Usted está aquí: domingo 23 de abril de 2006 Opinión El arte del cuento

Vilma Fuentes

El arte del cuento

El leve aleteo de una mariposa en un rincón del mundo puede provocar un terremoto al otro extremo del planeta, reza un antiguo pensamiento chino. Cambiar, así, el curso de la Historia, y no sólo la de nuestra especie, tan efímera, sino también la de los astros. Escurridizas como las gotas de agua, las consecuencias de nuestros actos escapan de nuestras manos. El mar no es otra cosa: gotas de agua.

Michael Boulgakoff, en El maestro y Margarita, nos descubre, a la vez con una lógica insensata y una lúcida ironía, los nimios y casi imperceptibles motivos de hechos en apariencia triviales que desencadenan huracanes humanos, cambios en la faz de la Tierra, muertes, catástrofes, milagros. El diablo tiende sus trampas oculto tras esos parpadeos, agazapado, acechante, jugador de ajedrez, previendo, con una risa sorda, la serie de jugadas que necesariamente seguirán sin que nada ni nadie pueda modificarlas ni escapar a sus consecuencias. Acaso sólo el amor pueda remediar lo ineluctable, pues los dioses se han atado las manos al conceder el libre arbitrio, situándose en el terreno inmóvil de la esperanza. Boulgakoff arranca las carcajadas diabólicas de la divinidad, inocentes como el hombre y la mujer en el Paraíso: una botella de leche se derrama, un hombre va a resbalarse y morir, y su muerte, ¡tan poco importante!, va a variar el curso de los eventos en Moscú...

Logiques de l'ombre (La Différence) de Colette Lambrichs, un sugerente y tentador libro de relatos breves, proviene de esta genealogía literaria: la vida transcurre rutinaria, sin sorpresas ni saltos abruptos, apenas un sueño, un alto breve, una señal invisible a otras miradas, un recuerdo que surge de repente antes de volver a abismarse en los sótanos de la memoria, un paseo por la playa, una visita al zoológico, una revelación tardía cuando ya no sirve para nada, la muerte como algo cotidiano, la vida ya detrás, la espera del final como el único encuentro aún posible y sorpresivo, la locura obediente a una lógica implacable.

Los cuentos y relatos que forman Logiques de l'ombre son cortos, dos, cuatro páginas. La escritura es sobria, cada palabra cargada a su máximo de significado, el estilo sincopado, la rapidez inmóvil. Lambrichs no desperdicia sus frases: cada una nos informa de algo decisivo, insoslayable, a la vez superfluo y necesario, frívolo y serio. El humor no arranca la carcajada, sólo una sonrisa que se fija en los labios un buen momento: la risa silenciosa de la reflexión sobre la inutilidad de la existencia. La vida como un asombro permanente de estar aquí, de seguir aún aquí. No se puede sino sonreír ante esa broma infinita. Así sea rechinando los dientes.

Cada relato propone un enigma que se resuelve... en otro enigma. Uno de sus personajes decide llevar a cabo un sondeo antes de tomar una decisión para cada acto de su vida: levantarse de la cama, por ejemplo. Las cifras se acumulan en un cuaderno durante todo el día, pues los resultados del sondeo cambian hora tras hora en ella misma y, más misterioso todavía, hay una buena parte del porcentaje que se pierde en forma creciente. Le Dictionnaire, un cuento que me recordó a Alberto Gironella cuando mostraba con una falsa modestia el diccionario del Surréalisme donde aparece su nombre. Diccionario que cargó a la Prefectura de policía para solicitar su permiso de residencia en Francia, creyendo que hallarse en sus páginas bastaba para ser identificado y recibir la credencial que lo autorizaría a residir legalmente en este país. El relato de Lambrichs es notable y, de detalle en detalle, paso a paso, a la vez lento y rápido, nos arrebata a una región de nombres y palabras donde la lógica es regida desde las sombras.

Aleteos, murmullos, suspiros, débiles deseos pueblan este libro de relatos que, en el instante de un parpadeo, dan un giro de 180 grados a la existencia. La fuerza de esos lapsos apenas perceptibles es la fuerza oscura del silencio de las sombras que ningún escándalo, tan pronto olvidado, puede alcanzar. ¿No escribió Nietzche, como tantas veces repitió Jean Beaufret a Jacques Bellefroid: "Los pensamientos que conducen el mundo llegan en las patas de una paloma"?

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