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Bárbara Jacobs

La lista de Bárbara

Se me ocurrió escribir un libro sobre mis amigos escritores. Lo primero que hice fue hacer una lista con los nombres posibles. Y aquí empezó el problema. Al contrario de lo que habría supuesto, los personajes no resultaron pocos. No los iba contando. Dejé que mi lápiz siguiera su impulso y anotara. Me detuve cuando de veras mi memoria se agotó.

Al principio el plan era claro. Los integrantes tendrían que haber estado en mi proximidad durante los años de nuestra formación literaria. Pero apenas fijaba un principio, dudaba de él. ¿Sí? ¿Y por qué?, me preguntaba; ningún limitante puede intervenir en la definición de la amistad.

De modo que fueron desapareciendo las coordenadas hasta no quedar más que el razonamiento de la edad. Se trataría de autores que hubieran empezado a publicar, como yo, en México en los años setenta. Lo único que no se valdría era que los integrantes pertenecieran a generaciones ni posteriores ni, particularmente, anteriores a la mía. Mediante la idea o la intuición detrás de este último requisito en especial, quería establecer que los amigos sobre los que escribiría no debían ser en ningún sentido mis favorecedores ni nada que se pareciera a esta atribución o a sus posibilidades o consecuencias.

Pero lo nebuloso del asunto de nuevo se expandió en el momento en que quise definir bien los términos. Por ejemplo, favorecedor. ¿A qué me refería con él? O, amigo; ¿qué significaba? Para que mi ocurrencia positiva no decayera, reuní un libro de cada uno de los protagonistas de mi acervo. Me advertí que posteriormente afinaría la muestra. El procedimiento consistiría en una convocatoria pública.

¿Ah, sí? Para que una disposición de esta naturaleza resultara eficaz, tendría que incluir las señas esenciales de los convocados. Por eso en este punto otra vez me detuve, pues me urgía a nombrarlos. Y si la hacía pública, ¿cómo me haría quedar ante los excluidos?

He aquí el meollo del conflicto. Para este proyecto, ¿quiénes componen a mis amigos? Es cuestión de atreverse a escogerlos y revelar la selección. No necesariamente se trata de escritores que me consideren a mí amiga de ellos, sino al revés. Son aquellos a los que yo tengo por amigos míos. Aunque con todos los de mi lista de partida congenio, algunos, por determinada realidad o ilusión, me simpatizan más. Esto, independientemente de cómo supongo que les caigo o, de hecho, de cómo les caiga yo a ellos, velada o abiertamente. Encrucijada difícil, ¿no?

Me animaba a mí misma a despejar la enumeración con lineamientos similares a los de que mi conjunto tendría que desenvolverse en calidad de narrador, poeta, dramaturgo y/o ensayista, estas venas tendrían que ser las que puntualizaran su afán principal en la vida. Es decir, en mayor medida de lo que lo harían las actividades de profesor, de crítico, de traductor, de trabajador editorial, de funcionario, de investigador, de periodista, de promotor de la cultura en cualquier medio, o qué sé yo cuántas y cuáles diligencias más en las que nos ocupamos por una o mil motivaciones los escritores de todos los tiempos y de todos los lugares.

En el libro proyectado no entrarían, entonces, más que, de mis amigos, los "creadores". Y la razón sí es clara. El quehacer principal de los demás de un modo o de otro resulta en algún beneficio para los "creadores" y esto los excluye de mi plan. Quiero que la intención y la realización de mi libro en potencia carezcan de estrategia visible o imaginable.

Con los elegidos, no formo un grupo; no seguimos el lema de los Tres mosqueteros, de los boy y las girl scouts, de la caballería, ni el de la simple solidaridad humana. Somos tan independientes unos de otros que en este momento ellos ignoran por completo en qué los estoy metiendo, en qué estoy tramando integrarlos.

Quiero escribir este libro sobre mis amigos escritores simplemente porque quiero conocerlos mejor. De modo que convoco a S. Alatriste, L. M. Aguilar, C. Boullosa, C. Bracho, M. A. Campos, A. Castañón, C. Chimal, A. García Bergua, F. Gargallo, A. Gomis, J. Gordon, F. Hernández, H. Hiriart, D. Huerta, N. Keoseyán, M. Lavín, P. López Colomé, D. Martín del Campo, M. Martín del Campo, C. Martínez Assad, S. Molina, C. Montemayor, J. Moreno Villarreal, M. Moscona, E. Mosches, A. Petterson, F. Rebolledo, B. Ruiz, A. Ruy-Sánchez, A. Saborit, G. Samperio, G. Sheridan, A. Uribe, P. Villegas, J. Villoro y V. Volkow a hacerme llegar (no urge), de su obra, el libro que ustedes consideren que los representaría mejor para mis fines.

 
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