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CUERPOS EN REPOSO 19 de diciembre de 2005
La manera de usar el tiempo del ocio ha tenido cambios acelerados en poco tiempo. El paso de los días de campo de antaño a los centros comerciales que hoy ofrecen toda suerte de opciones de entretenimiento ha ido tejiendo una red de que mueve millones y millones de pesos cada año.

Ricardo Blanco Velázquez

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El diccionario lo define como "tiempo libre, fuera de las ocupaciones y obligaciones habituales". No es aventurado afirmar que todo mundo puede disfrutar de un momento de ocio. La complicación inicia cuando se busca la manera de ocupar ese rato. Tan complicado puede ser, que ese tiempo libre puede pasar antes de saber la mejor forma de aprovecharlo.

Aquí, algunos números. Claro, sólo para pasar el tiempo.

La última Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto en los Hogares 2004 informa que las familias mexicanas destinan 75 mil 166 millones de pesos trimestrales al esparcimiento, incluyendo paseos y compra de artículos para fiestas.

Es un dato inicial, pero el juego de los números puede seguir.

Primero un vistazo a la industria del entretenimiento. Se puede dividir en entretenimiento fuera de casa: ir al cine, a un salón de baile ­actividad por desgracia cada vez menos frecuente­, a un antro, a la feria, a presenciar algún deporte en un estadio o espectáculos en vivo. Y el complemento es lo que las personas hacen dentro de casa, supongamos que es algo diferente a lo que está imaginando, es decir, jugar con videos, ver películas o televisión, navegar por la Internet, escuchar la radio o leer un libro.

4-5estabLa parte más jugosa en términos económicos estriba en el entretenimiento fuera de casa. Una empresa como Corporación Interamericana de Entretenimiento (CIE), que administra centros de espectáculos, organiza conciertos y exhibiciones deportivas, maneja centros temáticos o parques de diversiones, facturó en los primeros nueve meses de este año 6 mil 273 millones de pesos. Otra compañía, Grupo Ece, tuvo ventas por más de mil 100 millones de pesos. Y se trata de sólo dos empresas, ambas con acciones en la Bolsa Mexicana de Valores.

Es difícil calcular el valor del negocio del entretenimiento en México, aunque algunas cifras pueden aventurarse si se habla con participantes del sector. Hace unas semanas se celebró el primer foro Reflexión sobre el espectáculo que, como no podía ser de otra manera, sirvió de marco para el juego de los números.

Según publicaciones especializadas, alrededor de la industria del entretenimiento se mueven unos 550 mil millones de pesos al año, casi 7 por ciento del producto interno bruto (PIB). La cifra comprende todo tipo de actos, producciones de cine, televisión y radio, así como el comercio exterior de series, telenovelas y competiciones deportivas originadas en territorio nacional.

OCIO FRUSTRADO

Entrevista con el doctor Arturo Ortiz, de la Dirección de Investigaciones Epidemiológicas y Psicosociales del Instituto Nacional de Psiquiatría.

 

P. ¿Por qué la gente en sus horas libres prefiere acudir a una plurifuncional zona comercial que irse de día de campo, como hasta hace algunos años?

R. Con los años, el aprovechamiento del ocio entre la gente se ha tergiversado por una fuerte influencia de los medios de información masiva, que han consolidado entre los consumidores la brecha emocional individual de lo que se desearía ser y lo que se es, sin importar la edad. Esa es la razón primordial por la que familias enteras acuden a centros comerciales para adquirir lo que pueden y desear lo que carecen.

P. ¿La frustración como estado emocional es factor primordial para que la gente realice el mínimo esfuerzo en el aprovechamiento de sus horas libres junto con su familia?

R. Desde luego. En la actualidad las personas frustradas ­la mayoría de las veces los padres­ se identifican como obstáculos para que los demás integrantes de la familia se diviertan sanamente. Por ejemplo, estos potenciales pacientes prefieren caminar "sin rumbo" en un moderno centro comercial, que gastar energías durante un día de campo, donde cada persona obtiene "ganancias emocionales" al estar en contacto con la naturaleza.

