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Antonio Ortiz Gritón

El nuevo y kafkiano CNCA

Después del vergonzoso ''análisis", ''discusión" y aprobación de la Ley de Radio y Televisión por la Cámara de Diputados, a partir de este martes 18 de abril toca el turno a la ''Ley de Coordinación para el Desarrollo Cultural". A la luz de su lectura y sin lugar a dudas, esta ley de cultura se constituye en una de las más emblemáticas obras de la literatura kafkiana.

En el mundo kafkiano planteado por esta ley, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CNCA) pasa a ser un órgano desconcentrado de la Secretaría de Educación Pública (SEP), igual que el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y, por consiguiente, cargando desde ahora con toda la problemática de ineficiencia, falta de presupuesto, obsolescencia y despotismo que tanto ha criticado la comunidad científica a este último.

Como todo proyecto kafkiano, gracias a esta ley el CNCA triplicaría su ya de por sí grueso aparato burocrático, además de centrar en una sola persona -el presidente del CNCA- todo lo concerniente a la política cultural del país, ya que le da el carácter de funcionario plenipotenciario que tiene la capacidad de nombrar y remover al capricho de sus propios intereses a directores y funcionarios de los institutos nacionales de Antropología e Historia (INAH) y el de Bellas Artes (INBA), y de cualquier otro organismo cultural federal; disponer a su antojo de todo el patrimonio cultural de los mexicanos para su explotación turística (welcome to Tulum Disneyworld), decidir lo que es y no es ''mediana o pequeña" industria cultural y un larguísimo etcétera.

Una perla kafkiana de esta ley es la transformación del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) en un fideicomiso de cuyos dineros puede disponer el presidente del CNCA sin tener que rendir cuentas a nadie (actualmente ''aunque sea" le rinde cuentas a la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados).

Pero además de incursionar en el género de lo kafkiano, también se abunda en lo surrealista: los diputados, de aprobarse esta ley, crearán un CNCA compuesto únicamente por una cabeza -la de su presidente- y dos órganos extremadamente burocráticos y sin peso real alguno en la toma de decisiones (un ''Observatorio Cultural" y un ''Foro Nacional de Cultura"), pero totalmente desprovisto de ''cuerpo" alguno; esto es, no se fijan ni la estructura ni las reglas ''internas" de su funcionamiento.

''Sabiamente", los diputados dejarán el espinoso tema de la creación de la estructura y reglas de operación del CNCA, por ''ley", a la imaginación del actual secretario de Educación Pública, quien obviamente delegará esta tarea en algún ''secretario técnico".

¿Qué espantosa y antidemocrática será la ''nueva" estructura del CNCA, que ni siquiera los legisladores se atrevieron a plasmarla en el articulado de esta ley?

Para cerrar con la escena surrealista, durante esta semana veremos también en grandes desplegados el sorprendente apoyo a esta kafkiana ley, de decenas de sociedades autorales, muchas de dudosa reputación, como la de intérpretes y compositores (liderada por el propio Filemón Arcos, ex vocalista del grupo Los Joao y actual presidente de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados), la Nacional de Actores, la de artistas plásticos y una desconcertante general de escritores.

Un apoyo que no es gratuito, ya que después de esta ley viene una serie de reformas a la Ley de Derechos de Autor, presentadas por el senador panista Herbert Pérez, tendientes a legalizar la llamada ''copia privada" al aplicársele un impuesto -de alrededor de 0.6 por ciento- a todo dispositivo de almacenamiento de información (discos vírgenes, reproductores digitales, teléfonos celulares, discos duros y computadoras portátiles, fotocopiadoras, etcétera); impuesto que es bienvenido, pero que sin embargo será destinado directamente a las arcas de estas sociedades autorales que no representan a la mayoría de artistas y creadores del país.

Finalmente, cabría mencionar que en todos los foros que sobre la ley de cultura se han organizado durante los pasados dos años, las conclusiones siempre han sido acerca de la necesidad de realizar un diagnóstico nacional de la actividad cultural, por la propia comunidad cultural, antes de redactar ley cultural alguna.

En la ley que ahora se ''discutirá", se menciona que este diagnóstico lo realizará ''algún día" este nuevo y kafkiano Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

¿Hasta cuándo la sociedad civil tendrá que seguir enmendándole la plana a nuestros actuales legisladores? ¿Hasta cuándo comenzarán a realizar su trabajo de manera profesional y responsable?

 
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