Usted está aquí: jueves 22 de junio de 2006 Opinión Material físil

Miguel Marín Bosch*

Material físil

En el campo nuclear el material físil (que preferiría calificar de fisionable o, cuando menos, de fisible pero los expertos me criticarían) ocupa un lugar prominente. Se trata del uranio enriquecido y del plutonio, que sirven para asegurar el funcionamiento de las centrales nucleares, pero también para construir armas nucleares. En el mundo hay demasiado material fisible, pero está mal repartido. He ahí parte del problema.

Se calcula que hay en el planeta más de mil toneladas de uranio enriquecido y más de 200 toneladas de plutonio. Para producir una bomba se requieren unos 8 kilos de plutonio o 25 de uranio enriquecido. Con ello se tiene una idea de la enorme cantidad de armas nucleares que se han producido o que se podrían fabricar.

Casi todo ese material físil está en manos de Rusia y Estados Unidos, quienes tienen, por ejemplo, 95 por ciento del uranio enriquecido que se emplea para fabricar armas nucleares. Es más, tienen tanto material físil que no saben qué hacer con él. Peor aún, no han encontrado un método seguro para almacenarlo. Además, hay que tomar en cuenta que ese material tardará decenas de miles de años en descomponerse y convertirse en otros elementos. Esta es una de las mayores pesadillas para quienes se preocupan por proteger el medio ambiente.

Por otro lado, países como Brasil o Irán quieren poder producirlo en su casa con fines pacíficos como autoriza el Tratado de No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP). No quieren depender de otras naciones para su suministro. India, Israel y Pakistán, las únicas naciones que se mantienen al margen del TNP, quieren seguir produciendo material físil para desarrollar y aumentar sus arsenales nucleares (y para la generación de energía con fines pacíficos).

El mes pasado Estados Unidos presentó un proyecto de tratado para prohibir todo producción futura de material físil. El tema viene discutiéndose en la Conferencia de Desarme en Ginebra desde hace casi 15 años cuando Estados Unidos primero y luego la Unión Soviética, Reino Unido, Francia y China anunciaron que habían puesto fin o suspendido la producción de material físil con fines militares. En 1993 se acordaron las bases para negociar un tratado, pero las negociaciones aún no arrancan. Es más, hace una década que esa conferencia no ha logrado concluir un solo acuerdo. Los ahora 65 integrantes de la conferencia siguen en la ociosidad, aunque justifican su existencia organizando seminarios y talleres sobre diversos asuntos, cuando lo que tendrían que estar haciendo es negociar acuerdos de desarme.

Lo acordado en 1993 fue que el futuro tratado debería ser "no discriminatorio, multilateral e internacional y efectivamente verificable por el que se prohíba la producción de material fisible para armas nucleares u otros artefactos nucleares explosivos". De inmediato hubo gobiernos que vincularon el inicio de las negociaciones para prohibir la producción futura de ese material con el inicio de negociaciones para reducir y eventualmente eliminar los arsenales nucleares existentes. Otros no aceptaron esa propuesta. La parálisis en Ginebra persiste.

La administración del presidente George W. Bush ha venido a complicar la situación en cuanto a una prohibición de la producción de material físil como también lo ha hecho en muchos otros asuntos relativos al desarme. Primero anunció que se oponía a una tal prohibición porque sería imposible verificar su cumplimiento. Sin embargo, luego cambió de opinión y presentó el ya mencionado texto de un proyecto de tratado.

La propuesta estadunidense ha causado revuelo en Ginebra. Plantea la posibilidad de prohibir la producción futura de material físil, pero pasa en silencio el material ya acumulado y tampoco contempla un sistema de verificación efectivo e internacional, según se acordó en 1993. ¿Quién se encargaría de verificar el cumplimiento de dicho tratado? La respuesta es Estados Unidos mediante lo que eufemísticamente se denomina "los medios nacionales de verificación", es decir, espionaje, teleobservación desde satélites, etcétera.

La propuesta original estadunidense de lograr un acuerdo internacional para prohibir la producción de material físil y el recién presentado proyecto de tratado revelan dos aspectos típicos de su política en materia de desarme. El primero se ha reflejado en los foros multilaterales de desarme desde hace más de 40 años y podría describirse de la siguiente manera: cuando Estados Unidos llega a la conclusión de que ciertas armas o sistemas de armas ya no le son útiles decide eliminarlas unilateralmente y luego, como corolario, exige un tratado universal para asegurar que nadie más las tendrá. Ese fue el caso de cuatro de los principales tratados negociados en la Conferencia de Desarme. Son los relativos a la prohibición parcial de ensayos nucleares, la eliminación de las armas biológicas y luego de las armas químicas, y la prohibición completa de los ensayos nucleares. De estos instrumentos internacionales hablaremos en otras ocasiones.

El segundo aspecto de la política de Washington en materia de desarme apareció hace apenas unos cuantos años. Tras el derrumbe de la Unión Soviética y la instauración del llamado mundo unipolar, Estados Unidos se ha venido arrogando el papel de gendarme del mundo. Esa tendencia se ha observado dentro y fuera del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y ahora se ha hecho patente en Ginebra. El mensaje es claro: dejémonos de cuentos multilaterales y permítannos (o, cuando menos, déjennos) que resolvamos de manera unilateral los problemas internacionales (Irak, la verificación del cumplimiento de tratados y cualquier otra situación que consideremos merecedora de nuestra intervención).

* Director del Instituto Matías Romero y ex subsecretario de Relaciones Exteriores

 
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