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A LA MITAD DEL FORO

León García Soler

El Estado que se desvanece

Ampliar la imagen Los dueños del dinero y la tecnocracia que llegó al poder se sirvieron del verbo luminoso de lla prosa de Octavio Paz para combatir al Ogro Filantrópico FOTORubénPax

LA PODREDUMBRE QUE exhibían los poderes mediáticos fermentó. Nos ofrecen ahora la carroña de la cohabitación del poder y el dinero en las miasmas del vicio; de la pederastia a los atentados contra la libertad de expresión. Primera de las libertades que harían posible la democracia, a cuyo nombre demuelen las instituciones del Estado mexicano los patéticos personajes de una clase dirigente que se devora a sí misma.

DEL ESTADO Y de cómo se desvanece para dejar a la nación a merced del crimen organizado, de los enanos que entonan loas a la ética de mercaderes y de la reacción que proclama la victoria del pasado y la inercia como futuro. Desde luego, la sentencia dictada por el zar de la Inteligencia de George W. Bush: el Estado mexicano débil, incapaz de cumplir con el estado de derecho y garantizar la seguridad de sus nacionales y de sus vecinos. Ah, los vecinos que ven el incendio al sur de la frontera y nos recuerdan que ellos se han arrogado el derecho a garantizar la seguridad y libertad del mundo entero. Si la palabra suena a arrogancia, no es casual, ni es sensato atenerse a amistades juradas en el rancho de San Cristóbal Potemkin, con la ilusión de que la injerencia no devenga en intervención. No ha desaparecido el Estado mexicano, pero se desvanece.

LOS DUEÑOS DEL dinero y la tecnocracia que llegó al poder con la altanería de ricos herederos y el desdén impertinente del arribista, pactaron la sustitución de los poderes constituidos. Creyeron a ciegas en la receta imperial e imperiosa de la doctrina Reagan-Thatcher. Se sirvieron del verbo luminoso de la prosa de Octavio Paz para combatir al Ogro Filantrópico y predicar la ética de mercaderes; la adoración al becerro de oro; el libre mercado para el arribo del sufragio efectivo que nos eludía. Menos Estado, decían y dicen. Hace falta un Estado delgado y duro, "lean and mean", para no estorbar, dejar hacer, dejar pasar; limitar la regulación y dar vía libre al capital privado; al libre mercado eficaz para generar riqueza. De su distribución, de la equidad, la permeabilidad y la justicia social, de eso se ocupaban las utopías de las ideologías difuntas.

CAYO EL MURO de Berlín y se disolvió la Unión Soviética. Sin el poderío bipolar y la destrucción nuclear mutuamente asegurada, acabó la guerra fría, se impuso la potencia única; el Nuevo Orden, diría Bush padre; la Verdad única, dirían los apóstoles del fundamentalismo de George W. Bush. Los polkos volvieron a danzar en el alcázar de Chapultepec. No sólo era posible, asequible, la disolución del Estado, sino la desaparición del Estado laico. Porque los del reformismo aperturista se apresuraron a borrar las normas del poder constituido que garantizaban la separación Iglesia-Estado. Gobernantes y cardenales rechazan la separación entre religión y política; llaman fundamentalistas a quienes defienden la libertad de culto, libertad religiosa conquistada por el laicismo, por la opinión crítica del Siglo de las Luces.

ESE ES COMBATE universal en estos días. El fundamentalismo islámico condena las caricaturas de Mahoma publicadas por la prensa de Dinamarca y luego por la de Francia. No es posible ceder a la amenaza, renunciar a la libertad de expresión. No importa que se trate de temas sacros, de la religión que fuese. El Santo Oficio ya no quema herejes. Ni que se trate de los usos y costumbres esgrimidos como defensa de los marginados. A nombre de esos usos se abusa de las mujeres y se venden niñas, se expulsan disidentes de las comunidades y estalla el odio a la otredad en linchamientos que han proliferado trágicamente en México. La mayoría, en el colmo del desprecio al estado de derecho, no se ha convertido en averiguación del ministerio público, en acción judicial. Eso es desvanecimiento del Estado.

TANTO COMO LA prepotencia del crimen organizado que ha desatado la violencia armada e inunda de cadáveres la geografía nacional, siembra el terror entre los ciudadanos y da pie a la injerencia imperial que declara débil al Estado Mexicano. Y estamos en pleno proceso electoral, en campañas políticas en pos de la Presidencia de la República. A sana distancia, desde Davos llega la opinión del ciudadano Ernesto Zedillo: la contienda se resolverá entre Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador; el PRI desaparece de la escena. Y Liébano Sáenz es expuesto en México como abogado de las causas desesperadas, Judas Tadeo para la mediación milagrosa entre los del poder mediático y Andrés Manuel López Obrador. Y de Davos a Valle de Bravo.

NO HACE FALTA emprender uno de los viajes de Gulliver. Ya nadie piensa en el consejo de subirse a los hombros de esos hombres del pasado "que parecían gigantes" para ver el horizonte. Basta encender el televisor y ver a los empequeñecidos representantes del poder político de hinojos ante el confesionario electrónico. El escándalo, las filtraciones, el borbotón de lodo que brota de las cloacas. Tan deleznables, tan bajos, tan sucios. La más reciente, historia de pederastas y de poderío económico que se exhibe íntimo del poder político, para exponerlo al ludibrio, al servicio del que paga, al son que le toquen. Vengan de donde vinieren las cintas de asquerosos sonidos; sean o no filtración intencionada, supina concepción de la política como medio para enlodar al adversario, el asunto mismo, los hechos escuetos y sus secuelas, parten de la libertad de expresión puesta en jaque, puesta en la picota por patibularios patanes de los grupos de poder real.

