Usted está aquí: domingo 2 de julio de 2006 Política A la mitad del foro

A la mitad del foro

León García Soler

Gobierno tutor

Ampliar la imagen El ex presidente Luis Echeverría Alvarez FOTOCarlosCisneros

Bienvenidos al siglo XVI. Las conversiones colectivas deslumbrarían a Bartolomé de las Casas y no habría disputa con los franciscanos por la salvación de los tránsfugas del tercer milenio que siguen al cacique converso para cambiar de partido, de candidato. En el primer ensayo virreinal de cuartelazo cambiaron de chaqueta los que intentaban sorprender a la guardia de Palacio. Hoy son legión.

Era la mejor de las campañas. Era la peor de las campañas. Pero no fue la historia de dos campañas. Hoy vamos a elegir entre tres candidatos. Hoy nadie los llama líderes, guías, conductores. A lo mejor porque el torneo electoral del poder mediático espectacular no exige tomar posición ante los problemas y formular propuestas para resolverlos; porque se solaza con la exhibición de mediocridad a la que, equívoca, penosamente, confunden con la honrada medianía invocada por Juárez para que quienes se ocupan de la cosa pública no se dediquen a acumular fortunas, sino se resignen a vivir con los estipendios que la ley señale.

Pudiera ser que estemos ante una clase dirigente que no quiere dirigir, partidos sin objetivos, voluntad de poder sin vocación política. Pero ni eso justificaría desdeñar el valor del voto. Hay que dar nuestro mandato a quienes queremos que nos representen en el servicio público y cumplan estricta y exclusivamente las facultades que la ley les señala. Nada más y nada menos. Democracia representativa, a pesar del infantilismo democrático y de las tardías tomas de conciencia, deslumbrantes espejismos a la puesta de sol para proponer la segunda vuelta en elecciones presidenciales: ¡Ave Fox, los que vamos a elegir te despedimos!

Ah, si el texto fuera de Lampedusa resonaría la queja del presidencialismo ilustrado: ¿Tú también, Luis? Pero es la nostalgia presurosa por un poder que jamás se entendió, que jamás se ejerció. El Poder Ejecutivo de la Unión, no el de las procesiones bajo palio para agradecer al Altísimo la oportunidad de demoler el Estado laico y desmantelar instituciones del poder constituido. Parece que no rompen un plato y cotidianamente quebrantan el orden constitucional. Los excesos de la propaganda televisada del providencial alternante obligaron a la Suprema Corte a planchar las togas del conservadurismo arrugado y decretar que salieran del aire los promocionales del continuismo. Felipe Calderón superó todo obstáculo. El hijo desobediente impuso su mayorazgo. Pero Fox fue Cronos que devora a sus hijos.

Nada contiene la verborrea retórica del Macabeo abajeño que invocó al Espíritu Santo cuando ya velaban armas los candidatos de las campañas de la confrontación y los enfrentamientos, duelo de insultos y acusaciones mutuas. A la hora once reaparece el infortunado fiscal a cargo de exorcizar el pasado, del ensalmo que ofrezca alivio infalible a quienes, como los Borbones, nada aprendieron, nada olvidaron: Luis Echeverría, indiciado por genocidio, es encarcelado en su casa. Algo de locura senil hay en la absurda intención de convencer a millones de ciudadanos a votar por quien acude al verdugo de Joseph Le Maestre, piedra angular, sostén y razón de ser del poder conservador. Maniobra gubernamental "anacrónica y ridícula", dice el PRI. Es "muy sospechoso" que la resolución se tome antes de las elecciones, dice Rosario Ibarra. Ponen de acuerdo a quienes disienten. Crispan lo ya polarizado.

Hoy votamos. Nos guste o no, son tres las alternativas: las vueltas a la noria, el salto al vacío o la alternancia como paréntesis de vidas paralelas. Felipe Calderón, Andrés Manuel López Obrador y Roberto Madrazo. En el orden que quiera. No digo con esos bueyes hay que arar, porque el Poder Ejecutivo se deposita en un solo individuo y hacen falta dos para una yunta. Nada del "ambos tres" foxiano, convertido en voz oracular de la encuesta cotidiana; canto matutino de victoria, antes de llegar al palenque, ya no digamos de amarrar navajas y soltar los gallos. Mano a mano, dijeron. Amanecían arriba o abajo en riguroso turno.

El nuestro es un sistema plural de partidos. Veníamos de padecer, tolerar o gozar el de partido único o casi, la hegemonía del PRI que nunca fue. El priísmo que persiste ajustó cuentas en asamblea. Pero no supo o no pudo separar lo confrontado por el paso del poder incluyente a excluyente. Perdió el Poder Ejecutivo. Los desprendimientos del tronco común crecieron en seguimiento heliotrópico del poder en movimiento retrógrado. Pero ahí está. Aunque fuera políticamente incorrecto hablar en público del partido de la dictadura perfecta; de mal gusto, impropio de gente decente, así como de los solidarios con la gente del común. Pero el verbo pétreo de Manuel Espino y los sermones sinarquistas de Carlos Abascal dieron oportunidad a Madrazo de replicar con un llamado a no dar voto útil a un gobierno inútil.

La política no es auto de fe. Pero dos son tres. Y hoy vamos a tener las primicias de la capacidad de cada uno de ellos para sacar a los votantes y tener representantes en cada casilla de cada sección de los 300 distritos electorales. El PRD padeció amargas carencias en la materia. Dicen que las superaron con las redes tejidas por Manuel Camacho y tendidas por Ricardo Monreal. Andrés Manuel López Obrador alcanzó la cima de la popularidad. Volvió a dominar en las encuestas de última hora. Hoy sabremos si el llamado a purificar la nación, el carisma atribuido al estratega de Nacajuca resiste el contacto con la realidad. O se queda en hipnosis colectiva, en plazas llenas y urnas vacías.

Roberto Madrazo cerró fuerte. A pesar del montaje magisterial, Oaxaca y Veracruz serán nudo fundamental. Ulises Ruiz y Fidel Herrera son operadores políticos de experiencia y capacidad probadas; enlace de los dos océanos, y para el norte y el sur donde el priísmo dispone de espacios de poder real. Madrazo puso sobre el tablero lo recuperado de 2001 a 2005: 17 gobernadores, más senadores, diputados federales, presidentes municipales y diputados locales; 14 millones de votos cosechados; más mexicanos gobernados por el PRI que por el resto de la pluralidad. Y el aparato, la trama de intereses en la que se finca la posibilidad de que el candidato del PRI obligue a los del PAN y el PRD a superar lo que ha sido el porcentaje histórico de ambos.

El PAN pareciera a punto de volver a la porción electoral previa al apoyo del dinero y del poder mediático a Vicente Fox. Y si Andrés Manuel López Obrador pasa de 3% o 4% en el norte del país al porcentaje que le predicen los augures, habrá probado ser el hombre providencial alternante. Pero lo único firme es la clientela perredista del Distrito Federal. Enrique Peña es el contrafuerte del PRI en la entidad con más votantes registrados: siete millones en el estado de México.

Hay que seguir los resultados que vaya dando el PREP en toda la República. Fox obtuvo 42% de la votación de 2000; cuatro millones de votos en el estado de México y el Distrito Federal: 26% de los que necesitó para vencer.

Hoy vencerá el que no sólo haya sabido convencer, sino movilizar y sacar el voto.

 
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