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Paco Ignacio Taibo II recupera 30 años de narrativa en su libro Sólo tu sombra fatal

''Sin humor negro, la literatura mexicana sería un cadáver''

Es el gran instrumento que inventamos para defendernos, por el camino del exorcismo, de una realidad macabra, manifiesta el escritor

La obra se presenta hoy en el Centro Cultural España

ANGEL VARGAS

Ampliar la imagen Sólo tu sombra fatal ''es un libro indispensable para la educación sentimental de los lectores'', bromea Paco Ignacio Taibo II durante la entrevista con La Jornada Foto: Roberto García Ortiz

Sin el humor negro, la literatura mexicana sería un cadáver. De ello está convencido el escritor Paco Ignacio Taibo II, quien, más que nunca, deja patente esa forma de pensar en su más reciente libro, Sólo tu sombra fatal.

Publicado por Ediciones B, ese volumen es una especie de alacena literaria en la que se recopilan relatos breves, cuentos y tres novelas cortas escritos a lo largo de las tres décadas pasadas.

Historias de imaginación desbordada en las que, por ejemplo, un grupo de mexicanos residentes en Nueva York roba el monolito de Tláloc, del Museo Nacional de Antropología, para que llueva en esa urbe; o las manos de un judicial que huelen a muerte, merced al embrujo de una trabajadora bancaria.

Lenguaje desenfadado y directo

Sólo tu sombra fatal incluye textos de escritura libre y aguda crítica social entre líneas, varios de ellos hilarantes, en los que se exploran y experimentan diversos recursos y formas literarios, con un lenguaje desenfadado y directo.

''Es un libro indispensable para la educación sentimental de los lectores", bromea Taibo II en entrevista con La Jornada, a propósito de la presentación de su libro, que tendrá lugar hoy a las 19 horas en el Centro Cultural España (Guatemala 18, Centro Histórico), con la participación de Jaime Avilés y Benito Taibo, entre otros.

''Debo confesar -señala Taibo II- que este libro me gusta mucho; decirlo es un pecado de vanidad horrible, pero cuando estuve preparando la edición, hace tres o cuatro meses, me dije: ¡chale, me gusta mucho!, ¿gustará igual a los lectores o ya tengo perdida la brújula totalmente?"

-¿Tal satisfacción será porque este material le sirvió de descanso de otros trabajos más estrictos, como los de índole histórica?

-¡Esta -dice con un ejemplar en mano- es la pura fiesta, compadre! No lo había pensado, pero evidentemente son textos que me sirvieron de distracción.

''Salir de una experiencia de trabajo de tres años deja a uno quemado, y esto (los textos) fue la alegría de escribir y al mismo tiempo la visión crítica de una sociedad. Me pone de muy pinche mal humor lo canalla que puede ser este país, y eso está dicho en este libro, mirado de frente."

-Los relatos y las tres novelas parecen un carnaval de irrealidades muy reales, cuando menos en la vida cotidiana en México.

-Vivimos en el surrealismo y hay que mirarlo de frente. Siempre he sostenido una idea muy simple: la literatura mexicana, sin humor negro, es un cadáver.

''El humor negro es el gran instrumento que los mexicanos inventamos para defendernos, por el camino del exorcismo, de una realidad macabra. 'Detente, Satán maldito, no abuses de tu poder, si tú me quieres joder, a mí me pelas el pito': esa ejecutoria es el eje de este libro. El hecho de que se titule como una canción de Cuco Sánchez lo deja clarísimo".

Una mirada de anteayer

-Resalta el uso del lenguaje que usted emplea: coloquial y directo, desgarbado, hablando al chile, pues.

-Una literatura como la policiaca tenía un problema de origen si quería hacerse en América Latina y tener credibilidad, el cual consiste en que si uno, como escritor, no podía hacer el corte social horizontal, no podía quedarse en un sector de la clase media.

''Nací como escritor en una época en la que mis compañeros y amigos, los escritores de la onda, se movían en un circuito muy limitado en términos de lenguaje. Era el lenguaje de las clases medias de la Narvarte y la Del Valle.

''Para mí, uno de los detalles de la novela negra era que te llevaba de los palacios a la villa miseria, cortaba diagonalmente a la sociedad. Pero no sólo la cortaba en términos de paisaje o geografías, sino también de lenguaje. Había, pues, que recuperar todos estos lenguajes coloquiales.

''Hice un esfuerzo por reconstruir cómo el mexicano, frente al shock, habla como Cantinflas, quien creó una manera de no decir nada diciendo muchas palabras, que luego los políticos priístas adoptaron absolutamente."

-La revisión que hizo para publicar el libro, con la mirada de hoy, ¿no representó cierta traición a la naturaleza de textos que fueron hechos en el pasado?

-No existe la mirada de hoy; tengo la de anteayer. Sigo perdido en viejas historias. Cuando te dedicas tres años a hacer historia, vives en el pasado; uno voltea y en lugar de ver un autobús se ve en un tranvía.

''Cuando fui a estos cuentos, el México o el mundo que relatan no se ha desvanecido. A pesar de que aquí hay 30 años de narrativa, no me dio la sensación de viejo. No fue a hacer la arqueología de Taibo II; ¡ni madres! Estas historias siguen vivas, en términos de narrativa."

-¿Hasta qué punto es deliberada la crítica social que puede leerse entre líneas en gran parte de los textos?

-Siempre la hay; soy el que soy y no puedo escapar de eso, ni lo quiero: no hago literatura para clases medias bien pensantes que votan por el PAN; no voté por Fox, así que no tengo que arrepentirme de tal acto de barbarie.

''No hago concesiones en mi literatura para vender más. Uno no experimenta para llegar a más gente. No me interesa ese tipo de literatura windows del best seller.''

 
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