APLICAR LA LEY. No únicamente cumplir con el estado de derecho, sino con el imperio de la ley. A la que está sujeto, de la que es y debe ser sujeto, todo aquel que gobierna, que desempeña un cargo público y dispone de facultades para hacer cumplir la ley. Pablo Gómez, diputado de la bancada del PRD, hizo lo debido al presentar ante el pleno una demanda de juicio político contra Mario Marín, gobernador de Puebla. Pero cometió el imperdonable yerro de declarar ociosa la demanda misma; afirmar que de nada sirve el juicio político si no es para acumular polvo sobre montones de papel. El asunto debe resolverse política y jurídicamente. El gobernador que ha sido exhibido torpe y falto de reflejos, incapaz de debatir con conductores de programas de televisión, es, nos guste o no, un indiciado, acusado de hechos deleznables y posiblemente penales. Indiciado, no presunto. No es culpable sin que se prueben en tribunales los cargos que le hicieren y así lo declare el juez.

EL RESTO DE basura. Pero esa mugre ha puesto en jaque a la libertad de expresión y violentado las garantías individuales de Lydia Cacho, la autora del libro Los demonios del Edén. Las llamas del escándalo llegan a los aparejos de personajes muy encumbrados. Si la filtración de las cintas resulta obra de un valido de palacio, de un palafrenero del partido que no se reconoce del poder, estaríamos ante un error descomunal, ante un involuntario, inconciente, pero tangiblemente peligroso, incendio del Reichstag, que lejos de consolidar el poder alternante puede conducir al caos anarquizante y a la pesadilla que, según declaró ante una comisión senatorial, le quita el sueño a John D. Negroponte. Y amigos que le acompañan.

PORQUE EN AVANDARO tuvimos nuestro Davos. Con menos nieve, pero con el mismo despliegue de vanidad y del poder del capital que hace y deshace al poder político en la era de la verdad única, del libre mercado y la democracia electoral avalada en Washington. Sirva de prólogo lo dicho el viernes por Andrés Manuel López Obrador en Coahuila; que no asiste a reuniones con la cúpula empresarial porque son una trampa "para exhibir(lo) como un candidato sin alternativa y sin propuesta." Y que hubo abucheos para Roberto Madrazo entre los consejeros de Banamex que cuestionaron al candidato del PRI lo hecho y lo no hecho ante el alud de señalamientos y acusaciones a sus compañeros de partido. Felipe Calderón pasó invicto por la pasarela, pero nada hubo en los medios que revelara la levitación del panista harvardiano, doctrinario y postulante del centrismo a la manera de Aznar.

PROLOGO, A PESAR de que Banamex es de Citibank, propiedad de capitales extranjeros como el resto de la banca reprivatizada. Porque Avándaro es nuestro Davos. Convocó Televisa y acudieron los tres candidatos de los tres partidos que parten parejos y cualquiera de los tres puede ganar las elecciones del 2 de julio de 2006. Qué le vamos a hacer. Parafraseando a Carlos Fuentes: así nos tocó vivir. Uno ha de ser. López Obrador acudió al recurso del método; llegó un día antes de lo previsto y asistió en solitario a reunión cumbre con cúpula del poder mediático espectacular que incluyó, desde luego, a los poderes de la globalidad. Con acento en los del vecino del norte, socio y calificador de la calidad y capacidad del Estado mexicano. Débil, dicen. Que se desvanece, después de seguir el rumbo trazado por ellos y seguido por una clase dirigente empeñada en la marcha sonámbula al abismo.

EN EL ENCUENTRO privado con López Obrador estuvo Roberto Hernández. Y cuentan los asistentes a tan elevado cenáculo que hubo recriminaciones de ida y vuelta. Trato rasposo, pues. Ni modo. Ahí, como en el encuentro con Felipe Calderón y Roberto Madrazo, estaría entre otros notables el director de la FBI. ¡De película, chico! Son candidatos, son aspirantes. Pero uno de estos tres será el titular del Supremo Poder Ejecutivo de la Unión. Será presidente de la República. Jefe de gobierno y jefe de Estado. Del Estado adelgazado, desmantelado, desestimado por la nueva ortodoxia y la teoría Reagan-Thatcher aplicada por nuestros tecnócratas y por el verbomotor de la alternancia.

LOS TRES ACUDIERON al encuentro de Avándaro a presentar ante los señorones del poder, "of the powers that be", dicen los anglosajones, sus respectivos programas de gobierno y sus buenos propósitos para ejercer el cargo de presidente de la República. Vaya para Felipe Calderón, Roberto Madrazo y Andrés Manuel López Obrador la afortunada frase del socialista francés Laurent Fabius, aspirante presidencial, como ellos: "A menudo se olvida que un presidente es un jefe de Estado. Por eso mismo hace falta que haya un jefe. Por eso mismo hace falta que haya un Estado".

HACE FALTA UN presidente.

 
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