Usted está aquí: viernes 17 de febrero de 2006 Cultura Una buena y una mala

Una buena y una mala

La presentación de la Filarmónica de Viena en la ciudad de México, cuyo anuncio oficial en el país era esperado con alegría desde hace meses, cuando apareció en la página de Internet de ese ensamble austriaco el calendario de presentaciones donde incluía nuestro país, ha causado desencanto entre la comunidad musical y melómana, pues hasta hace poco se tenía programado ese concierto en el Palacio de Bellas Artes, pero se eligió, en aras de la rentabilidad, el Auditorio Nacional como sede.

Para muchos eso implica una noticia buena y una mala al mismo tiempo; buena, porque se trata de una las dos mejores orquestas del mundo, reconocimiento que comparte con la Filarmónica de Berlín; mala porque resulta fraudulento presentar a una orquesta de primer nivel con amplificación mediante micrófonos, pues el Auditorio Nacional no posee la acústica natural necesaria para ese tipo de conciertos.

La prueba más reciente fue el resultado deplorable, manifestado por una buena parte del público, con la ópera Rigoletto en ese foro.

Quedó claro en esa ocasión que no se trata de un problema de los ingenieros de sonido, que son excelentes, sino de la naturaleza misma de la música sinfónica, que al igual que la ópera está hecha para sonar sin micrófonos de por medio. Lo único que queda, entonces, es el esnobismo, el relumbrón de siempre.

Pablo Espinosa

 
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