Usted está aquí: domingo 18 de junio de 2006 Opinión El "voto" del poder

Guillermo Almeyra

El "voto" del poder

Pasta de Conchos y la mina como ataúd, para probar a todos que la mano de obra es una "variable dependiente", barata y desechable, y que sólo las máquinas merecen un esfuerzo de recuperación. Sicartsa y sus muertos asesinados a balazos, para que se vea qué es la defensa de la Propiedad y del Orden (así, con mayúsculas) para el gobierno federal, y también el estadual "cardenista". Un charro puesto a dedo como líder del combativo sindicato de mineros, previendo naturalmente los paros y movilizaciones de millones de trabajadores sindicalizados y como preparación de nuevas provocaciones contra los mineros, para dejar bien sentado que impera la voluntad del poder y no existen libertad ni independencia sindicales. Violaciones masivas de mujeres, asesinatos, torturas, humillaciones, cateos sin orden judicial y destrozos en decenas de casas de San Salvador Atenco, feroces palizas, prisiones abiertamente ilegales, cinismo y prepotencia para que quede claro quién manda en el país, cuánto cuesta la autonomía a quienes quieren practicarla, y para asustar a las clases medias conservadoras, alejándolas del pejevoto o, más simplemente, de las urnas. Violación masiva de los derechos constitucionales de huelga, de reunión, de libre circulación; en Oaxaca, destrucción de los bienes e instalaciones sindicales, bestial represión contra miles de maestros con reivindicaciones absolutamente legales. Todo eso en pocos días, desafiando las leyes, la opinión pública nacional, el escandalizado repudio internacional, las bases mismas de la democracia para introducir el voto del garrote, el voto del miedo, el voto de la mentira de los medios de intoxicación masiva, y cerrar el camino al voto razonado, pensado, a la libre selección de opciones políticas. Todo ello para inducir a abstenerse, asegurando el poder para los prevaricadores, ladrones, mentirosos, asesinos, o a votar por los partidos del poder estatal donde los mismos medran y militan.

La derecha está votando y eso sólo constituye un enorme y masivo fraude, sin necesidad de "embarazar" las urnas ni de robárselas o de introducir el fraude electrónico, porque ya en esta carrera electoral aparentemente justa los corredores del poder estatal compiten impulsados por la mano poderosa (y visible) del gobierno y los ciudadanos corren, en cambio, con la gran carga de plomo de la represión y de la mentira infame.

El "voto" del establecimiento (o sea, de las clases explotadoras y dominantes dueñas de la economía y del país) parte de la idea nazi de que los explotados, los oprimidos, los dominados, los subalternos, ni tienen memoria ni tienen capacidad de juicio. Y de que, por lo tanto, con una buena dosis de mentiras repetidas hasta la saciedad, ocultando la realidad, y con los palos necesarios para no recordar ni pensar demasiado, será posible mantener el actual sistema oligárquico, donde poquísimas personas controlan la riqueza y el aparato estatal, despojando a las demás de sus derechos y de sus bienes (ambientales, sociales, personales, como los ahorros o los seguros). Ese voto racista y antinacional forma parte de una política cuidadosamente pensada y aplicada, para evitar que, como en Bolivia, los indios puedan ocupar un rinconcito del escenario, o todo él, mediante una asamblea constituyente, o que, como en Venezuela, las clases subalternas, dirigidas -¡horror!- por gente de color oscuro, traten de reconstruir el país.

A ese "voto" del palo y del miedo, en pro del mantenimiento del statu quo y del poder de quienes lo ejercen (el imperialismo y sus agentes locales, preocupados antes que nada por pagar la deuda externa y asegurar las remesas de ganancias a las trasnacionales), se suma la campaña de la ignorancia histórica y de la desesperación. O sea, de quienes proclaman que no vale la pena ejercitar el derecho de voto (que costó enormes luchas a nuestros antepasados y les hizo derramar ríos de sangre para lograr el voto universal), porque "todos son iguales". Es decir, de quienes ven un abismo entre la acción no institucional de los movimientos sociales y la creación de organizaciones políticas ad hoc, que participan en ellos pero también en la lucha institucional, como medio de lograr que de las luchas por la democracia surja una politización de masas y se desarrolle una conciencia anticapitalista (como sucede en Bolivia, donde los movimientos sociales dieron origen al instrumento político -después bautizado Movimiento al Socialismo-, lo llevaron al triunfo electoral y, juntos, movimientos sociales y partido en el gobierno, abrieron el camino a la constituyente que renovará el país). Los ignorantes de la historia reciente y pasada, los infantiles para los cuales "todos son iguales", y las grietas en el campo adversario, no tienen ninguna importancia, porque no hay que preocuparse por la relación de fuerzas (dado que en este partido ellos creen ser los únicos en el campo y no ven ni al equipo adversario ni la alianza del mismo con la policía y el supuesto árbitro), ayudan objetivamente al voto del palo y de la intoxicación. El voto por un cambio social y político, por el contrario, exige conciencia crítica. O sea, saber contra quiénes se vota y por qué es necesario votar así y, en el caso de no disponer aún de una alternativa que construya "otro mundo", cómo, en cuáles condiciones y con cuáles recaudos (la independencia política y organizativa, la discusión abierta sobre quién es el aliado transitorio), es posible juntar fugazmente las fuerzas, aunque se siga marchando separados.

 
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