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La incertidumbre democrática que dejaron los comicios será una prueba de fuego

"¿Podrá este IFE con el paquete?", la pregunta de los días venideros

ARTURO CANO

Ampliar la imagen Al centro, el consejero presidente del Instituto Federal Electoral, Luis Carlos Ugalde, durante la tensa sesión de ayer Foto: José Antonio López

¿Esto es lo que llaman incertidumbre democrática o más bien llegamos al reino de las exit poll y los conteos rápidos?

La consejera María Lourdes del Refugio López Flores aguanta la lluvia que cae sobre la sede del Instituto Federal Electoral (IFE). Apenas se refugia, 80 minutos antes de que la incertidumbre se prolongue al infinito -el miércoles venidero parece el siglo venidero-, la consejera suelta su preocupación sobre los posibles conflictos en los distritos electorales.

¿Alguna vez antes de dormir se imaginó este escenario? "Era el único imaginable", dice la consejera tres horas antes de que sepamos que esta noche no sabremos el nombre del ganador. Y ni modo, hay que pensar que es una mentira piadosa de la integrante de un consejo que nació cuestionado -concebido por el PRI y por el PAN- y que en las próximas horas enfrentará un reto inédito en la historia.

¿Van a poder con el paquete? "Tendremos que soportarlo", declara la consejera López. "Tenemos la fortaleza suficiente, por las atribuciones que nos da la ley y por la confianza que expresaron millones de ciudadanos".

Suena bien, pero se dice antes de que el consejero presidente, Luis Carlos Ugalde, anuncie que el pequeño comité de expertos encargados del conteo rápido no puede dar un ganador.

Así, la incertidumbre que consume horas y horas de tediosa y a la vez tensa espera en el IFE es, a partir de las once de la noche, apenas el aperitivo.

Algo olía mal desde las dos de la tarde, una hora en que los memoriosos traían a cuento que hace seis años en los pasillos del IFE las cosas estaban más que claras. A esa hora, en la elección anterior, los consejeros, los representantes de los partidos, los reporteros y las legiones de invitados conocieron que el ganador de la elección era Vicente Fox y que su ventaja rondaba los cinco puntos.

Pero esta vez la tarde se consume sin números oficiosos y en medio de un bombardeo de cifras que llegan de todas partes. Hasta el visitante extranjero más desinformado llama a su país, y en tono doctoral anuncia que "se confirma el empate técnico" ya previsto por las encuestadoras.

"Adiós al PRI", cabeceó este diario el 2 de julio de 2000. La paradoja, seis años después, es que por momentos parece que el país entero sigue en manos del PRI, de un partido al que le fue mal con el candidato del "te va a ir muy bien". En las semanas previas a la elección, los priístas pusieron mil objeciones al conteo rápido y hoy insisten. Aquí, en el IFE, su representante, Felipe Solís Acero, se encierra un buen rato con Luis Carlos Ugalde. El único punto es la insistencia priísta de que no se den los resultados del conteo rápido y que el proceso se vaya hasta el recuento en cada uno de los 300 distritos.

Finalmente, parece no ser la oposición del PRI, sino los electores divididos quienes impiden que nos vayamos a dormir sabiendo el nombre del presidente electo.

La cerrada competencia entre Andrés Manuel López Obrador y Felipe Calderón Hinojosa impide que se sepa el resultado a media tarde y luego obliga a pasar la sesión del Consejo General de las siete a las ocho y media de la noche. Antes, Ugalde dice entre líneas la razón, cuando descalifica anticipadamente a los medios de comunicación que ofrezcan los resultados de sus encuestas de salida. Las televisoras acatan, pero dos medios impresos adelantan un empate en sus versiones de Internet.

En la versión de Horacio Duarte, representante del PRD ante el IFE, el PAN presiona a los consejeros, a media tarde, para que paren a las televisoras y también el conteo rápido. "Hubo una intentona de los dos partidos", dice el perredista.

Ya en la noche, el representante del PAN, Germán Martínez, aclara que ellos dicen sí al conteo rápido.

