Número 115 | Jueves 2 de febrero de 2006
Director fundador: CARLOS PAYAN VELVER
Directora general: CARMEN LIRA SAADE
Director: Alejandro Brito Lemus

La liberación hormonal

La terapia hormonal de reasignación de sexo es un paso decisivo. Produce cambios tan satisfactorios que muchas personas transexuales lo buscan a toda costa, incluso sin supervisión médica, lo que puede acarrear consecuencias serias.

Por Rocío Sánchez

La terapia hormonal en la reasignación de sexo tiene el fin de inducir cambios físicos que sean congruentes con la identidad de género de la persona. Dado que en todos los seres humanos están presentes hormonas tanto femeninas (estrógenos y progestágenos) como masculinas (testosterona), se trata de potenciar los niveles de la hormona del sexo al que se siente pertenecer e inhibir o eliminar el nivel de la hormona del sexo de nacimiento.

Una mujer transexual (varón biológico) requiere estrógenos y en ocasiones un progestágeno. En algunos casos se suministran también antiandrógenos para inhibir la acción de las hormonas del sexo de origen. Si se trata de un hombre transexual (mujer biológica) se indica testosterona y, a veces, un antiestrogénico para detener la menstruación. La vía de administración puede ser oral, transdérmica (mediante un parche) o inyectada.

La terapia hormonal provoca cambios de los caracteres sexuales secundarios, por ejemplo, en las mujeres transexuales: desarrollo de las mamas, pérdida de erecciones, encogimiento de los testículos, disminución del vello facial y corporal, disminución de la masa muscular y la fuerza y redistribución de la grasa corporal.

En los hombres transexuales se agrava el tono de voz, se detiene la menstruación, el clítoris crece, se incrementa el vello facial y corporal, aumenta la fuerza muscular, aumenta el peso y disminuye la grasa en las caderas.

De acuerdo con el médico David Barrios, director de la organización civil Caleidoscopía, la condición ideal en que una persona debe empezar su tratamiento hormonal de reasignación de sexo es “después de un año viviendo de acuerdo al rol de género que quiere vivir y que preferentemente esté en un proceso de psicoterapia”. A su vez, la hormonación debería
durar entre uno y dos años antes de cualquier intervención quirúrgica de reasignación, dijo, entrevistado por Letra S.

Riesgos de la automedicación
La marginalidad social a la que son confinadas las personas transexuales, sumada a la difícil situación económica de la mayoría de la población, son factores que favorecen la autoprescripción de las hormonas. Para David Barrios es comprensible que una persona hago todo lo posible por lograr un cambio congruente con su bienestar, por lo que no cabe la condena para quien decide automedicarse, aunque aclaró: “Tengo la obligación profesional de advertir que hay muchos riesgos a la salud: el cuerpo humano tiene características peculiares de persona a persona y no podemos homogeneizar” tomando el consejo de un amigo o confiando en información no científica.

Lo menos grave que puede suceder al automedicarse es que las hormonas no den los resultados esperados, por lo que el especialista recomienda que antes de iniciar su ingesta se realice una revisión médica que incluya una historia clínica completa, una exploración física minuciosa y exámenes de laboratorio, como biometría hemática completa, química sanguínea, pruebas funcionales hepáticas, perfil de lípidos y perfiles hormonales. Tampoco debe dejarse a un lado la prueba de detección de VIH.

El objetivo de estos análisis es detectar las condiciones que contraindican el tratamiento hormonal, como grave daño hepático, enfermedad severa del corazón, una enfermedad crónica descompensada o un cáncer terminal.

Contraindicaciones y riesgos
Aunque la terapia hormonal no está directamente contraindicada con la toma de antirretrovirales, tanto los inhibidores de la proteasa como los inhibidores de la transcriptasa reversa son metabolizados en el hígado, y varios de ellos pueden causar toxicidad. “El hígado es el órgano que metaboliza muchos de los medicamentos que tomamos, incluyendo las hormonas ingeridas, por lo que debe corroborarse que no exista un daño hepático previo, una hepatitis viral activa o cirrosis, pues podría dañarse más el órgano con el tratamiento hormonal”.

Otro de los riesgos graves, específicamente de la toma de estrógenos, es el de padecer tromboembolias, que se presentan cuando se forma un coágulo de sangre en una vena y se bloquea el flujo sanguíneo en ese vaso. También pueden aparecer hipertensión arterial o aneurismas, pues los andrógenos tienden a aumentar la cantidad de grasa acumulada alrededor de los órganos internos, determinante en el aumento de los niveles de colesterol.

En contraste, bien utilizadas, las hormonas femeninas pueden tener un efecto cardioprotector y evitar la aparición de osteoporosis.

Ya que en la mayoría de los casos las hormonas se utilizarán durante toda la vida para mantener a la persona transexual con las características del sexo vivido, es importante seguir su tratamiento con un especialista. “Esto es a nivel privado, porque los servicios públicos de salud no lo ofrecen, pero la mayoría de las organizaciones que trabajan el tema tienen programas que apoyan a la persona cuando su economía no da para un gasto mayor”, comenta Barrios.

Así, el seguimiento íntegro de la persona transexual tiene costos relativamente bajos en instituciones como Caleidoscopía, la Asociación Mexicana para la Salud Sexual, el Instituto Mexicano de Sexología, la Fundación Mexicana de Estudios Interdisciplinarios en Salud Integral, la Sociedad Mexicana de Sexología Humanista Integral y el Grupo Interdisciplinario de Sexología.

La reasignación hormonal de sexo no es, acota Barrios, “un proceso estético o un capricho de la persona”, se trata de un procedimiento que contribuirá a su bienestar, si es administrada acorde con el organismo de quien se somete a él, bajo la supervisión de un especialista.