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¿LA FIESTA EN PAZ?

Leonardo Páez

Hasta el próximo cinco

PARA LO QUE va quedando de la afición mexicana, la otrora llamada fiesta brava se ha convertido en la confirmación de un subdesarrollo taurino deliberado, conseguido a fuerza de claudicaciones, engaños, amateurismo, dependencias y, sobre todo, falta de respeto por sí misma y por la deidad táurica, lo que se traduce en una asamblea descreída y estridente que una vez al año intenta rendir culto, sin lograrlo, a su endeble veneración por la tauromaquia.

EN EL UNICO lleno de la temporada 05-06 volvió a confirmarse el limitado profesionalismo de la empresa del coso, incapaz de remontar su propio nivel de incompetencia, fijado por su única aportación a la mercadotecnia taurina moderna: hacer de la corrida del 5 de febrero en la Plaza México la más ruidosa y multitudinaria, aunque desde luego no la más importante, pues la importancia siempre la da el toro, no su remedo.

IGUALMENTE FUE CORROBORADA la singular política empresarial de los promotores del espectáculo taurino en la plazota: conseguir un solo lleno a lo largo del año y conformarse, sin rigor de resultados, con treinta y tantos semivacíos y una que otra media entrada. Más que en las dimensiones del coso, el problema reside en la menguada oferta de espectáculo y en el ganado esencialmente predecible que se anuncia para tan pretensiosa ocasión... desde hace 13 años.

LA CONMEMORACION MAS reciente volvió a ser un desfile de gente bonitonta sin idea, así como de novillones descastados y débiles, ahora de los hierros de Teófilo Gómez y de Bernaldo de Quirós, más dos desalmados "obsequios" a cargo de Enrique Ponce y El Juli, uno de Fernando de la Mora y otro de Xajay.

¿A QUIEN RESPONSABILIZAR de esta obsesión contraproducente por el torito de la ilusión, ese que pasa y pasa delante del torero sin que a la postre pase nada? En este caso, más que a la complaciente empresa, a los apoderados de las figuras españolas, acostumbradas a venir a tentar de luces en la mitotera fecha, sabedores de que el degradado ambiente taurino de México no es capaz de poner freno a estos abusos sistemáticos. La dudosa garantía del cascabelero cartel entonces no es salir a torear, sino algo mucho peor, salir a torear "bonito" a docilidades con cuernos y no siempre íntegros.

A ESTA TORPE idea de tauromaquia -apoteosis sin bravura- hay que agregar la inexcusable indiferencia tanto de las autoridades federales como de la capital y de la delegación Benito Juárez, ya no se diga para promover el turismo con relación al espectáculo, sino siquiera para cumplir y hacer cumplir el reglamento. Esta negligente actitud de años hacia lo taurino por parte de las administraciones en turno tiene su equivalente político: echarse en brazos de una globalización seudomoderna a costa de sacrificar expresiones centenarias.

HABER SACADO A la gente de la plaza el resto del año implica sacar a la fiesta de toros de los medios de comunicación, no sólo por la ausencia de crítica en éstos, sino por la falta de interés en torno a una manifestación de la cultura mexicana que se escurre entre las manos de sucesivos gobernantes y gobernados.

 
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