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En el estado había 15 mil; hasta 40% se han ido a Zacatecas y Nayarit a emplearse "de lo que sea"

El hambre obliga a miles de huicholes a emigrar de Jalisco

La mayoría carece de empleo; por la sequía han perdido hasta 90% de sus cultivos agrícolas

JAVIER SANTOS CORRESPONSAL

Ampliar la imagen Huichol del pueblo de San Sebastián, municipio de Bolaños, Jalisco. A la derecha otro wixarica, en una zona deforestada en San Andrés Cohamiata Foto: Carlos R. Mamahua y Marco Pelá

Ampliar la imagen Huichol del pueblo de San Sebastián, municipio de Bolaños, Jalisco. A la derecha otro wixarica, en una zona deforestada en San Andrés Cohamiata Foto: Carlos R. Mamahua y Marco Pelá

Puerto Vallarta, Jal., 13 de mayo. Caminan hasta cinco horas por laderas que parecen interminables y, si bien les va, de aventón o en el camión comunitario que sube dos veces por semana a San Andrés Cohamiata, en apenas accesibles brechas de terrracería.

Ni soñar viajar en avioneta, otro medio en el que puede llegarse a la Sierra Madre Occidental, ubicada unos mil 400 metros sobre el nivel del mar y donde se calcula que viven entre 28 mil y 30 mil huicholes, o wixaricas, la mitad en Jalisco y el resto en Nayarit, Zacatecas y Durango.

De los cerca de 15 mil indígenas que viven en Jalisco, se calcula que, "por hambre", entre 35 y 40 por ciento han dejado sus casas de adobe y viajado a Zacatecas, sobre todo a Fresnillo, y Nayarit, en los municipios de Compostela, San Blas y Ruiz, pues en sus comunidades carecen de empleo y debido a la sequía perdieron alrededor de 90 por ciento de sus cultivos de maíz, calabaza, sandía, frijol y amaranto, entre otros productos agrícolas.

"Los animales que tenemos se están muriendo de sed; las milpas y todos los cultivos de la región wixarika se secaron", dice Mauricio Ramírez de la Cruz, presidente del Consejo de Vigilancia de la localidad.

Eso hace pensar lo peor a los huicholes, pues consideran que de seguir la sequía, llegará la hambruna a sus comunidades y se acelerará la migración de los indígenas, quienes sacian su sed en los ojos de agua, pues los arroyos y ríos se están secando.

Florencio López Carrillo, regidor del municipio de Mezquitic, quien junto con aproximadamente 80 indígenas "bajan" a Puerto Vallarta para comercializar sus artesanías y paliar la crisis que viven, relata que la falta de lluvias no solamente ha afectado el agro, también la ganadería, y no descartó mortandad de reses.

De ahí que Zacatecas y Nayarit, además del municipio jalisciense de Puerto Vallarta, se hayan convertido en centros receptores de esta etnia, donde laboran "en lo que caiga. En Fresnillo trabajan en la faena, de sirvientes o en lo que les ofrezcan por ahí", dice el edil originario de San Andrés Cohamiata; en Nayarit laboran en el campo o comercializan sus artesanías desplazándose por toda la costa.

Aunque en menor proporción, tampoco escapan de emigrar a Estados Unidos, como los familiares de Enrique de la Cruz González. "Se fueron hace cinco años en busca de trabajo; allá se casaron y no pueden venir, además pa'qué, aquí ya no hay chamba".

En estas entidades, sobre todo en Nayarit, son explotados, pues a la mayoría no les pagan salario digno, tampoco tienen prestaciones sociales, inclusive algunos regresan a sus pueblos "morirse", sobre todo los que trabajan en la zona agrícola de Nayarit, que van a la sarta del tabaco corte de jitomate, por tener contacto con los plaguicidas, lo que "es triste y preocupante", ya que "traen muchas enfermedades", narran pobladores de San Andrés Cohamiata.

La situación se complica porque muchos padres de familia tienen que llevar consigo sus hijos y éstos deben a su vez dejar casas y escuela para refugiarse o hacinarse en viviendas.

También algunos de esos indígenas, que gastaron dinero y esfuerzo para trasladarse fuera de su territorio, "ya no quieren regresar. Allá se quedan a vivir y no quieren tampoco hablar en su lengua materna, ni siguen sus costumbres ni ceremonias, tampoco visten su traje típico", dice Rosalío Rivera Sánchez, integrante del consejo de ancianos de San Andrés Cohamiata.

"La juventud cambia. Los jóvenes que estudiaron presumen que ya no saben hablar wixarika, y muchos deciden no regresar a su comunidad. Eso es preocupante."

Pese a los duros momentos que enfrentan por la pérdida de cultivos, Rosalío reflexiona: "Tenemos bastante terreno bueno, lo que nos falta es, no sé si capacitación o preparación. Tenemos naturaleza, buena agua", aunque "ahorita nos fue mal por la sequía pero no nos vamos a quedar con los brazos cruzados y si tenemos que cumplir algún compromiso lo haremos; pero ya estamos con la conciencia de que debemos trabajar para sobrevivir".

Guadalupe Flores, delegado de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas para Jalisco y Colima, dijo que en 2005 gran parte de los indígenas de Jalisco no emigraron hacia Nayarit, porque se inyectaron en esa área unos 58 millones de pesos en "proyectos alternativos", cuyo propósito es evitar que salgan de sus comunidades.

Electrificación, agua potable y caminos fueron los rubros más favorecidos, sin soslayar el incremento de albergues educativos indígenas.

Señaló que si bien actualmente están emigrando por la sequía, otro factor por el que se van es por visitar sus lugares "sagrados" a San Blas, San Luis Potosí, Chapala y Zacatecas, lo que para el funcionario "es la migración cultural".

 
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