Usted está aquí: miércoles 18 de enero de 2006 Opinión Ambiciones nucleares de Teherán

Alejandro Nadal

Ambiciones nucleares de Teherán

Esta semana se reunieron en Londres funcionarios de seis países (Estados Unidos, Alemania, Francia, Reino Unido, China y Rusia) para determinar qué hacer con el desafío iraní en materia nuclear.

Teherán reanudó sus actividades en la planta de enriquecimiento de uranio en Natanz hace unos días, insistiendo en que se trata de un programa de energía nuclear con fines civiles. La planta de Natanz (245 kilómetros al sur de Teherán) se encuentra bajo el monitoreo de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) y tenía sellos para evitar la reanudación de las actividades de investigación para construir una planta centrifugadora que le permita enriquecer uranio.

Irán no está haciendo nada fuera del texto del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP) y todo lo que hace es vigilado por la AIEA. Teherán tiene derecho a la tecnología nuclear bajo los artículos 1 y 4 del TNP. Y aunque podría tener capacidad para enriquecer uranio al grado requerido para la construcción de armas nucleares, por ahora Irán cumple cabalmente el texto del TNP, si no el espíritu de ese instrumento.

En el fondo, es claro que Irán quiere dotarse de armas nucleares debido a varios factores. Uno de ellos es que está rodeado de países con armas nucleares: Rusia e Israel, pero también Pakistán y no muy lejos, India. ¿Por qué quedarse sin armas nucleares cuando India recibe trato especial? Pero de acuerdo a David Albright, del Instituto sobre Ciencia y Seguridad Internacional, está por lo menos a unos cuatro años de tener armas nucleares.

Esa perspectiva es una calamidad para los planes de Estados Unidos en la región. Condoleezza Rice reconoció hace unos días que, efectivamente, Teherán no está violando el texto del TNP. Pero, añadió, el problema es que no podemos confiar en él (sobre todo después de las declaraciones del presidente Ahmadinejad sobre Israel).

¿Qué puede hacer Estados Unidos al respecto? Lo primero es hacer un llamado a la AIEA para que vea con más cuidado el asunto. Eso ya lo está haciendo con ayuda de Alemania, Francia y Gran Bretaña. Pero está por verse si la AIEA puede frenar el esfuerzo nuclear iraní porque muchos otros países no están dispuestos a seguir el juego de Washington. Eso quedó demostrado en septiembre cuando Estados Unidos buscó aprobar una resolución condenando a Irán. Aunque esta vez Washington puede tener éxito, el problema es que la AIEA no tiene suficientes dientes para obligar a Teherán a nada.

Llevar el caso al Consejo de Seguridad es otra opción, pero ahí las cosas se complicarán más porque el tema central será la imposición de sanciones. ¿Qué van a hacer Rusia y China en ese cuerpo? China puede adoptar una postura timorata y contemporizar con las potencias occidentales. Rusia podría bloquear con su veto la imposición de sanciones. Tiene intereses importantes, entre otras cosas porque está vendiendo un reactor nuclear situado en Bushehr y equipo a Irán. También vende armamento y, en particular, varios centenares de misiles tierra-tierra de corto alcance, que tienen un alcance menor a 300 kilometros y no violan el acuerdo de control de tecnología de misiles, en el cual participa Rusia. Sin embargo, Moscú ha declarado que su apoyo a Teherán depende de que éste congele su programa de investigación nuclear.

En ese contexto, lo que realmente va a contar en los cálculos de los protagonistas occidentales en el Consejo de seguridad va a ser el conjunto de repercusiones que tendrían las sanciones en la economía global. Irán es el segundo productor dentro de la OPEP. Sus decisiones pueden disparar los precios del petróleo mucho más arriba de lo que tolerarían las economías occidentales y China. Los efectos son predecibles: recesión y una crisis profunda y duradera. Ni Estados Unidos ni Europa ni China pueden darse ese lujo. A diferencia de lo que sucedió en 1973, esta vez el arma petrolera puede utilizarse de manera disuasiva.

La última opción sería un bombardeo clínico de las instalaciones nucleares de Teherán. Eso sería el último clavo en el ataúd de régimen de no proliferación de armas nucleares. Aunque eso no parece importar a Estados Unidos, nuevamente los efectos sobre el mercado petrolero serían brutales. Además, el nivel de violencia y volatilidad política aumentaría de manera irreparable en una región ya de por sí muy sacudida. Y las principales reservas de petróleo se encuentran localizadas en esa zona.

Irán tiene poderosos instrumentos para defenderse. De ahora en adelante puede jalar todos los hilos en Irak. El 65 por ciento de la población en Irak es chiíta y Teherán puede ejercer gran influencia en ese país, como quedó demostrado en las elecciones de diciembre. Lo cierto es que Irán puede convertir la presencia estadunidense en la antigua Mesopotamia en una verdadera pesadilla. Para Washington, lo que ha pasado hasta ahora (con todo y sus 2 mil 200 soldados muertos) será un día de campo en comparación con lo que podría desatarse en Irak. Esa es la verdadera defensa de Teherán.

 
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