Usted está aquí: miércoles 24 de mayo de 2006 Cultura Se necesita gran determinación para forjarse una carrera en la ópera

Entrevista de La Jornada con la soprano neozelandesa Kiri Te Kanawa

Se necesita gran determinación para forjarse una carrera en la ópera

Por primera vez se presenta en México para dar dos conciertos con la Sinfónica Nacional

La cantante creó una fundación para apoyar sólo a jóvenes con talento ''sobresaliente''

MERRY MACMASTERS

Una gran determinación o, sheer bloody mindedness, como lo llama la soprano neozelandesa Kiri Te Kanawa, es lo que se necesita para conseguir una carrera dentro de la ópera y tener éxito.

Con una trayectoria profesional de más de 35 años, Kiri Te Kanawa no sabe a ciencia cierta si la voluntad sea una característica atractiva, pero ''hay que tenerla".

Menciona que una noche en la Metropolitan Opera House, de Nueva York, ''miraba a los otros cantantes y todos tienen esa gran determinación. No importa donde esté uno, es muy difícil tener esa carrera".

Nombrada dama comandante del imperio británico en 1982, Kiri Te Kanawa ya está en México para cantar por primera vez en dos conciertos, el 26 y 28, en el Teatro de Bellas Artes, acompañada por la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la batuta de Enrique Diemecke. El par de programas incluyen una buena dosis de Mozart, con motivo de los 250 años de su natalicio, pero también porque en la escuela era su ''medicina diaria".

El valor de la seriedad

Kiri Te Kanawa comenzó su carrera artística a los 14/15 años, para los 21 se había ido a Inglaterra a estudiar y a los 27 debutó en el Royal Opera House, Covent Garden. Es decir, ''bastante joven. Hay una jovencita que lo acaba de lograr ahora. Pero, por lo normal diría que entre los 25 y 28 años es el momento perfecto. Si uno pasa de los 30 no tiene las mismas posibilidades, a menos de que sea una soprano dramática''.

Alta, delgada, elegante, si la entrevistada sacrificó su adolescencia en aras de una carrera, asegura que ''es algo que no cambiaría por lo que he logrado y recibido". Expresa: ''Representa una oportunidad única en la vida".

-¿Se considera feminista?

-No me parece que feminismo sea una buena palabra. Adoro a una mujer exitosa. Aunque hay quienes me reclaman por no trabajar con una acompañante femenina. En realidad, no he encontrado una con quien viajar, así que he tenido muchos acompañantes masculinos. Admiro lo que hacen los hombres. Pero si alguien dice, esto no es trabajo para una mujer, pediría que le dieran una oportunidad, aunque no lo considero una actitud feminista. Porque el trabajo debe ser para quien mejor lo realice.

-¿Cuándo pudo regresar a Nueva Zelanda como gran cantante de ópera?

-Voy y vengo mucho. Nueva Zelanda no tiene grandes instalaciones operísticas y las temporadas son limitadas, sin embargo, la voluntad de los jóvenes que empiezan a salir es emocionante. Quieren ser artistas, claro, como yo, así que les sirvo de modelo. Produce algunos cantantes, pero no los suficientes.

-¿Usted ha de ser una especie de héroe nacional?

-Creo que así piensan. De modo que trato de animarlos. Amo mi país. Tuve que vivir en Inglaterra y en otras partes para desarrollar mi carrera. No cambiaría nada, pero el mundo está mejor ahora. Uno puede vivir en Nueva Zelanda e ir a actuar en otra parte. No era así cuando me fui.

-De usted se ha dicho que no podía cantar en Nueva Zelanda.

-Bueno, no teníamos una sala operística. Así que dije, vamos a tratar de echar a andar algo. Ayudé a recabar fondos, inclusive conseguí tantos que quedó registrado cuando corté el listón inaugural. En lo acústico hay mejores salas, pero por lo menos tenemos algo.

Hace dos años Kiri Te Kanawa creó una fundación para apoyar a jóvenes cantantes y músicos neozelandeses con talento ''no ordinario, sino sobresaliente".

Relata: ''Recibí una carta de una persona que deseaba tener un automóvil para llevar a sus tres hijas a clase. Pensé, eso está bien, pero quiero ver qué pasa. En mi caso tengo muchos maestros de canto y personas que están al tanto de los talentos emergentes y me lo notifican. Y cuando llegan a Inglaterra los reviso. Otros también los evalúan para saber si van a prosperar y en qué áreas necesitan ayuda.

''Lo que no hago es darles un boleto para salir de Nueva Zelanda y pagar sus gastos durante tres años, para que al final deciden casarse y tener hijos. Tienen que pagar su boleto de avión, entrar a la universidad y sólo entonces empiezo a verlos. Queremos estar seguros de que en realidad desean ser cantantes de ópera, serios."

 
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