La
terapia hormonal en la reasignación
de sexo tiene el fin de inducir cambios físicos que sean congruentes
con la identidad de género de la persona. Dado que en todos
los seres humanos están presentes hormonas tanto femeninas (estrógenos
y progestágenos) como masculinas (testosterona), se trata de
potenciar los niveles de la hormona del sexo al que se siente pertenecer
e inhibir o eliminar el nivel de la hormona del sexo de nacimiento.
Una mujer transexual (varón biológico) requiere estrógenos
y en ocasiones un progestágeno. En algunos casos se suministran
también antiandrógenos para inhibir la acción de las
hormonas del sexo de origen. Si se trata de un hombre transexual (mujer
biológica) se indica testosterona y, a veces, un antiestrogénico
para detener la menstruación. La vía de administración
puede ser oral, transdérmica (mediante un parche) o inyectada.
La terapia hormonal provoca cambios de los caracteres sexuales secundarios,
por ejemplo, en las mujeres transexuales: desarrollo de las mamas, pérdida
de erecciones, encogimiento de los testículos, disminución
del vello facial y corporal, disminución de la masa muscular y la
fuerza y redistribución de la grasa corporal.
En los hombres transexuales se agrava el tono de voz, se detiene la menstruación,
el clítoris crece, se incrementa el vello facial y corporal, aumenta
la fuerza muscular, aumenta el peso y disminuye la grasa en las caderas.
De acuerdo con el médico David Barrios, director de la organización
civil Caleidoscopía, la condición ideal en que una persona
debe empezar su tratamiento hormonal de reasignación de sexo es “después
de un año viviendo de acuerdo al rol de género que quiere
vivir y que preferentemente esté en un proceso de psicoterapia”.
A su vez, la hormonación debería
durar entre uno y dos años
antes de cualquier intervención quirúrgica de reasignación,
dijo, entrevistado por Letra S.
Riesgos de la automedicación
La marginalidad social a la que son confinadas las personas transexuales,
sumada a la difícil situación económica de la mayoría
de la población, son factores que favorecen la autoprescripción
de las hormonas. Para David Barrios es comprensible que una persona hago
todo lo posible por lograr un cambio congruente con su bienestar, por lo
que no cabe la condena para quien decide automedicarse, aunque aclaró: “Tengo
la obligación profesional de advertir que hay muchos riesgos a la
salud: el cuerpo humano tiene características peculiares de persona
a persona y no podemos homogeneizar” tomando el consejo de un amigo
o confiando en información no científica.
Lo menos grave que puede suceder al automedicarse es que las hormonas no
den los resultados esperados, por lo que el especialista recomienda que
antes de iniciar su ingesta se realice una revisión médica
que incluya una historia clínica completa, una exploración
física minuciosa y exámenes de laboratorio, como biometría
hemática completa, química sanguínea, pruebas funcionales
hepáticas, perfil de lípidos y perfiles hormonales. Tampoco
debe dejarse a un lado la prueba de detección de VIH.
El objetivo de estos análisis es detectar las condiciones que contraindican
el tratamiento hormonal, como grave daño hepático, enfermedad
severa del corazón, una enfermedad crónica descompensada
o un cáncer terminal.
Contraindicaciones y riesgos
Aunque la terapia hormonal no está directamente contraindicada con
la toma de antirretrovirales, tanto los inhibidores de la proteasa como
los inhibidores de la transcriptasa reversa son metabolizados en el hígado,
y varios de ellos pueden causar toxicidad. “El hígado es el órgano
que metaboliza muchos de los medicamentos que tomamos, incluyendo las hormonas
ingeridas, por lo que debe corroborarse que no exista un daño hepático
previo, una hepatitis viral activa o cirrosis, pues podría dañarse
más el órgano con el tratamiento hormonal”.
Otro de los riesgos graves, específicamente de la toma de estrógenos,
es el de padecer tromboembolias, que se presentan cuando se forma un coágulo
de sangre en una vena y se bloquea el flujo sanguíneo en ese vaso.
También pueden aparecer hipertensión arterial o aneurismas,
pues los andrógenos tienden a aumentar la cantidad de grasa acumulada
alrededor de los órganos internos, determinante en el aumento de
los niveles de colesterol.
En contraste, bien utilizadas, las hormonas femeninas pueden tener un efecto
cardioprotector y evitar la aparición de osteoporosis.
Ya que en la mayoría de los casos las hormonas se utilizarán
durante toda la vida para mantener a la persona transexual con las características
del sexo vivido, es importante seguir su tratamiento con un especialista. “Esto
es a nivel privado, porque los servicios públicos de salud no lo
ofrecen, pero la mayoría de las organizaciones que trabajan el tema
tienen programas que apoyan a la persona cuando su economía no da
para un gasto mayor”, comenta Barrios.
Así, el seguimiento íntegro de la persona transexual tiene
costos relativamente bajos en instituciones como Caleidoscopía,
la Asociación Mexicana para la Salud Sexual, el Instituto Mexicano
de Sexología, la Fundación Mexicana de Estudios Interdisciplinarios
en Salud Integral, la Sociedad Mexicana de Sexología Humanista Integral
y el Grupo Interdisciplinario de Sexología.
La reasignación hormonal de sexo no es, acota Barrios, “un
proceso estético o un capricho de la persona”, se trata de
un procedimiento que contribuirá a su bienestar, si es administrada
acorde con el organismo de quien se somete a él, bajo la supervisión
de un especialista.
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