Usted está aquí: domingo 21 de mayo de 2006 Política Las encuestas y las trampas

Antonio Gershenson

Las encuestas y las trampas

El tránsito de las encuestas de marzo a abril publicadas por Consulta Mitofsky (patrocinador: Televisa) nos dice que Andrés Manuel López Obrador bajó, en posibles votantes, de 38 a 34 por ciento del total, y que Calderón, al contrario, subió en el mismo lapso de 31 a 35 por ciento. Vamos a considerar, por lo pronto, sólo una de las variables que condicionan el resultado: cuántos encuestados tenían ingresos bajos, medios y altos. Nos basamos en la publicación completa del encuestador, disponible en su página de Internet.

Vamos a ver cómo estuvo la distribución de preferencias en marzo de 2006, como punto de partida. En ese mes, se logró mayor congruencia entre las diversas encuestadoras que en otros meses, y también en la mayoría de los casos hubo congruencia con encuestas anteriores. Vamos a considerar sólo a los dos candidatos con más votos, pues el lejano tercer lugar, Madrazo, no cuenta en lo que queremos analizar y mostrar.

Dentro de los encuestados con cero a tres salarios mínimos de ingreso, AMLO tiene 36.4 por ciento de preferencias, y Calderón sólo 28.7 por ciento. El rango intermedio, de tres a siete salarios mínimos de ingreso, da 42.4 por ciento de preferencias a AMLO y 30.1 por ciento a Calderón. Hasta aquí vemos diferencias muy importantes en favor de AMLO. La diferencia en el estrato intermedio es incluso mayor que en el de bajos ingresos. Como la población de bajos ingresos es mayor, su intención de voto es decisiva.

Para los encuestados con ingresos superiores a siete salarios mínimos, el resultado es muy diferente. Calderón tiene 41.2 por ciento de preferencias, y AMLO 32.4 por ciento. Es importante hacer notar que en la edición de abril no se presenta clasificación de nivel de ingreso, en cuanto a opiniones, aunque sí en cuanto al porcentaje de encuestados por grupo. De ahí el resultado final citado para marzo es 38 por ciento para AMLO, contra 31 por ciento por Calderón.

En la encuesta de abril ya cambió la composición de la gente en cuanto a sus ingresos. Foxilandia. En marzo, el nivel socioeconómico "bajo" era de 61.3 por ciento. Ya en abril, bajó a 51 por ciento. ¿Cuántos se sacaron la lotería? Tenemos 20 por ciento menos pobres en un mes.

Pero es claro que esa reducción de pobres baja los votos en favor de AMLO, pues sus votos eran mayores que los de los otros candidatos. Esta trampa puede haber contado de manera importante en la reducción de preferencias de AMLO, de 38 a 34 por ciento en ese mes, que casualmente representa alrededor de 20 por ciento.

Peor aún es el trato que se da a los encuestados de ingresos medios y altos. A pesar de que a los sondeados de marzo se les separa claramente, ingresos medios en una casilla y altos en otra, el porcentaje de encuestados se presenta en una sola cifra, para los niveles "alto y medio". Y este grupo, entonces, sube de marzo a abril de 38.7 por ciento a 49 por ciento. Es grave que se mezclen los dos grupos, porque su comportamiento es prácticamente opuesto.

En marzo, que es cuando se presenta la clasificación por nivel de ingreso, ya vimos que el grupo de ingreso medio es el más partidario de AMLO, con más de 12 puntos por arriba de los de Calderón. En cambio, el grupo de ingreso alto es el único favorable a Calderón, con casi 9 puntos arriba de AMLO.

En la realidad, es obvio que hay muchísimas más personas con ingreso medio que las de ingreso alto. Pero nada impide a los encuestadores, al fin que dan un solo dato para la suma de los dos grupos, escoger, por ejemplo, 30 por ciento de ingreso alto y 19 por ciento de ingreso medio, para completar 49 por ciento de esa suma.

Con esto, y simplemente viendo qué porcentaje de los de altos ingresos hay que meter en la mezcla, el encuestador le puede dar a Calderón los puntos necesarios para haber subido de 31 a 35 por ciento, con lo que queda un punto arriba de AMLO.

Este es sólo un ejemplo, especialmente claro. Un modelo de una de las formas como se pueden alterar los resultados de las encuestas.

Esto tiende a debilitar la confianza del público en las encuestas en general. Ya andamos alrededor de 40 por ciento de rechazo a las encuestas. Y antes de las elecciones de 2000 se llegó al extremo. La gran mayoría de las encuestadoras, ya cerca del día de la elección, daba la victoria a Labastida. Una cantidad menor (aproximadamente 10) decía que el ganador sería Fox. Y hubo una que presentó a Cárdenas como triunfador. La desconfianza en las encuestas llegó al máximo, y tardó mucho tiempo en irse reduciendo. Inclusive las encuestadoras que decían que Fox sería el ganador, tenían sobre ellas la duda: ¿y si a ellos simplemente el que les pagó fue Fox?

Si no hay una rectificación explícita e inmediata -falta mes y medio para las elecciones- o si no sucede que otras encuestadoras pongan el ejemplo de inmediato y publiquen encuestas responsables, se puede repetir el escenario de 2000.

 
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