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LA MEGABIBLIOTECA

Del mar de BCS a la selva de concreto, nueva vida a una ballena

La obra carece de nombre; "tengo que verla flotando" sobre los estantes de libros para precisarlo, afirma

El "proyecto cultural del sexenio" será inaugurado el próximo martes

MERRY MACMASTERS

Ampliar la imagen La cabeza de la ballena luce ya los diseños creados por el artista visual Foto: Cortesía Gabriel Orozco y Galería Kurimanzutto

Un viaje jamás imaginado está por concluir. Cuando aquella ballena gris murió en Isla de Arena, en la Reserva de la Biósfera del Vizcaíno, en Baja California Sur, cómo saber que sus restos tendrían una segunda vida. Es decir, renacerían como el ave fénix de las blancas arenas para convertirse en una escultura creada por el artista visual Gabriel Orozco, para seguir nadando, pero ahora en las inmensidades interiores de la nueva Biblioteca de México José Vasconcelos, que será inaugurada el 16 de mayo.

Cuando el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes se comunicó inicialmente con Orozco con el fin de que hiciera una escultura para el llamado "proyecto cultural del sexenio", el artista les contestó que no hacía encargos. Inclusive, como pasa mucho tiempo fuera del país, tardó en conocer la biblioteca. Además, quería ver la construcción avanzada para sentir el espacio.

A la hora de visitar la construcción, que recorrió con el arquitecto Alberto Kalach, el escultor y fotógrafo se entusiasmó. En cuanto vio la gran nave se le vino la idea del esqueleto de la ballena flotando allí. Propuso esa idea que fue aceptada de inmediato.

El próximo paso fue encontrar el esqueleto. Orozco y otras personas viajaron a Guerrero Negro, una pequeña localidad próxima al Parque Natural de la Ballena Gris. Allí, buscaron y encontraron un esqueleto de 12 metros de largo, que excavaron y recuperaron prácticamente completo. Solo hubo necesidad de reconstruir las falanges de una aleta.

Los 137 huesos que acompañaban el esqueleto fueron trasladados a la ciudad de México. Desde el 21 de marzo pasado la antigua estación de trenes de Buenavista, ubicada a un costado del terreno donde se levanta la biblioteca, de pronto se convirtió en el taller de Orozco. A partir de entonces el artista y un equipo que en este momento es de 30 personas, trabajan en un par de cuartos localizados atrás del área de taquillas.

Para entrar a ver lo que viene a ser la primera comisión pública de Orozco, había que decir "vengo a ver la ballena". Al oír esas palabras mágicas los policías de la entrada esbozaban una sonrisa y dejaban pasar al visitante.

El cráneo, las costillas, vértebras, y demás osamenta, tuvieron que ser catalogados, limpiados y consolidados. También hubo que diseñar una estructura metálica para sostener el mamífero sobre la megabiblioteca.

Hace una semana empezaron a montar la escultura, primero, la espina dorsal, luego las vértebras. Ahora, trabajan en fijar las costillas, una parte que todavía no ha dibujado el artista. Para entonces, Orozco había decidido intervenir la pieza con grafito, igual que hizo con el cráneo titulado Papalotes negros (1997), una de sus obras más conocidas.

Reconfigurar el objeto real lo revela de una manera "más evidente, más poderosa", asegura y ejemplifica con la intervención que hizo al coche Citroen para la obra La DS (1993).

La obra aun no tiene un nombre. "Benita primavera" es simplemente un apodo que el equipo le dio para llamarle de algún modo. Orozco quiere verla montada, será entonces cuando tendrá "más claro" el título. "Tengo ideas -adelanta-. La palabra turbulencia me gusta, la idea de aros y anillos, porque la ballena está dibujada con base en esos elementos. Pero, primero tengo que verla flotando en medio de los libreros, porque todavía no la veo armada completamente".

Sin revelar cuánto se le está pagando por el proyecto, asegura que es una cantidad "bastante modesta, normal". Explica: "No es barata la expedición para ir a recolectar un espécimen así. Lleva mucho tiempo y se necesitan de especialistas. Nada más para dibujar tengo 12 estudiantes de arte, aparte los herreros de la estructura, un restaurador profesional, un paleontólogo. Es un proyecto grande y en eso se fue parte del dinero. Por eso, me imagino, no hay otro en México, en un museo".

Recuerda que una ballena es propiedad federal: "No es algo que pueda uno vender. No vivo de eso. No hago comisiones públicas. Sé que por allí han rumorado cosas. Creo que es importante cobrar honorarios normales por un trabajo al que le he dedicado seis meses. Pero, no lo estoy vendiendo como un objeto artístico, digamos. Es más como un pago de honorarios por una chamba".

 
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