Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 25 de junio de 2006 Num: 590


Portada
Presentación
Bazar de asombros
El arte de Salvatore Ferragamo
MARGO GLANTZ
La voz de tus zapatos
ALBERTO RUY-SÁNCHEZ
Salvatore Ferragamo, zapatero y artista
STEFANIA RICCI
Mentiras transparentes
FELIPE GARRIDO

Columnas:
Y Ahora Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

La Casa Sosegada
JAVIER SICILIA

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

Tetraedro
JORGE MOCH

(h)ojeadas:
Reseña de Cuauhtémoc Arista sobre Un Lunático en mi novela


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GERMAINE GÓMEZ HARO

ELOY TARCISIO: DE LA MATERIA Y LA IDEA

De la materia y la idea se titula la exposición de Eloy Tarcisio (México, df, 1955) que se presenta actualmente en el Museo de Arte Moderno. Es una sutil evocación que se refiere acertadamente a lo que ha constituido el punto medular del trabajo de este polifacético artista: materia e idea son las columnas complementarias que sostienen la compleja creación de una obra interdisciplinaria en la que lo sensorial y lo racional se funden en una poética de amplias significaciones.

A lo largo de unas tres décadas, Tarcisio ha sido persistente en la exploración profunda y constante de los temas trascendentales que han preocupado a los humanistas de todos los tiempos: la descomposición del espíritu, el amor y el desamor, las guerras y la violencia, es decir "la muerte del hombre por el hombre mismo", en palabras del propio artista. La destrucción que lleva a cabo el ser humano tanto de su pasado como de su presente, de su mundo exterior y de sus parajes internos, en esa actitud aberrante que denunciaba en forma lapidaria el filósofo Thomas Hobbes: Homo hominis lupus ("El hombre es el lobo del hombre").

"Neomexicanista" avant la lettre, Tarcisio se ha propuesto desde sus inicios hacer una arqueología de las raíces mexicanas, excavando hasta las profundidades de nuestra idiosincrasia para desempolvar mitos y arquetipos del pasado prehispánico y colonial, e insertarlos en el presente por la vía de los usos y costumbres populares. Muchas de sus obras remiten al tzompantli y al altar barroco, suerte de antecedentes genéticos de nuestras instalaciones contemporáneas. Huehuetéotl, Tezcatlipoca, Tláloc, Coyolxauhqui –entre muchas otras deidades– son protagonistas de pinturas realizadas con mole, chapopote o sangre, mezclados con óleos y texturas. Los nopales, magueyes, maíz, xoconostles, pitahayas o tunas aluden metafóricamente a la permanencia de la cultura ancestral, así como a la fragilidad de la misma ante la amenaza inminente de la globalización. Lo perpetuo y lo efímero devienen conceptos que a un tiempo se contraponen y se funden en obras singulares que evocan y sacuden, y en las que el artista juega con desenfado con los materiales y las ideas.

Eloy Tarcisio ha sido uno de los pocos artistas mexicanos que ha permanecido fiel a la expresión pictórica a lo largo de toda su trayectoria, sin por ello dejar de incursionar en los medios alternativos –arte objeto, performance, instalación, ambientación, intervención, multimedia– creando así una obra polisémica cuyas características principales son el ejercicio de una excelente factura y una continua renovación de sus propuestas. Para quienes todavía pretenden sostener que la pintura "ha muerto", esta exposición deja claro que la postura "contemporánea" de un creador tiene que ver mucho más con la frescura y la vigencia de sus propuestas, así como con su valor semántico y ético, que con los medios que elige para expresarse. La sólida formación artística de Tarcisio –quien también se ha desempeñado como maestro, coordinador académico, fundador de proyectos fundamentales como el Centro de Investigación y Experimentación Plástica del inba, el X´Teresa Arte Alternativo, y Atte. La Dirección– queda patente en su quehacer de tres décadas, a través del cual se puede apreciar su conocimiento y espíritu explorador de la amplia gama de movimientos y tendencias que marcaron el torbellino artístico del siglo XX.

La exposición, curada por el talentoso Erick Castillo, presenta el acierto de no haber sido museografiada siguiendo un orden cronológico, pues el trabajo de Tarcisio es en muchos sentidos procesual, dado que hay piezas cuyo desarrollo ha sido gradual a lo largo de varios años, y otras en las que la participación del público resulta fundamental, por lo que la noción de "obra terminada" está, en su caso, totalmente anulada y, por lo tanto, imposible de ser fechada con precisión.

El arte de Eloy Tarcisio es un diálogo de ida y vuelta entre los ecos del pasado y las voces del presente, en un intento por mantener vivos códigos inherentes al inconsciente colectivo que, al ser perceptibles por los sentidos y la razón, azuzan la añoranza y abren compuertas a territorios inexplorados de nuestra memoria ancestral. Es un arte que trasmina goce y nostalgia, ludismo y ferocidad, poesía y humor ácido. Un arte para ser aprehendido y disfrutado con la mente y con el corazón, por su fusión de materias e ideas que despabila nuestras remembranzas y nos hace percatarnos de que ayer es hoy, aunque hoy no seamos los mismos de ayer.