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Alejandro Nadal

El sapo dorado y la curva de Kuznets

Hace cincuenta años el economista Simon Kuznets formuló una hipótesis relacionando el crecimiento y la distribución del ingreso. Según su conjetura, en las fases iniciales del crecimiento económico se intensifica la concentración del ingreso, pero ésta disminuye a medida que continúa la expansión. Eso se debería a que al inicio habría la necesidad de realizar grandes inversiones en infraestructura y en bienes de capital. Al continuar el crecimiento, la generación de empleo y los aumentos en la productividad conducirían a salarios más elevados y a una mejor distribución del ingreso.

Cuatro décadas más tarde, varios autores sugirieron que existía una relación análoga entre deterioro ambiental y crecimiento. Sus conclusiones fueron promovidas por el Banco Mundial y los entusiastas del TLCAN. La idea era sencilla. Al crecer el ingreso per cápita, el deterioro ambiental podría empeorar; pero a medida que continuara el crecimiento económico, el deterioro ambiental se reduciría y hasta se revertiría. Así nació la idea de que existe una curva ambiental de Kuznets en forma de U invertida. A partir de un umbral en el ingreso per cápita (ubicado en 5 mil dólares anuales), el deterioro ambiental se detiene y comenzaría a reducirse.

Esto sucedería porque hay una transformación estructural: primero, la agricultura es remplazada por la industria pesada intensiva en emisiones contaminantes; posteriormente esta industria es remplazada por la de alta intensidad tecnológica. El cambio técnico asociado a este proceso resulta en menos contaminación y deterioro ambiental. Además, al aumentar su ingreso per cápita, los habitantes de un país demandarían un medio ambiente de mejor calidad, poniendo un alto al deterioro ambiental. Desgraciadamente las cosas no son tan sencillas.

El primer problema es que el medio ambiente tiene muchas dimensiones. Puede ser que exista una curva ambiental de Kuznets (CAK) para algunas emisiones y efluentes. Pero el medio ambiente no se compone nada más de atmósfera y cuerpos de agua. También hay que ver lo que sucede con la erosión de suelos, la tala de bosques o el exceso de esfuerzo pesquero. En algunas dimensiones puede presentarse una mejoría, mientras en otras puede intensificarse el deterioro.

El segundo problema es que el catálogo de contaminantes producidos en una economía pueden ir cambiando a medida que aumenta el ingreso per cápita. La idea de que los contaminantes son eliminados lisa y llanamente es un poco simplista. Esas emisiones pueden ser remplazadas por nuevos agentes químicos que generan nuevos problemas. El "progreso técnico" no necesariamente es una solución; con frecuencia es más parte del problema.

El tercer problema es que un país puede desplazar sus costos ambientales a otras economías a través del comercio internacional y los flujos de inversiones. Para ese país las estadísticas podrían revelar la existencia de una curva de Kuznets, pero sería engañoso. Si los bienes que importa y que consume localmente son más intensivos en emisiones contaminantes, por ejemplo, que los bienes que produce y exporta, ese país tendría una balanza comercial deficitaria desde el punto de vista ambiental. Ese déficit sería financiado con destrucción ambiental en otro espacio económico. Varios estudios demuestran que efectivamente esto ha estado sucediendo durante los últimos treinta años.

Los autores que promueven la idea de la curva ambiental de Kuznets olvidan que el proceso de crecimiento del ingreso per cápita de los países en vías de desarrollo ha sido muy lento en los últimos veinte años. En muchos ha disminuido. Por eso el ingreso per cápita para el cual comenzaría a disminuir el deterioro ambiental es mucho más alto que la media del ingreso per cápita en el mundo. Los países subdesarrollados se habrían estado acercando muy lentamente a la cima de la CAK, es decir, la parte en la que hay mayor degradación ambiental. De hecho, muchos de estos países han permanecido en los alrededores de ese umbral por dos décadas, manteniendo la máxima presión sobre su base de recursos naturales y el medio ambiente.

Pero sin duda el problema más serio es que la CAK descansa en la idea de que los problemas ambientales son reversibles. Se puede crecer para después limpiar la contaminación. Pero si bien algunos estudios demuestran que existe una CAK para la contaminación atmosférica urbana, no pueden hacerlo para la destrucción de la biodiversidad porque la extinción de especies no puede remediarse con un incremento del ingreso per cápita. Aún cuando pueda llevarse a cabo un proceso de reforestación, la extinción de las especies que habitaban el bosque primario no es un proceso reversible. La pérdida de recursos genéticos asociada a la destrucción de un bosque tropical húmedo, por ejemplo, es un quebranto que no tiene reparación, independientemente del nivel de ingreso per cápita que pueda alcanzar una economía.

Habría que preguntarle al sapo dorado (Bufo periglennis) del bosque de niebla de Costa Rica lo que piensa de la curva ambiental de Kuznets. Claro que va a ser difícil sacarle una respuesta porque nadie lo ha vuelto a ver desde 1989.

 
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