Usted está aquí: martes 27 de junio de 2006 Opinión Toledo: cerámica reciente

Teresa del Conde

Toledo: cerámica reciente

La exposición de Francisco Toledo en el ex Arzobispado (Museo de la Secretaría de Hacienda) provoca admiración unánime, no sólo por el prodigioso artesanado de las piezas, sino también y en forma importante porque generan hartas sonrisas en una época en la que los entornos rara vez dan lugar a esa descarga anímica que une lo jocoso con lo estético y hasta con lo sagrado si se quiere. En buena parte eso se debe a la sexualización sobre ese material sabroso que es el barro.

No sabemos si, puesto que Dios fue el primer alfarero que lo dotó de vida y sexualidad, según el Génesis, Toledo, recordando ese detalle, haya matizado su producción reciente en este medio de una condición clarificadora de su propia naturaleza exaltando sus virtudes, la reiteración de elementos, la fuente que los origina, su reciclamiento generador de nuevos elementos, el ritmo que parece conferirles vida.

Son más de 40 piezas las que se exhiben, realizadas todas entre 2004 y 2006 en el Taller Los Alacranes de San Agustín Etla, dirigido por Adán Paredes y con la colaboración de Claudio Jerónimo López como asistente.

No puede decirse que Toledo o que Picasso sean ceramistas, en la medida, por ejemplo, en la que lo es Gustavo Pérez, pero sí que entre la polimorfía de su producción la cerámica siempre le ha procurado un gusto especial y eso es algo que se percibe en todo lo hecho, tanto ahora como en momentos anteriores, pero en este lapso se diría que su saber respecto al medio, mancornado a su irreverente imaginario ha traído como consecuencia un conjunto que depara buen humor y que a la vez hace pensar.

Los personajes principales son sapos, murciélagos, serpientes y monos, permeados de ímpetus humanos. A la vez las formas que asumen evidencian las opciones a las que puede dar lugar el trabajo con el barro.

La selección y museografía permiten ir aprehendiendo estas piezas por rubros y la exposición se inicia con Madre Gheo (madre tierra), que puede verse como la maquete de una edificación neo-prehispánica con un templete que la remata, al que puede accederse por escaleras. El templete es híbrido y conjuga ciertos elementos de la arquitectura cristiana. Desde allí, las posaderas de la madre tierra son visibles, en tanto que se encuentra pariendo casas con techo de dos aguas que se constituyen en su andamiaje. Otra composición algo anterior vinculada con ésta, Casas de interés social, me recuerda en su forma general la Torre de Babel de Brueghel y está habitada por serpientes color plata.

La Campana de Dolores tiene un aspecto terroso que evoca al pintor rural Niko Pirosmani, o la película de Tarkovsky sobre Andrei Rublev, el pintor de iconos. El que la visión de un objeto (una pintura, un dibujo, etcétera) desate asociaciones con otros momentos de producción de obras artísticas es una constante en Toledo. La fisonomía de sus sapos guarda relación con una pieza mexica que puede verse a la entrada del museo, en la pequeña área destinada a museo de sitio.

Hay un sapo alcancía que se antoja llevadero a otra dimensión, para lo que tendría que aumentar en escala y fundirse en bronce. ¿Por qué no existe hasta la fecha un monumento al sapo?, ¿o una fuente de sapos? Hay también sapos del pantano y un sapo de agua blanca que alternan con peces. Entre estos el que ilustra la Pesca milagrosa del Evangelio, tiene perfectamente connotada la red a través de la cual puedo llevarse a cabo el milagro y remite a la multiplicación de los panes y los peces.

Cuando el espectador se posa ante la vasija en la que se cuece Caldo de venado no puede menos de asombrarse ante el verismo del artista, pues el venado con la poco confortable expresión propia de su proceso de cocimiento, tiene ciertos rasgos que recuerdan la fisonomía de su propio autor. Esta es una de las piezas más humorísticas de todas, con el atractivo extra que supone el poder asomarse al ''caldo", efectuado a través de placas de mica, material que nos va a sobrevivir a todos porque, según dice Toledo, es indestructible.

Los Lagartos de agua profunda se desplazan en un mar ligeramente agitado, esta pieza es un alarde incluso de ingeniería y se relaciona con el proyecto mural para una marisquería, pieza de generosas dimensiones que abre la exposición.

Entre las posibles funciones de estas obras está una que debiera aplicarse en las iglesias: hay un Proyecto para gárgola y ya sabemos de sobra que las gárgolas tienen funciones apotrópicas destinadas a ahuyentar los espíritus del mal, cosa que mucho se necesita. Hay platos, tal vez los mayormente atractivos sean Murciélago y su estela -especie de murciélago cósmico- y el Plato fuerte 2005, que toma su forma de la serpiente enroscada sobre sí misma. Es buen momento para visitar este museo y por ello mi próxima nota dará cuenta de otras exposiciones en exhibición.

 
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