Usted está aquí: martes 20 de diciembre de 2005 Política ASTILLERO

ASTILLERO

Julio Hernández López

Pederastia

Acallar al periodismo

Marrulería para amenazar

EL EJERCICIO PERIODISTICO de denuncia documentada vive bajo un acoso institucional que no sólo es tolerado sino, sobre todo, promovido desde los más altos niveles del poder político (presidencias municipales, gobernadores, Presidencia de la República, primerísimas faldas conyugales).

ESTE VIERNES PASADO fue elevada la gradación represiva de esa maquinaria institucional cuando la periodista Lydia Cacho Ribeiro fue detenida en Cancún, a las puertas del Centro Integral de Apoyo para las Mujeres que ella fundó. La manera en que se cumplió una orden de aprehensión girada en Puebla, el ambiente intencional de amenazas policiales y el manejo experto de tiempos y de marrullerías legaloides (el clásico sabadazo que amenazaban con convertir en diciembrazo) muestran sin duda que a Cacho Ribeiro se le ha querido castigar por el análisis y denuncia de casos de pederastia que han sido publicados por Editorial Grijalvo bajo el título de Los demonios del Edén, el poder que protege a la pornografía infantil. El denunciante explícito contra la periodista, por supuestas calumnias y difamación, es el llamado Rey de la Mezclilla, Camel Nacif Borge, pero en el fondo se trata de una maniobra que pretende dejar a salvo de castigo legal al principal delincuente sexual contra menores en Cancún, Jean Succar Kuri, detenido en Arizona y sujeto a proceso de extradición a México (limpiar el expediente de Succar Kuri equivaldría a la exoneración que el sobrino pródigo, Enrique Peña Nieto, hizo de su tío inmobiliario, Arturo Montiel: comprando o amenazando víctimas y testigos de las andanzas pornográficas de elite en Cancún, y convirtiendo a una periodista valiente en una voz jurídicamente declarada mentirosa, el mencionado Succar Kuri y sus amigos, como el empresario textil Nacif Borge, podrán seguir disfrutando en paz de esta justicia mexicana tan comprable).

NO SE TRATA, desde luego, de pretender que el ejercicio periodístico deba estar exento de indagaciones judiciales y de sus correspondientes castigos en caso de mendacidad. Pero en el caso de Lydia se trata de una persecución para intimidar. En primer lugar, le fue fabricada una orden de arresto, haciendo creer que la periodista se negaba a atender citatorios de una juez poblana que ella nunca recibió. Luego, a bordo de dos vehículos con cinco policías de la entidad gobernada por Mario Marín, más otros tres automóviles de agentes de Quintana Roo, se cumplió con ese arresto que en 20 minutos consiguió la autorización de la procuraduría local para sacar del estado a la periodista. Dato curioso es el de los miembros de la Agencia Federal de Investigación (AFI) que custodian a Lydia a causa de las amenazas de muerte que ha recibido: "Se hizo la estrategia para deshacerse de la custodia de agentes de la AFI", explica Cacho Ribeiro, pues "en el momento en que me aprehendieron, los agentes de la AFI no estaban conmigo, pero llegaron tras de mí a la procuraduría estatal de Cancún. Los judiciales poblanos aseguraron a los agentes federales que podrían acompañarme en el recorrido por carretera a Puebla. Pero tan pronto hicieron su gestión, me sacaron por la puerta trasera, engañándome y (...) dándose a la fuga para tomar la carretera". No le permitieron hacer llamadas telefónicas ni entrar en contacto con su abogado; a pesar de estar en proceso de recuperación de una neumonía la obligaron a hacer un viaje de mil 500 kilómetros sin más ropa que la que llevaba puesta en Cancún y sin medicamento alguno.

"Las primeras horas en la carretera -narra la escritora- me hicieron sentir que el secuestro podría terminar en algo peor. Trato hostil, groserías. Entre ellos comenzaron a conversar las ocasiones en que habían muerto otros prisioneros. Habían leído historias sobre mí en Internet y hacían referencia a un 'tipo de Torreón que me quería matar. Me aseguraron que querían pasar a ver el mar en la noche; me preguntaron si sabía nadar, y uno de ellos habló sobre 'la gente que se ahoga'. Me preguntaron por mi libro 'sobre un pederasta' y hablaron sobre cómo en las cárceles se viola a los que se meten 'en eso'."

LA PERIODISTA QUEDO libre el sábado reciente, a las tres de la tarde, mediante el pago de una fianza de 70 mil pesos ("hasta el último momento fui advertida de que el trámite no podría terminarse a tiempo; los bancos cierran en sábado a las 2 de la tarde y no me sacaban de la cárcel para declarar ante la juez, pues estaban haciendo tiempo, y decían que me tendría que quedar hasta el 2 de enero").

El 18 de mayo de este año, entrevistada por Karina Avilés, Lydia Cacho contestaba a la pregunta de quiénes están involucrados en las redes de pederastia de Cancún: "Está José Camel Nacif, El Rey de la Mezclilla, es clarísimo que participó. Miguel Angel Yunes Linares, un gran amigo de Succar Kuri... Cuando (Yunes) se presenta a declarar en la PGR, niega conocer a Succar Kuri, pero tenemos una veintena de testigos y fotografías de un periódico en Cancún en las que está el yate de Yunes, el cual encalló en la playa de Sol y Mar (sitio donde están las villas de Succar Kuri)". Además "tenemos testimonios de las niñas que nos dicen que Yunes iba muy seguido a casa de Succar. Inclusive iba con su pareja y con las hijas de su pareja". Con "un pederasta confeso, grabaciones, fotografías de los menores, videos, páginas de Internet en las que se vendían las fotos y se ofrecían niños para tener sexo, también hay un empresario, Succar Kuri, que 'le dice a toda la gente cercana a él, incluida la gente de la Procuraduría: mira, a mí no me pueden tocar, porque mis socios son Miguel Angel Yunes, Emilio Gamboa Patrón y Camel Nacif".

EL PRESIDENTE DE MÉXICO, mientras tanto, enviaba ayer tarjetitas electrónicas de felicitación a periodistas, con niñas indígenas acompañadas de una tierna frase: "Esta es la época de regalos, y no hay regalo más grande que el orgullo de ser mexicanos". ¡Hasta mañana, esperando ver a Luis Ernesto Derbez en su nueva obra migratoria: Las mancas del chaleco tonto!

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