Usted está aquí: martes 9 de mayo de 2006 Opinión San Salvador Atenco: el derecho a la protesta

Magdalena Gómez

San Salvador Atenco: el derecho a la protesta

En nuestro país, como se ha señalado para América Latina, el derecho acostumbra hacer lo que no debe: maltrata a quienes debe cuidar, persigue a quienes debe proteger, ignora a quienes debe mayor atención y sirve a quienes debe controlar. Si graves resultaron los enfrentamientos provocados por la decisión municipal texcocana de impedir con el uso de la fuerza pública que ocho vendedores de flores se asentaran en una calle, a sabiendas de que el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra de Atenco les apoyaba y saldría en su defensa como lo hizo, más graves aún son las abrumadoras violaciones a derechos humanos perpretadas contra habitantes de San Salvador Atenco y la escalada desatada para encarcelar a sus líderes y simpatizantes.

Llama la atención en especial que a Ignacio del Valle lo ubicaron en un penal de alta seguridad acusado de "secuestro equiparado" y nos enteramos de que al grueso de los detenidos los acusan de "delincuencia organizada". Este líder fue sacado con violencia de la casa donde se encontraba sin que mostraran orden de aprehensión ni de cateo y después justificaron su detención con unas órdenes, que supuestamente existían desde febrero pasado.

Ni qué decir del linchamiento mediático, sobre todo en televisión, donde pasaron unas imágenes y otras no, policías golpeados antes que ciudadanos pisoteados. Y nos hablaban de lo ilegítimo que resulta recurrir a "la violencia" sin consideración crítica alguna a la desproporción de la fuerza pública empleada y al desatino de meter policías en un asunto que requería más y más negociación. En este escenario era también previsible que la otra campaña habría de apoyar al Frente en Defensa de la Tierra, pues es parte de la misma.

En pocas horas desde el Yunque-gobierno se posicionaron en defensa, dicen ellos, del Estado de derecho, afirmando satisfechos que nadie puede estar por encima de la ley, y a Peña Nieto se le olvida su tutor Montiel y a Fox los desesperados esfuerzos por impedir que se esclarezcan los negocios de los Bribiesca Sahagún. Y en ese clima, a río revuelto, Calderón se apresta a señalar que su contrincante más fuerte está con los que violan la ley porque desde el Gobierno del Distrito Federal defendió al "México profundo", mientras Madrazo va aún más lejos y abre fuego contra el EZLN y el subcomandante Marcos señalando que está violando la ley de amnistía. En ese contexto, desde Guanajuato López Obrador señaló respecto al conflicto en Atenco: "El camino de la violencia no conduce a nada, hay que dialogar, dialogar, dialogar y dialogar. Hay que tener paciencia y no utilizar la fuerza pública, porque la violencia genera más violencia".

No es novedad el uso faccioso del derecho y la invocación de la ley. Recordemos que los grandes líderes en la historia de nuestro país han sido luchadores sociales a los que el poder, en su momento, se sirvió del derecho para criminalizarlos.

Por ello es importante que enfoquemos la actual escalada con un lente que permita ubicarnos todos y todas de cara a los derechos constitucionales fundamentales, dentro de los cuales, siguiendo a Roberto Gargarella, el primer derecho es el derecho a la protesta, pues es el que permite luchar por los otros derechos, siendo conscientes de que vivimos en un país con profunda desigualdad, con amplios márgenes de impunidad, con una democracia precaria e incipiente. Los campesinos de Atenco no se han movilizado por gusto; es la necesidad de defender sus derechos lo que a ellos y a los demás movimientos les ha servido de motor. Ni qué decir del EZLN, al que el Estado reconoció que su levantamiento obedeció a causas legítimas y justas que deberían resolverse y en lugar de ello les ha querido dar gato por liebre.

Así que el lente que el Estado debería utilizar para acercarse a estos movimientos es el constitucional antes que el penal, pues es su deber proteger la protesta en lugar de acallarla. Requerimos un vuelco en la mirada para enfocar el derecho desde las personas antes que desde el Estado. Sólo desde ahí podremos sentirnos todos y todas agraviados por los atropellos y delitos oficiales de que están siendo objeto los detenidos en Atenco; sin conocer de qué se les acusa, han sido incomunicados; muchos están muy golpeados, hay mujeres violadas, no se les han respetado las mínimas garantías y el clima de intimidación para todo el pueblo de Atenco sigue creciendo. Se difunden declaraciones contra los líderes obtenidas sin condiciones de paz para la libre expresión.

Nada de esto es inocente: desde el Yunque-gobierno se han calculado puntualmente los efectos políticos que tendrán las movilizaciones por la liberación de presos. A corto plazo apuestan a impactar el proceso electoral y abonar el voto del miedo, y a futuro pretenden inhibir la protesta social y estigmatizarla como ilegal y violenta.

 
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