Igual no conoceremos sus resultados, no al menos esta noche, cierre perfecto de un día de incertidumbre. Los candidatos y sus equipos lo saben desde muy temprano. Apenas pasado el mediodía, los operadores arrecian sus contactos con los medios, nacionales y extranjeros, para asegurar que es su candidato, y no el de enfrente, el que "se está despegando".

Dentro del enorme domo que sirve de sala de prensa -efímero monumento a nuestra muy onerosa democracia electoral- las cifras van y vienen. Este reportero acopia algunas de las que provienen de las fuentes más sólidas. En la libreta quedan inscritos los datos de cinco encuestas, de las cuales tres dan el triunfo a López Obrador: Mitofsky (tres puntos de ventaja), María de las Heras (cuatro) y Parametría (también cuatro). Con Calderón están los datos de Ricardo de la Peña (dos puntos) y GEA (tres).

Aquí se anotan, a guisa de ejemplo, porque a media tarde son tantas las cifras que circulan en el IFE que ya resulta imposible distinguir entre las "buenas fuentes" y la especulación pura. Sólo hay dos certezas: la competencia cerradísima entre dos aspirantes y la confirmación de que el PRI sigue invicto en el tercer sitio, al menos seis puntos abajo del segundo lugar.

El consejero Rodrigo Morales resume: "Pues llegan todas (las cifras posibles), depende con quién hables. Y sí, pues es algo inédito, porque hace seis años ya todos sabíamos el resultado a la una de la tarde".

Los asesores y representantes de los candidatos van del tingo a las encuestas de salida. "Ya se abrió", dicen los amarillos, en referencia a la ampliación de la ventaja de su candidato. Los azules, ahí nomás enfrente, dicen lo mismo a favor de su abanderado.

La guerra de cifras mata el tedio de la "normalidad democrática".

Igual, se presume entonces, esa guerra terminará en punto de las ocho, cuando las televisoras informen de sus encuestas de salida. ¿Para qué queremos a Woldenberg si tenemos a Mitofsky y López Dóriga?, piensan todavía los ilusos.

Pero ausencia de una ventaja cómoda mata pantalla. Las televisoras se abstienen de dar sus resultados y no dan ni sus encuestas de salida ni sus conteos rápidos.

El desenlace será también frente a la pantalla, pero en lugar de un conductor tenemos al consejero presidente del IFE: "El margen de diferencia entre el primero y el segundo lugar es muy estrecho y, por lo tanto, no es posible anunciar en este momento un candidato ganador".

El enorme domo de la sala de prensa, lleno no sólo de periodistas, sino de decenas de empleados del IFE y observadores extranjeros, estalla en una exclamación de sorpresa e incredulidad.

Y de inmediato comienzan las apuestas sobre los días venideros. ¿Puede este IFE con el paquete?

Y se recuerdan de inmediato la falta de legitimidad de origen de los integrantes del Consejo General del IFE y la actuación que varios de sus consejeros tuvieron a lo largo de la campaña en asuntos cruciales, como la propaganda desde Los Pinos, los espots calumniosos del Partido Acción Nacional y los anuncios del Consejo Coordinador Empresarial.

En los días por venir no bastarán las cartas con exhortos ni los llamados a misa del consejero presidente para que "los particulares se abstengan de opinar".

Tampoco bastarán desplegados como los que circularon antes de la elección, encendidas defensas del IFE firmadas por destacadas figuras acompañadas de personajes como Pedro Ojeda Paullada y su pulcra hoja de servicios.

El IFE, lo dicen todas las encuestas, es reconocido por los ciudadanos como una de las instituciones más confiables del país. Sin embargo, cuando fueron electos en 2003, sólo 15 por ciento de los ciudadanos se enteraron del cambio de consejeros.

Los mismos consejeros que todo este día se dedicaron a presumir una jornada ejemplar y las "incidencias" insignificantes. Veremos en los próximos días, se desliza aquí y allá en los pasillos del instituto electoral, cómo esas incidencias cobran un peso mayor.

Y los ciudadanos tendrán, ahora sí, la oportunidad de conocer a fondo a sus consejeros. Sabrán si en medio de la tormenta soportan las presiones o si prefieren seguir enviando cartas con tímidas sugerencias.

 
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