Usted está aquí: domingo 14 de mayo de 2006 Opinión Estrategia energética para el óptimo nacional

jose Antonio Rojas Nieto

Estrategia energética para el óptimo nacional

Contrariamente a lo que parece pensarse en los medios oficiales del área energética, México necesita a América Latina. Y en este terreno la necesita mucho. Una buena estrategia energética debiera contemplar vínculos estrechos con países hermanos de la región. De una u otra manera, con todos. Si reflexionamos con cuidado, no podemos menos que reconocer la necesidad del gas natural de Bolivia. Y para lograrlo respetuosa y justamente -asuntos por demás delicados- se necesita la autorización de la salida al Pacífico de este gas de Bolivia, sea en Chile (lo más simple y barato a decir de quienes han estudiado el asunto), sea en Perú. Pero también necesitaremos la tecnología petrolera de aguas profundas que ya domina Brasil. Y el carbón de Colombia. Incluso -que nadie se espante por esto- el petróleo, el gas natural y el carbón de Venezuela. Y el gas natural de Trinidad y Tobago. Y con Cuba hay mucho que hacer. Y con Panamá también. Asimismo con Ecuador y con Perú. Por eso...por eso no hay que abandonar la astucia... mucho menos la prudencia.

¡Es tan fácil hablar por hablar y, más aún, ofender por ofender! ¡Y tan difícil pensar y actuar bien! Y -cuando sea preciso- criticar a fondo! Pero a fondo es a fondo. Las ideas, los proyectos, las concepciones. Para mostrar su inconveniencia, su inviabilidad. Y proponer alternativas. A confesión de parte, relevo de pruebas. Ahí esta la reciente entrevista en Viena entre el presidente Evo Morales y el presidente Vicente Fox. Y recuerdo lo de la astucia porque necesitamos, nos urge, el diseño y la instrumentación de una estrategia de desarrollo energético de mediano y largo plazos. Y nos urge la estabilidad institucional en nuestro sector de energía. Y esta pasa por cierta estabilidad personal.

En cinco años no menos de 15 personas circularon en los puestos estratégicos de la Secretaría de Energía (Sener). Incluidos, desde luego, cuatro secretarios: Ernesto Martens, Felipe Calderón, Fernando Elizondo y Fernando Canales. Pese a las diferencias que se pueden y deben plantear, ha habido más estabilidad en el mando petrolero. También en el eléctrico. Pero ni Pemex ni la CFE tienen la responsabilidad de definir la estrategia energética. Ni siquiera las estrategias específicas de su área. Estas deben ser fruto de una visión amplia, integral, coherente, que contemple, como lo exige el mandato constitucional de los artículos 27, 28 y 25, el más eficaz manejo de recursos naturales y de áreas estratégicas.

Pemex y la CFE deben estar en una estrategia orientada a obtener -si se me permite decirlo en los términos acuñados por quienes pertenecemos al ya registrado organismo no gubernamental Observatorio Ciudadano de la Energía- el óptimo nacional. Ese que se desprende de manera natural de esos tres artículos constitucionales todavía fundamentales para nuestra identidad nacional. El 27 de la propiedad originaria de los recursos naturales. El 28 del control nacional de áreas estratégicas. Y el 25 del desarrollo económico nacional, integral, sustentable y que fortalezca la soberanía. La Constitución es muy clara al respecto. El Estado debe tener los organismos que explotarán, entre otros, los hidrocarburos. Y se dotará de los organismos necesarios para el eficaz manejo de las áreas estratégicas, hidrocarburos y electricidad entre ellas. Y lo hará en el marco de una visión integral y sustentable. Esta es la responsabilidad primordial de la Secretaría de Energía (en el Observatorio proponemos que esa responsabilidad se dé a un consejo o una comisión nacional de energía, coordinados, desde luego, por el secretario de Energía).

La Sener debe diseñar y someter a aprobación y consenso nacional una estrategia de desarrollo energético que busque ese óptimo nacional. Y también a evaluación periódica. Y en esa estrategia debiera contemplarse un acercamiento respetuoso a Bolivia, Brasil, Colombia, Cuba, Ecuador, Trinidad y Tobago y Venezuela, entre otros países hermanos.

Para el caso de la querida Bolivia -país de amigos entrañables, de tres lenguas oficiales (español, quechua y aymara) y de casi nueve millones de habitantes- una atención cuidadosa para quien se considera que nos abastezca gas natural en los siguientes 15, 20, 30 años. Según la prestigiosa revista especializada Oil and Gas Journal, Bolivia sólo cuenta con 400 millones de barriles de reservas de petróleo (anualmente consume poco más de 18 millones), pero tiene reservas probadas de gas natural cercanas a 25 mil millones de pies cúbicos, terceras en América Latina, luego de Venezuela (150 mil millones) y de Trinidad y Tobago (26 mil millones). Y hoy produce cerca de mil 300 a mil 400 millones de pies cúbicos al día. Consume 180 millones. Y exporta entre 850 y 950 millones a Brasil y alrededor de 250 millones a Argentina. En perspectiva, podría producir cerca de mil millones más y enviarlos al exterior por el Pacífico, parte de ellos a México. Por eso la importancia de la querida salida a la mar. Y del acuerdo con Chile o Perú. Y cito este caso sólo a manera de ejemplo.

Es indudable que mucho nos falta esa estrategia nacional energética. Se escucha a los candidatos dar ideas en el terreno energético. Pocas, por cierto. Unas coherentes y otras no tanto. Pero nadie hasta hoy ha señalado la urgencia del diseño de esta estrategia. Y menos aún de la necesidad de un consenso nacional respecto de ella. Quedan cerca de seis semanas para que se escuche un planteo así. Nunca es tarde para hacerlo. Ni el endiosamiento con el capital privado en energía, ni mucho menos la fantasía de los mercados en electricidad, suplirán esa necesidad. Nos urge esa estrategia nacional. Necesitamos ese óptimo nacional. De veras.

NB- ¡Qué dolor lo de Pasta de Conchos! ¡Qué pena lo de Lázaro Cárdenas! ¡Qué vergüenza lo de Atenco! ¡Qué rabia la ofensa y la vejación a las mujeres! Y de eso, ni siquiera el Cardenal dijo algo. Nada. No le importó.

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