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Mantienen pobladores la tradición de la fiesta patronal de Cuaresma en Oaxaca

Danzas y máscaras para satirizar el poder en el carnaval mixteco

Personajes fantásticos y tenebrosos se dieron cita en el encuentro de baile regional de los pueblos ñuusavi

La fiesta cerró en medio del silencio y misticismo; tata mandoñi murió bailando

MISAEL HABANA DE LOS SANTOS CORRESPONSAL

Ampliar la imagen Pueblos de la Costa Chica celebran el comienzo de la Cuaresma con un pintoresco carnaval, donde no sólo el baile y los disfraces alegran la fiesta; el tepache, de maíz rojo, también hace lo suyo Foto: Misael Habana de los Santos

Santa Maria Huazolotitlan, Oax., 10 de marzo El deceso de Juan Martínez Gómez, tata mandoñi, en el centro de la plaza, cuando bailaba como calistro en la danza ritual de Los Tejorones, cerró con pesar y misticismo el carnaval mixteco de este año y abrió la fiesta patronal del primer viernes de Cuaresma en esta población, que inició con el encuentro regional de danza de los pueblos ñuusavi de la Costa Chica.

Era Miércoles de Ceniza. Desde muy temprano, miles de costeños -mixtecos ñuusavi, negros, mestizos, quienes desde hace muchos años viven en concordia y armonía con sus culturas- rodearon la plaza del pueblo en espera del rito anual del baile de Los Tejorones -hombres en trajes oscuros y máscaras con rasgos negroides- que satirizan al poder mientras representan danzas que describen la vida cotidiana: la caza del tigre, la danza de la vaca y de la iguana, entre otras.

La primera participación fue la de un grupo de niños que representaron la misma danza, que en un esfuerzo de los maestros indígenas de la población tratan de preservar ante la amenaza latente de la extinción, primordialmente por la alta migración de los jóvenes.

Preservar la tradición mixteca

"Con la danza pretendemos guardar en la memoria de las nuevas generaciones de mixtecos la costumbre, aunque emigren para el norte", dice el profesor Alfonso Carro, quien desde hace varios años se ha dado a esa tarea con el apoyo de algunas instituciones.

Por la fuerza de la cultura mixteca, algunos migrantes regresan de donde estén en fechas cercanas al carnaval, ya sea de la ciudad de México, Acapulco o de Estados Unidos, para bailar la danza de Los Tejorones y emborracharse con un efectivo embriagante que llaman tepache, que se hace con maíz rojo fermentado por meses y endulzado con panela de caña.

El comienzo del carnaval tiene fechas diferentes en los pueblos mixtecos. En Pinotepa de Don Luis, otro de los importantes pueblos donde se habla el ñuusavi, comienza la última semana de enero; en el resto de las poblaciones, como San Andrés Huaxpaltepec, San Juan Colorado, Santa María Huazolotitlán, San Pedro Ixcapa, el rito anual principia un domingo antes del martes del carnaval y concluye el Miércoles de Ceniza, día en que las centenas de Tejorones, entre chistes y burlas a los espectadores, arrojan ceniza al rostro en cualquier momento de distracción.

En la plaza del pueblo de Huazolotitlán los mixtecos conocen al Miércoles de Ceniza como ñuutende; ahí se reúnen los bailantes de los tres barrios: Grande, Ñucahua y Chico. Años atrás bailaban juntos los tres barrios pero, por lo general, terminaba en riñas, en parte provocadas por el tepache y por viejas ofensas que se vengaban este día, en el que la máscara cubre el rostro.

Fue así como las autoridades municipales, mayordomos, tata mandoñis y topiles, decidieron que el Miércoles de Ceniza se bailaría barrio por barrio. En este año corresponde al ñuucahua ser el primero en entrar a la plaza: cuatro chaniguelas, cuatro hombres vestidos, dos como mujeres ñuusavi, conocidas como María Candelaria; tras de ellos un guitarrista, un violinista y alguien que toca el cajón, trío que con magistral armonía interpreta sones como: El chileatole, La vaca, El tigre y Los zopilotes, entre otros.

Hombres vaca, niños perro

El segundo barrio en llegar a la plaza es el kagnu, barrio grande, con más de 100 tejorones más las chaniguelas, que como mujeres ondean sus largos huipiles de listones de colores y que en el cuello llevan tejidos en seda coloridos gallos de dos cabezas y en la mano derecha un multicolor chinchin, minúscula calabaza llena de semillas que al agitarla provoca un peculiar sonido que le da nombre.

Atrás de ellos los tejorones, que persiguen y asustan a los niños con sus tenebrosas máscaras que representan de manera exagerada el rostro de los toong, los habitantes negros de esta zona, a hombres poderosos para hacer de ellos escarnio público, así como animales que parecen inspiración directa del catálogo zoofantástico del artista Francisco Toledo: un hombre vaca, un niño perro, un hombre tigre que se masturba y sodomiza a los tejorones con su fálica cola, la iguana-hombre, el tecolote humano, el zopilote con brazos en vez de alas, entre otros.

Y de frente, sonando su chinchin entra el calistro, el más viejo de los danzantes, quien después de derrumbarse y morir inesperadamente, fue sacado en un ataúd bajo el aplauso, el silencio y la consternación de sus compañeros de baile, quienes por las circunstancias del día, se desprendieron de las máscaras ante el público, violando el anonimato. El grupo se retiró con su muerto y dio paso al Barrio Chico.

 
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