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Jihad Islámica y Brigadas de los Mártires de Al Aqsa reivindican el atentado

Ataque suicida en Tel Aviv deja 10 muertos y al menos 60 heridos

Israel responde con un bombardeo contra la ciudad de Gaza y una incursión militar en Nablus

Abbas condena la ofensiva; Hamas señala que es "consecuencia natural de la agresión israelí"

THE INDEPENDENT, DPA, REUTERS Y AFP

Ampliar la imagen Policías y paramédicos israelíes atienden a heridos del ataque suicida perpetrado ayer por un palestino de 16 años en la antigua central de autobuses de Tel Aviv Foto: Reuters

Tel Aviv, 17 de abril. Diez personas murieron y unas 60 resultaron heridas durante un atentado suicida perpetrado en la antigua estación de autobuses de esta capital. El ataque fue reivindicado por Jihad Islámica y las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, e Israel respondió con un bombardeo contra la ciudad de Gaza.

El presidente palestino Mahmoud Abbas condenó el atentado y el gobernante movimiento radical Hamas lo consideró como "una consecuencia natural de la agresión israelí". Se trata del atentado más sangriento en Israel desde el cometido por Hamas en agosto de 2004 en Beersheva, sur del país, con saldo de 16 muertos.

Hacia las 13:45 (10:45 GMT), un atacante suicida detonó los explosivos que llevaba atados al cuerpo en una hamburguesería de la antigua estación de autobuses, en el distrito de Neveh Sha'anan, de Tel Aviv, en el día de la celebración de la Pascua judía y unas dos horas antes de la investidura del nuevo Parlamento israelí.

La explosión, que provocó la muerte de nueve personas y la del atacante, así como unos 60 heridos, alcanzó una tienda de comida rápida en la antigua estación de autobuses, una zona muy concurrida.

El atacante suicida fue identificado como Sami Salim Mohamed Hammad, de 16 años, en un video en el que Jihad Islámica asumió la responsabilidad de este atentado y de otros siete. El vocero del grupo, Abu Ahmed, dijo que este ataque fue el primero de una serie de atentados planeados para perpetrarse en territorio israelí.

Otro interlocutor anónimo que dijo pertenecer a Jihad Islámica declaró a medios internacionales que el atentado constituye una respuesta "a las matanzas israelíes y al asedio impuesto a nuestro pueblo" y coincidió con el "día del prisionero".

Otros reportes atribuyeron el ataque a las Brigadas de los Mártires de al Aqsa, vinculado con el movimiento Fatah, del presidente Abbas.

En este contexto, más de tres mil personas se manifestaron en Gaza para solidarizarse con los más de 9 mil palestinos detenidos en Israel, y militantes de las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa amenazaron con atacar a judíos en el extranjero para obligar a Israel a liberar prisioneros palestinos desde sus cárceles.

Apenas ocurrió el atentado, el primer ministro en funciones Ehud Olmert advirtió que Israel "sabrá responder con los medios que sean necesarios".

El ejército y el ministro de Defensa israelí, Shaul Mofaz, aconsejaron a Olmert aislar el norte de Cisjordania del resto de esta región en represalia y a fin de impedir el desplazamiento de palestinos entre la región de Tulkarem y de Jenin, de donde procedía el joven atacante suicida, y las localidades de Nablus y Ramallah, situadas más al sur.

Horas después, Israel bombardeó la ciudad de Gaza. Uno de sus aparatos disparó varios misiles sobre una fábrica metalúrgica, donde el ejército sospecha que se fabrican cohetes caseros que utilizan los militantes palestinos para atacar su territorio.

Tanques del ejército israelí ingresaron a la ciudad cisjordana de Nablus, donde un operativo dejó seis heridos, mientras la policía israelí detuvo cerca de Jerusalén a tres palestinos sospechosos de estar relacionados con el atentado.

Poco antes del ataque, un palestino de 17 años murió a causa de las heridas provocadas por disparos de la artillería israelí en Beit Lahiya, en el norte de la franja de Gaza.

El presidente palestino, Mahmoud Abbas, condenó el atentado que calificó de "operación terrorista" porque "viola el consenso nacional palestino y perjudica los intereses de nuestro pueblo". Pidió a la comunidad internacional que intervenga para poner fin al "grave deterioro" de la situación.

A través del vocero Smi Abu Zohri, el gobertante Hamas definió el ataque como un "acto de autodefensa palestina" y "la consecuencia natural de la continuación de la agresión y del aumento de la violencia israelí".

Hamas no ha realizado atentados suicidas desde hace más de un año como parte del cese el fuego informal con Israel, aunque ha rechazado el reclamo internacional para que renuncie a la violencia y para que reconozca el derecho de existencia del Estado israelí.

También ha asegurado que mientras esté en el gobierno no actuará contra los responsables de ataques contra los israelíes. Todo esto ha hecho que Hamas quede aislado de la escena internacional y en medio de una profunda crisis económica, luego que Estados Unidos y la Unión Europea retiraron el apoyo financiero a la Autoridad Nacional Palestina (ANP).

En este contexto, el ministro palestino de Sanidad, Bassem Naim, lanzó un llamado de urgencia a las organizaciones internacionales mundiales de salud y a los defensores de los derechos humanos para evitar una "crisis humanitaria y sanitaria" en el pueblo palestino.

Qatar, por lo pronto, anunció una donación de 50 millones de dólares a la ANP, un día después de que Irán ofreció una cantidad igual.

Bajo la sombra del atentado, los 120 nuevos miembros del Parlamento israelí prestaron juramento. En el discurso de apertura, el presidente de Israel, Moshe Katzav, hizo un llamado al gobierno que formará Olmert para que avance en el proceso de paz y al mismo tiempo siga su lucha contra los militantes palestinos.

 
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