Usted está aquí: domingo 12 de febrero de 2006 Opinión Devastación urbana

Angeles González Gamio

Devastación urbana

En muchas ocasiones hemos comentado la lamentable destrucción de casonas y edificios de siglos pasados, que mutiló el rostro de colonias, barrios y pueblos que se distinguían por una arquitectura que reflejaba la mentalidad y los valores de una época, lo que les imprimía una personalidad única y ofrecía una imagen urbana armónica. Un ejemplo de esto son las colonias Roma, Juárez, Santa María, San Rafael y Guerrero, donde todavía podemos apreciar casas que aunque estén deterioradas, permiten apreciar su belleza y significado, conviviendo con construcciones modernas de pésima factura y aspecto, que agreden el entorno visual, lo que indudablemente afecta el estado de ánimo de los habitantes. No hay que olvidar que en el sismo de 1985 fueron esas edificaciones viles las que más daños padecieron y costaron muchas vidas.

Ahora la barbarie demoledora está llegando a colonias como Polanco, que en su zona más antigua, que data de los años 30 del pasado siglo, conserva casonas en un peculiar estilo llamado por algunos "colonial californiano" y por otros, neobarroco. El resultado son unas mansiones ornamentadas con marcos de cantera en puertas y ventanas, abigarradamente labradas, con techos de teja y adornos de azulejos, considerados por muchos unas aberraciones arquitectónicas; sin embargo, al paso del tiempo se han ganado su lugar y ahora, convertidas buena parte de ellas en restaurantes y boutiques, son muy codiciadas y ya se les ve encanto.

Pero lo más importante es que le dan su fisonomía urbana y personalidad a una antigua colonia de la ciudad. Desafortunadamente la fiebre constructiva que se desató a raíz del bando dos, despertó el apetito por terrenos en esa zona ahora de moda, para construir edificios que brindan jugosas ganancias, y se están yendo sobre las añejas mansiones, alterando la armonía del barrio en todos los sentidos. Hace unos días comenzaron a demoler, a toda prisa y confiados en que era un día feriado, una casona catalogada por el Instituto Nacional de Bellas Artes y la Seduvi, ubicada en Emilio Castelar 195. El problema es que en casos como éste, en lo que se realiza la investigación, los dueños se amparan y tiran a toda velocidad el inmueble.

La cronista de Polanco, Gloria Villalobos de Castillo Mena, realizó una exhaustiva investigación para darnos a conocer la historia de la hermosa colonia, iniciando en la época prehispánica, cuando era una llanura cruzada de algunos ríos, que servía de paso hacia Azcapotzalco y Chapultepec. Tras la conquista se establecieron ranchos y haciendas y se cultivaron sus fértiles tierras. La hacienda de los Morales llegó a ser de las más prominentes, con grandes extensiones de tierras, muy bien trabajadas; parte de ella había sido el rancho de Polanco.

Ese fue el sitio escogido por José G. de la Lama y Raúl Basurto, visionarios fraccionadores que ya habían desarrollado exitosamente, entre otras, la colonia Hipódromo. La traza y la urbanización son sin duda de las mejores de la ciudad, lo que se advierte en sus amplias calles, con generosas banquetas jardinadas, zonas verdes y varios parques. Hay que señalar que esto último fue obra del arquitecto Enrique Aragón Echegaray y del ingeniero Francisco Lasso. Destaca el conocido como Parque de los Espejos; de gran extensión, lo divide la avenida Julio Verne y se distingue por los espejos de agua que lo bautizaron. También tiene un teatro al aire libre, una enorme jaula que antiguamente tuvo pájaros y ahora funciona como galería, mismo uso que tiene una torre con un reloj. El diseño de las bancas y los letreros, que se han conservado hasta la fecha, con un aire art-decó, le brindan una especial personalidad.

Una de sus avenidas más lujosas: Campos Elíseos, de ondulante trazo, siguió el cauce del río que cruzaba las añejas haciendas. Desde sus inicios, en la década de los treinta, la venta de terrenos fue exitosa; correspondió a una época de México en la que había una bonanza económica, lo que llevó a que personas pudientes construyeran grandes residencias. Fue el sitio seleccionado por innumerables miembros de las colonias judía y libanesa, quienes con los mexicanos crearon una comunidad armónica, que convivía en los parques, en la nevería, el sanborcito y en los establecimientos comerciales que atendían familias que habitaban allí mismo, imprimiéndole así un sabor de barrio que en buena medida aún se conserva.

Alrededor del parque hay varios restaurantes, de distintos precios y tipos de comida, donde se puede comer sabroso y admirar la frondosa vegetación, los sedantes espejos de agua y estos días, graciosas vacas.

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