgénicos más avanzados hay variedades de maíz y boniatos resistentes a los insectos; arroz inmune a los hongos, y tomates que no les afectan los virus, explicó el científico durante un Congreso Internacional de Biotecnología realizado esta semana en La Habana.

En los laboratorios cubanos crecen también papas, plátanos, papayas y hasta piñas genéticamente modificadas. Borroto dijo que todos los transgénicos cubanos están en fase de estudio de campo y ninguno salió todavía al mercado.

"La filosofía en general del país es poder compartir estos resultados. Las plantas transgénicas que estamos procesando son, principalmente, para dar gratuitamente a los agricultores", añadió.

Cuba exporta 300 millones de dólares anuales en fármacos y tiene una potente industria biotecnológica que ha producido innovadoras vacunas contra la meningitis y la hepatitis B.

Los medicamentos cubanos son exportados a unos 30 países en vías de desarrollo, a veces sin cobrarles las patentes.

Científicos de unos 30 países discutieron el jueves en el Congreso de Biotecnología de La Habana los riesgos de los cultivos transgénicos. Todos estuvieron de acuerdo en aplicar la regulación más estricta posible.

Cuba dijo que si los organismos genéticamente modificados demuestran no ser nocivos para la salud podrían ayudar a solucionar el hambre en el mundo, un problema que según Naciones Unidas afecta a más de 850 millones de personas.

"El problema del hambre no se va a resolver sólo con los transgénicos, pero seguramente podría ayudar", dijo Teresa Esteve, del Instituto de Biología Molecular de Barcelona.

La científica catalana dijo, por ejemplo, que introducir la vitamina A en el arroz permitiría balancear la nutrición en países donde la dieta se basa en dicho grano.

Según datos divulgados en el congreso, el cultivo mundial de transgénicos creció exponencialmente en la década pasada, saltando de 1.7 millones de hectáreas en 1996 a 81 millones en 2004.

Ambientalistas y organizaciones campesinas se oponen al uso de los transgénicos por considerarlos productos inseguros que amenazan la salud y la cultura de los pueblos.

Para Borroto, del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, el verdadero problema de los transgénicos es que tanto la tecnología como los derechos de uso están monopolizados por la compañía estadunidense Monsanto.

"El peor daño lo han hecho las grandes compañías. Es muy riesgoso tener más del 80 por ciento de los transgénicos en manos de una sola empresa", dijo.

 
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