Usted está aquí: martes 27 de junio de 2006 Opinión De la patada

De la patada

Rubén Montedónico

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El pronóstico era que Italia pasaría a cuartos de final, y aunque así ocurrió finalmente, no se suponía que fuese derivación de un desarrollo tortuoso, en que las alternativas fueron aportadas por pésimas decisiones del árbitro Medina Cantalejo, quien transformó lo indeseable en protagonismo.

El primer tiempo transcurrió dentro de los límites de normalidad que exhibieron a unos azzurri bien parados, que dejaron llegar al rival para luego adelantar líneas y terminar ahogando a los socceroos, aun sin lograr anotar.

En el libreto del holandés que dirigió a Australia -Guus Hiddink- se vio la imposición a sus jugadores de apegarse a un or-den: aguantar el partido, tratar de estirarlo a tiempos extra y, de ser posible, alcanzar una decisión favorable en penales, tal como en su cancha lograron el pase al Mundial de Alemania.

Pero en el complemento, desde algún rincón del cerebro del árbitro, se impuso la iniciativa de "equilibrar" el cotejo, para lo cual, sin mérito, expulsó a un italiano: Marco Materazzi.

La superioridad numérica australiana no se reflejó en el marcador, dado que su técnico mantuvo la apuesta principal al orden táctico -guardando los cambios-, al desgaste rival en eventuales tiempos extra y sólo faltando nueve minutos hizo uno de dos relevos que le quedaban.

Para cuando se jugaba el tiempo de compensación, de otro sitio del cerebro del pésimo árbitro surgió la penalización de la ineficiencia de los socceroos: los sancionaron con un tiro de castigo -inexistente falta de Neill contra Grosso-, que Francesco Totti concretó en solitario tanto. Fue una suerte de venganza contra Hiddink por la eliminación peninsular de 2002, cuando en octavos de final contra Corea del Sur -dirigida por el holandés-, con Totti expulsado, los asiáticos se impusieron a los azzurri con gol de oro.

Más allá del papel protagónico del árbitro, se esperaba que Italia demostrara supremacía, lo que no ocurrió por esa suerte de abulia que envuelve al equipo de Lippi, aunado a 60 o más partidos que arrastran sus jugadores, que no impide demandar algo más que un buen parado en el campo, que -en general- suele dar superioridad numérica en cada zona. Italia sigue en mora, lo que deja la interrogante de si será eliminada o, en caso de superar el bostezo que la abraza, disputará la final.

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