Usted está aquí: jueves 5 de enero de 2006 Opinión La hipocresía de EU y la tibieza foxista

Editorial

La hipocresía de EU y la tibieza foxista

Con el telón de fondo del homicidio de un mexicano por un efectivo de la Patrulla Fronteriza estadunidense en la frontera entre Tijuana y San Diego, la Casa Blanca admitió que el sistema de inmigración del país vecino "está roto", y anunció que busca establecer este año una "reforma migratoria integral" que podría incluir, además de medidas represivas y persecutorias adicionales a las ya vigentes, un programa de trabajadores temporales. Desde luego, no hay motivos para creer que las disposiciones unilaterales que se encuentran en estudio en Washington vayan a disminuir en forma significativa los abusos y las agresiones criminales como la sufrida el pasado 30 de diciembre por el connacional asesinado en California. En los cinco años que lleva George W. Bush en la Presidencia, las tradicionales condiciones de violencia, acoso y persecución que sufren los trabajadores mexicanos y latinoamericanos que se internan en territorio estadunidense se han incrementado de manera dramática. A la hostilidad de las agencias federales y estatales contra ellos se han sumado movimientos y organizaciones xenófobas de la propia sociedad, alentadas, en buena medida, por las actitudes paranoicas de la Casa Blanca en materia de seguridad nacional.

Para que pudiera producirse un cambio positivo en la situación de esos trabajadores sería preciso que la clase política estadunidense reconociera la enorme hipocresía que implican las disposiciones antimigrantes en vigor: la economía estadunidense requiere en forma masiva de mano de obra extranjera, la cual constituye un factor indispensable de competitividad y rentabilidad, pero las leyes penalizan a quienes la conforman y criminalizan la migración indocumentada. Esa contradicción, alimentada por el chovinismo electorero y demagógico de los políticos estadunidenses, ha tenido un costo de miles de vidas de migrantes en la última década. Su persecución legal se ha traducido en asesinatos como el perpetrado el viernes 30 de diciembre, ha dado lugar a situaciones de extremado riesgo en los cruces fronterizos y ha generado un empeoramiento general de las de por sí infernales condiciones de vida de las comunidades de trabajadores mexicanos en el país vecino.

En esta circunstancia, el gobierno de nuestro país ha sido incapaz de intervenir de manera eficaz en defensa de la vida, la dignidad y los derechos de los mexicanos que aportan al país el tercer flujo de divisas después de las exportaciones petroleras y la inversión extranjera. La apatía del canciller Luis Ernesto Derbez en la materia ha tenido expresiones tan inaceptables como su aprobación a que los efectivos de la Patrulla Fronteriza disparen balas de goma contra nuestros connacionales. La Presidencia de la República ha cedido a cuantas exigencias le han sido planteadas desde el norte en materia de colaboración para la seguridad estadunidense, pero se ha abstenido de adoptar actitudes firmes ante los atropellos de que son víctimas los mexicanos en el otro lado del río Bravo. El aporte de éstos a la economía es ensalzado en los discursos, pero en los hechos se les deja en la más grave e indignante desprotección. Para colmo, ante la evidencia de que las políticas antimigratorias impuestas por el país vecino van dirigidas contra todos los latinoamericanos, el subsecretario de Relaciones Exteriores, Jorge Chen, descarta de antemano la acción coordinada en la materia con los otros gobiernos del subcontinente.

Nuestro país tiene los elementos necesarios para defender a sus ciudadanos: por ejemplo, condicionar la colaboración nacional en seguridad y combate al narcotráfico a un trato humano y digno a los mexicanos que trabajan del otro lado, así como convocar a las otras naciones en las que se originan flujos migratorios a formar un frente común ante Estados Unidos.

En todo caso, es claro que con el envío de notas diplomáticas a Washington no va a resolverse nada y que si las autoridades nacionales no emprenden acciones enérgicas, concretas y claras para exigir respeto a la vida y la dignidad de los migrantes, muchos mexicanos seguirán muriendo en la frontera. Es tiempo de actuar.

 
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