P. ¿El factor económico contribuye para el aprovechamiento del ocio?

R.Por supuesto, pero la depresión de las personas frustradas que no desean hacer ningún esfuerzo para beneficio familiar es más fuerte. Esta gente prefiere "perder el tiempo" en una zona comercial que ofrece diversión pasiva ­juegos electrónicos, cine, etcétera­ y alimentación chatarra, a cualquier actividad física con su familia en campo abierto§

RBV

El Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) estima que en la industria del entretenimiento trabajan casi 2 millones de personas, 4.6 por ciento de la población económicamente activa.

Para asomar la cabeza en esta actividad económica puede partirse de la base de que la gente, en general, dispone de tiempo libre. Si una persona duerme ocho horas, emplea en traslados otras dos y trabaja ocho más, resulta que al menos tiene seis horas diarias para pensar en algo que no sea el trabajo. Claro que hay que hacer ajustes a este cálculo, como el trabajo en el hogar, que desarrollan principalmente las mujeres. A eso se puede agregar el espacio más prolongado de tiempo de los fines de semana.

Así como CIE o Grupo Ece manejan una porción mayor del entretenimiento, existen otros campos. No por menos llamativos son poca cosa. La asistencia a conciertos, parques temáticos, competencias deportivas ­como las carreras de autos, operdas por CIE­ no son en general de "precios populares", como se dice en el ambiente. Este tipo de espectáculos queda circunscrito a las ciudades grandes y medias, y está dirigido a las clases medias que pueden pagar más de 250 pesos por boleto.

En este mismo campo están los conciertos populares. En este ámbito son las ciudades conurbadas el objetivo. Grupos de música popular, o gruperos, ofrecen presentaciones para 40 mil o 50 mil personas que se reúnen en gimnasios municipales o terrenos gestionados por autoridades locales. En estos casos, los eventos se concentran en los fines de semana, viernes o sábado, a precios que van de 100 a 150 pesos por persona.

Un tercer gran campo es menos visible, aunque se prevé que crecerá fuerte. Se trata de los centros de juego y apuestas. No hay información oficial precisa sobre cuántos son. Datos de la Secretaría de Gobernación no definitivos permiten ubicar entre mil 800 y 2 mil su número. Este universo irá en aumento. Antes de dejar la Secretría de Gobernación, Santiago Creel otorgó varios permisos a empresas como Grupo Televisa, a un socio de Televisión Azteca y al Grupo Angeles, de Olegario Vázquez Raña.

Tiene sentido que haya televisoras metidas en este negocio. En España, sede de empresas que se asociarán con las firmas mexicanas favorecidas con los permisos, es cada vez mayor la relación entre televisión y apuestas o juegos y sorteos. Las nuevas tecnologías digitales permitirán a las televisoras ampliar este espectro. Hoy una persona puede jugar en un concurso de un canal de televisión con sólo marcar un número telefónico. De ahí a las apuestas hay un pequeño paso.

Las formas de esparcimiento se enfocan cada vez más hacia los locales cerrados, al menos en las ciudades. Los grandes centros comerciales, tanto en la capital del país como en otros centros urbanos, ofrecen opciones para que una familia pueda pasar todo un día: comer, ir al cine, jugar un poco con la suerte, hacer las compras de la semana, tomar un café e incluso ejercitarse en un gimnasio. Una modalidad cada vez más aceptada es la incorporación de centros de entretenimiento para niños.

