Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 18 de junio de 2006 Num: 589


Portada
Bazar de asombros
La memoria del horror
SIMONE DE BEAUVOIR
La representación prohibida
JEAN-LUC NANCY
Alemania: antes y
después de Shoah

STEFAN GANDLER
Sobre Shoah
Struthof, entre la
memoria y el olvido

EVGEN BAVCAR
El presente y lo inmemorial
CLAUDE LANZMANN
Buenos Aires: recuperar
la tertulia

ALEJANDRO MICHELENA
Lo que el viento a Juárez
Mentiras transparentes
FELIPE GARRIDO

Columnas:
A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUIA

Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Teatro
NOÉ MORALES MUÑOZ

El viaje Real
LUIS TOVAR

(h)ojeadas:
Reseña de Mayra Inzunza sobre La posibilidad de una isla


Directorio
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ANGELICA ABELLEYRA

JOSEFINA ALCÁZAR:
ESTUDIAR LOS CUERPOS Y SUS METÁFORAS

Romper ortodoxias, patrones de pensamiento y acción; privilegiar la libertad más que establecer límites; ver un peligro en la repetición creativa y, en contraparte, alentar la innovación artística. A partir de estos retos, Josefina Alcázar (df, 1950) se adentró en el universo de la investigación y se ha dejado cautivar por el performance como una manifestación que expande su conocimiento del mundo.

Formada en sociología por la unam, hoy se especializa en el rubro de las artes escénicas en el Centro de Investigación Teatral Rodolfo Usigli. Más que como crítica, se considera cronista del quehacer que combina la improvisación y las rupturas de esquemas culturales, sociales y políticos. Un quehacer que, además de sumar metas profesionales, le atrajo como su posibilidad de enfrentar de manera lúdica las ataduras de timidez que la acompañaron desde niña.

Y es que mientras sus cuatro hermanos se apasionaban por el baile o la música con desenfado, ella permanecía tras bambalinas, disfrutando las habilidades de otros pero sin participar del suceso creativo. Con el tiempo, zambullirse en el universo del performance a través de la investigación, le ha permitido romper sus miedos, salvar el pánico escénico que la inunda, y fascinarse con el atrevimiento de los artistas que la cautivan como sujetos de estudio.

La tecnología y su nexo con las artes escénicas constituyeron el foco de su interés como socióloga. "La cuarta dimensión del teatro: tiempo, espacio y video en la escena contemporánea", es el tema que desarrolló a fines de los ochenta. Y como en este contexto fueron los hacedores del performance los más ligados a las tecnologías, Josefina se conectó, entre otros, con el grupo 19 Concreto y la austríaca Doris Steinbichler con quienes empezó a recobrar un arte de propuesta y fuerza. Descubrió entonces que la tecnología no es el medio que le otorga fortaleza al género. Ésta radica en el cuerpo, en la ruptura que los artistas hacen de la representación y en la convicción duchampniana de que la importancia del acto artístico no radica en el objeto producido sino en el proceso de creación.

Ya son diez años desde que Josefina empezó a ligarse con la investigación del performance. Además de la tecnología, otro aliciente fue un personaje suculento por polémico y radial en intereses y enfoques: Guillermo Gómez-Peña, el hacedor de una obra multidisciplinaria que ahonda en las diversas formas de identidad en la frontera con eu y feroz cuestionador de patrones culturales dentro y fuera de México.

Además de editar el libro El exterminator (sobre la trayectoria de Gómez-Peña), la investigadora puso en contacto al malabarista del espanglish con estudiantes de teatro. En un taller, Alcázar logró salvar tanto los prejuicios como el desconocimiento que actores y performanceros tienen del mundo del otro lado. Luego de esa conexión afortunada, la estudiosa afinó su interés en el trabajo performativo realizado por mujeres. Con la serie documental Mujeres en acción, compiló el trabajo de quince creadoras: decanas y noveles unidas en propuestas con el cuerpo como materia prima.

Si bien acepta que en el futuro podría reunir el trabajo de varones en el arte acción, hacerlo en principio con las quince creadoras se debió al interés común de usar el cuerpo para expresar sus reflexiones y vivencias con más fuerza, vigor y libertad. Para bien y para mal —admite— la mujer está biológicamente más cerca de su cuerpo, además de que es un contenedor muy focalizado y estigmatizado por la sociedad. El trabajar con su cuerpo y usarlo como espacio de creación, albergue metafórico y mapa conceptual, resulta una resignificación increíble y rica, que privilegia lo mismo la denuncia que el erotismo, el juego y la libertad.

Autora de los libros Performance y arte acción en América Latina (junto con Fernando Fuentes) y Performance y teatralidad (junto a Ileana Dieguez), esta cronista acepta que en los últimos años han mermado el arrojo y la innovación presentes en el arte acción respecto del realizado en la década de los noventa. Hoy el género corre el grave riesgo de la repetición de temas y estrategias, porque su intención de romper fronteras artísticas va en franco descenso. Por eso, a la par que ella sortea sus miedos y enfrenta su timidez gracias al aprendizaje que absorbe de las performanceras, desea que este universo siga cuestionando los niveles sociales que van de la familia, la violencia, el sexo, los sueños y el juego, a reflexiones filosóficas, políticas y poéticas siempre propositivas y atentas.