Usted está aquí: miércoles 11 de enero de 2006 Opinión POESIA PARA LLEVAR

POESIA PARA LLEVAR

Ricardo Yáñez

La rosa y su solombra

LA ESCRITURA, representación del habla, no puede ser que sustituya a ésta. La fijación en escritura del habla es, más propiamente que una fijación, una detención, y una detención que se pretendería no tanto iluminación cuanto detonación -detonación (a partir de ciertas imágenes aparentemente y sólo aparentemente fijas) de un autor, de las imágenes en libertad, al menos idealmente en libertad, de un determinado lector. Así pues todo poema devendría -es, o al menos es su propósito ser- liberación (desde una presunta fijación, cierto) de imágenes.

PUNTO DE PARTIDA más que de llegada, pista de despegue mejor que monumento, impulso o propulsión, que no arribo, una vez cumplida su función el poema tiende a desaparecer, a hacerse a un lado para que la poesía de quien a él se acerca empiece a hablar -a hablar, como todo poema, sin hablar-; a hacerse a un lado pero sin retirarse, que el verdadero poema materia es siempre dispuesta, si no siempre de servicio, siempre, sí, de guardia.

EN ESE SENTIDO la escritura del poema y el poema como escritura muestran su pertinencia: suceso y objeto devuelven al poema su silencio, devuelven el poema a su inefabilidad -origen a donde pertenece (''Señor, perdoname por la mi rrudesa,/ ca tales quistiones de grant sotilesa/ soluer en prouiso es pura synplesa", como dice el maestro fray Diego en el Cancionero de Baena).

ESTOS MISMOS VERSOS encerrados entre paréntesis, por más que dicen lo que dicen, dicen, siempre, algo más; en ese algo más, que no está pero queda dicho (para decirlo en lenguaje de manifestación: se siente, está presente; o filosófico, aunque también rime: se hace patente), reposa el ser de la poesía, movimiento sin movimiento, movimiento no espacial, según creo recordar afirma Abel Martín de la conciencia.

POESIA ES CONCIENCIA de poesía antes que poema, antes o al mismo tiempo, si se quiere: asombro antes que gesto o (si se quiere) siendo gesto; y pulso de habla acaso antes que habla (pulso de habla, sin duda, antes que impulso o, peor, compulsión de escritura).

TANTO LA NECESIDAD de escribir poesía como la de contar con poesía escrita surgen de o se corresponden con la necesidad de proveerse de incentivos más o menos tangibles y duraderos (la apuesta se supone es por lo eterno o lo eviterno, pero conformémonos con lo nomás perdurable), de contar con disparadores de conciencia poética, de estados de conciencia estéticos -comunicadores, sustentadores o refrendadores de ser- que al parecer hablan... Pero, aunque hablan, no olvidemos que hablan para, deteniéndose en las fronteras del habla, nombrar, señalándolo y nada más que señalándolo, mostrándolo, lo (así se dice y así es:) innominable.

''ARRIMARAME A TI, rosa,/ no me diste solombra", canta don Rosvel en la Comedia del Viudo, de Gil Vicente, 15 de las más famosas sílabas de nuestra poesía, dos menos que las de un haikú y sin embargo texto completo en sí mismo, un muy elemental pero desde luego eficientísimo (procurábamos algo así, para qué complejidades) pre-texto -inductor de estado- lírico. ¿O no?

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