Los tiempos cambian y con ello el concepto de ocio. Hace algunos años era impensable que una persona buscara relajarse conectada a la computadora. Las ferias o circos que nutrieron la imaginación de varias generaciones han cedido terreno a la sala de videojuegos o los cines multisalas. Las fuentes de sodas y cafeterías de antes escasean, pero se multiplican las franquicias. ¿Alguien ha probado un smoothie de café? Es que ha cambiado el concepto de ocio y la forma en que la gente lo asume. Lo que antes era sólo entretenimiento hoy es negocio multimillonario §

UNA MIRADA AL DESEO

Existen dos opciones para los que gustan de arriesgar su dinero en México: apostar en espectáculos deportivos como boxeo, futbol soccer y americano, basket, beisbol, así como carreras hípicas y de automóviles; la otra es participar en juegos como el bingo, que se practica en Estados Unidos.

En el primer caso, se trata de sitios llamados sports book, donde los asistentes pueden apostar en distintas competencias deportivas reproducidas en vivo vía satélite en televisores instalados en el lugar. Estos centros operan con máquinas expendedoras de boletos, conectadas a un sistema central de cómputo, el cual registra y controla las apuestas. Cuando el resultado del acto es declarado oficial, los clientes pueden cobrar sus ganancias, las cuales dependen del dinero reunido donde decidieron jugar. El Grupo Caliente, de Jorge Hank Rohn, domina este mercado en el país, con 79 establecimientos.

La segunda modalidad son los yak. En estos lugares se practica un juego similar a la lotería pero en lugar de figuras se utilizan números; mientras un "anunciador" los va sacando de una urna, los participantes deben intentar completar un cartón con 15 cifras. Hay dos formas de ganar en este juego, una es cuando se completa una línea horizontal del cartón, que tiene cinco números; la otra es cuando se logra tener los 15 números. El premio es un fondo que se forma con un porcentaje de la venta de los cartones de cada partida. En caso de que no haya triunfador, el monto se reserva para el siguiente juego, que dura un promedio de cinco minutos. El mayor premio acumulado se entregó en agosto pasado y fue de 2 millones 117 mil 23 pesos. En estos sitios también hay máquinas similares a las de los casinos de Las Vegas, y un book. Los yak, con 20 centros de apuestas, son administrados por CIE §

Karla Torrijos


¿ADONDE VAMOS?

La gran variedad de diversiones y espectáculos con diferentes costos como el cine, futbol, billar, boliche, teatro, antros, televisión de paga, así como funciones culturales forman el abanico del entretenimiento para los capitalinos. La diversión, hay que decirlo, depende de la cantidad de dinero disponible.

Una familia de cuatro miembros ­media nacional­ tiene pocas alternativas para aprovechar el ocio mediante la diversión de paga si percibe el ingreso promedio nacional de tres salarios mínimos, poco menos de 150 pesos diarios. Una entrada al cine cuesta 35 pesos por persona. ¿Y qué es el cine sin palomitas y refresco? La Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica espera cerrar 2005 con 164 millones de entradas vendidas.

Están también los espectáculos al aire libre, algunos de ellos promovidos por los gobiernos estatales, así como funciones gratuitas del Palacio de las Bellas Artes, el Instituto Nacional de Antropología e Historia y otras instituciones.

Una más: alquilar una película. En un videoclub cuestan 35 pesos por 24 horas. Estos establecimientos están acorralados por la piratería: en casi cualquier ciudad se pueden conseguir películas de estreno, con aceptable calidad de reproducción, por 15 pesos.

Existen espectáculos nocturnos como recitales, obras de teatro o shows cómico-musicales en establecimientos comerciales, y otros más en hoteles de mediano y alto turismo que en la capital rebasan el centenar en su tipo. Para un grupo de cuatro personas que acude, por ejemplo, a un hotel a escuchar una variedad, la factura puede llegar a 10 mil pesos, por espectáculo, cena y bebidas.

Los museos con diversos tipos de acervo y tarifas accesibles a todo público, son otra opción para miles de visitantes de fin de semana a escala nacional.

Según el último registro del INEGI, existen 582 museos; 173 zonas arqueológicas y 118 monumentos históricos, además de otros 500 recintos de exhibición bajo la jurisdicción del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes §

RBV


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