Usted está aquí: martes 7 de marzo de 2006 Economist Intelligence Unit La creciente sinofobia

La creciente sinofobia

¿Puede la Casa Blanca controlar el sentimiento contra la nación oriental en el Congreso?

Economist Intelligence Unit /The Economist

Ampliar la imagen Estructura que formará parte del principal estadio olímpico en Pekín para los juegos de 2008. Los Juegos Olímpicos de Pekín ofrecerán la interesante combinación de conjuntar deportes populares en todo el mundo, en un país donde la economía crece con mayor rapidez que otras, junto con su trascendencia geopolítica Foto: Ap

Durante la campaña presidencial de 2004, la Casa Blanca resistió la tentación de atacar a China. Mientras John Kerry prometía ser más duro con el régimen de Pekín y los congresistas de ambos partidos etiquetaban a China como un comerciante desleal, el equipo de George Bush, hay que reconocerlo, rechazó las demandas de amenazar con aranceles más altos para forzar al gobierno chino a revaluar su moneda.

Este año, mantenerse firme contra la sinofobia podría resultar más difícil. La Casa Blanca está debilitada. A los congresistas republicanos les intranquiliza perder sus curules en las elecciones intermedias de noviembre. Y, en el Congreso, el celo contra China es cada vez más intenso.

Muchos son los frentes chinos que inquietan a los políticos. Los halcones de la Defensa se preocupan por el poderío militar de Pekín. Los conservadores, que durante mucho tiempo se han quejado de los abusos de los derechos humanos en el país asiático, ahora están más intranquilos por el papel de las empresas de Internet estadunidenses en la violación de las libertades individuales. El 15 de febrero, por ejemplo, los gerentes de Yahoo, Cisco, Microsoft y Google fueron convocados a una audiencia para considerar si la Internet era un instrumento ''para la represión'' en China. Chris Smith, republicano conservador de Nueva Jersey, está redactando una iniciativa que podría exigir que esas empresas retiren sus servidores de ciertos países, principalmente China, que atentan contra los derechos humanos.

El impulso proteccionista

Sin embargo, para muchos congresistas, el gran problema con China es el comercio: aseguran que la depreciada divisa china, su desprecio por los derechos de propiedad intelectual y su incapacidad de apegarse a las reglas afecta la economía de Estados Unidos. El abultado déficit comercial entre ambos países es visto como prueba de que China es un competidor desleal. En la actualidad, más de 20 iniciativas contra China aguardan turno en el Congreso. Lo preocupante es que, este año, los republicanos podrían aprobar algunas, aunque sea sólo para inmunizarse contra los ataques demócratas durante las elecciones intermedias.

La estrategia de Bush parecer ser evitar la promulgación de leyes más severas expresando críticas a China, mientras por debajo de la mesa continúa con una política de transacción. Robert Portman, el negociador comercial más importante de Bush, dio a conocer esta semana su revisión integral de la política hacia China. En una carta al Congreso no escatimó los golpes. ''Nuestra relación comercial con China carece de equidad, durabilidad y equilibrio en las oportunidades que se generan'', sostiene, y afirma que EU usará ''todas las opciones disponibles'' para encargarse de corregirlo.

No obstante, si se observa el verdadero reporte, aparece un cuadro más sutil, que enumera beneficios para EU que restan importancia al déficit comercial. Portman afirma que la relación sinoestadunidense ha ''madurado'' y que ahora simplemente se trata de asegurar el compromiso de que China cumpla con las normas de la OMC. Haciéndose eco de su predecesor, Bob Zoellick, actual subsecretario de Estado, Portman cree que una China más moderna tiene que comportarse como un ''socio responsable'' en el sistema global de comercio. Sus propuestas son modestas, como la creación de un nuevo ''grupo de trabajo de vigilancia a China'' en su propia oficina (ya existen unidades similares en el Departamento de Comercio).

¿Funcionará esta estrategia de dos bandas (hablar fuerte, actuar con prudencia)? La esperanza es que la retórica proporcione a los congresistas moderados de ambos partidos los pertrechos necesarios para mantener a raya a sus colegas más radicales. Mucho depende de si Bush recupera su popularidad entre el electorado (lo cual daría a Portman mayor poder con los republicanos en el Congreso) y de si los ataques contra China pueden atraer más votantes que en 2004. La Casa Blanca puede minimizar el daño. Pero habrá que prepararse para alguna ley sinofóbica antes de las elecciones intermedias.

FUENTE: EIU

 
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