Usted está aquí: miércoles 12 de abril de 2006 Opinión Desazón e impotencia

Arnoldo Kraus

Desazón e impotencia

Desazón, entre otras acepciones, significa pesadumbre, inquietud interior, disgusto, falta de sazón y tempero en las tierras que se cultivan. Impotencia implica, entre otras ideas, falta de poder para hacer algo. ¿Cuáles son los significados al sumar desazón e impotencia? En el mapa del México contemporáneo son muchos los ejemplos.

Dos hechos para ilustrar los vínculos entre desazón e impotencia: El góber precioso Mario Marín en Puebla, y la ley Televisa en todo México y en las manos de nuestro presidente Vicente Fox.

A pesar de que en el corazón de la sociedad mexicana reina un tremendo malestar, por ahora las protestas -a mi juicio escasas ante la magnitud de los agravios- sólo han conseguido exponer cuán soeces, cuán ineptos y cuán interesados son nuestros dirigentes políticos. El fondo, el gobierno de Puebla y la ley Televisa, no se modificará: Marín seguramente regirá hasta el final de su periodo mientras la ley Televisa será aprobada por nuestro Presidente ante el enojo y el azoro de la sociedad mexicana. De poco -o de nada- han servido el descontento y la indignación de la opinión pública y de la inmensa mayoría de los medios de comunicación. ¿Qué sigue?

Planteo tres escenarios. El primero lo constituye el cincuenta o el sesenta por ciento de la población, cuya realidad, por estar constituido por individuos pobres o miserables, no puede ir mucho más lejos de lo que implica sortear "la vida" del día, del día siguiente o, con suerte, de la semana por venir. Sin duda, de ese inmenso bloque los pocos que sufraguen lo harán pensando en las alevosías y en el hartazgo por todo lo relacionado con Puebla-PRI o Televisa-PAN-PRI (más todos los representantes del PRD que votaron a favor de la ley Televisa porque así lo recomendaron sus superiores).

El segundo escenario lo forman los individuos cansados por las sandeces del gobierno del cambio y por las contumaces lecciones de los cuadros del PRI; buena parte de este conglomerado seguramente ha decidido distanciarse de todo lo que tenga que ver con política y entiende, por la fuerza de la repetición, que muy poco puede modificarse en el tinglado de la política mexicana. No votar, aunque sea "políticamente incorrecto", es buena elección para quienes creen que palabras como esperanza, optimismo o confianza son ajenas a la realidad de los estadistas de nuestro país.

El tercer escenario agrupa a quienes tienen la suerte de contar con voz propia y por añadidura con la capacidad de manifestarse e inconformarse. A este grupo le encantaría transformar el rencor y la náusea en acciones que lograsen que Mario Marín no sólo fuera destituido de su cargo, sino que fuera juzgado; asimismo, desearía que nuevas e infames leyes como las que pretenden sepultar a la Ley Federal de Radio y Televisión no tuviesen efecto.

Los tres escenarios son, por supuesto, una simplificación de la geografía mexicana. En los tres, la desazón y la impotencia son realidades insoslayables. La suma de ambas condiciones y los atropellos continuos que sufrimos los ciudadanos mexicanos alientan la insatisfacción y la inquina. A casi todos los habitantes de esta nación nos daría gusto que la justicia confrontase a Mario Marín y que Fox vetase la ley Televisa. Cuando se habla de esos asuntos o cuando se escuchan noticias al respecto dominan el rencor y el hastío. Corren paralelos el ambiente enrarecido y la esperanza como palabra muerta.

Los actos del señor Marín y la falta de dignidad de quienes aprobaron la ley de marras son sólo dos ejemplos de la montaña de agravios que padece la nación. Habría muchos más que destacar, pero ambas vivencias son suficientes para que la desazón y la impotencia sean la tarjeta de presentación de nuestros dirigentes. La falta de tempero del momento político mexicano asfixia no menos que la impotencia de quienes tanto detestamos las acciones de nuestros representantes.

Bueno sería que las calles, al igual que lo que ahora sucede en Francia, se inundasen de manifestantes para exigir que Marín dimita y que Fox actúe como debe hacerlo un Presidente digno y ético: vetando la ley Televisa.

 
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