Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 9 de julio de 2006 Num: 592


Portada
Presentación
Bazar de asombros
Una certeza, dos dudas y una carta inconclusa
MARCOS
Para mayor gloria del teatro
OTTO MINERA
El siglo de Brecht
LUIS DE TAVIRA
Ocho momentos en la vida y la obra de Bertolt Brecht
HUGO GUTIÉRREZ VEGA
La ópera de los millones de centavos
Ricardo Bada
La Comala del sur en Abril rojo
ADRIANA CORTÉS KOLOFFON Entrevista con SANTIAGO RONCAGLIOLO
Mentiras transparentes
FELIPE GARRIDO

Columnas:
Y Ahora Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

La Casa Sosegada
JAVIER SICILIA

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Indicavía Sonorosa
ALONSO ARREOLA

Tetraedro
JORGE MOCH


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 

Ricardo Bada

La ópera de los millones de centavos

En las emisoras alemanas, los manuscritos suelen llevar algunos pasajes encorchetados, con la indicación: "k.w." (= kann weg = puede suprimirse). Con ella, el autor toma en cuenta el hecho de que tal vez no sea posible radiar el texto completo, y establece desde el vamos los pasajes que no son esenciales. Este es un género de autocensura que me parece que practican, con una alta cota de virtuosismo, algunos intelectuales que protestan contra algunas situaciones fácticas ...y que no tienen las agallas de un Emile Zola.

Por ejemplo, Bertolt Brecht, quien a raíz del levantamiento obrero de Berlín Este el 17/vi/1953, le escribe una carta a Walter Ulbricht, el jerarca máximo de la rda. Una carta que se publica "acortada" sin que Brecht proteste ni en público ni en privado. Y en un escritor que, sin duda de ninguna especie, podemos considerar como uno de los grandes maestros del idioma alemán de todos los tiempos, se me figura que el arte de la formulación debiera haber estado tan perfeccionado que su texto se hubiese podido publicar íntegro (o bien dejado de publicar íntegramente), porque el buen lector está acostumbrado, en según qué regímenes, a saber leer entre líneas. Mi conclusión es que Brecht sembró puntos y apartes que equivalían de modo invisible a los "k.w." de los manuscritos radiofónicos. Pues de otra manera no me lo explico.

Y no me lo puedo explicar de otro modo porque, además, la larga carrera de Brecht como escritor avala el sentimiento de que la política diaria le importaba un rábano... aunque quizás me haya equivocado al elegir el símil: después de todo, esa crucífera, el rábano, es roja por fuera y blanca por dentro: es decir, genéticamente brechtiana.

¿Qué estaba haciendo Brecht mientras Hitler se lanzaba a las calles de Munich en el frustrado golpe de Estado del 9/xi/1923? Ensayaba en un teatro de esa misma ciudad de Munich su pieza sobre Eduardo ii de Inglaterra.

¿Y qué estaba haciendo cuando los obreros berlineses orientales se sublevaron el 17/vi/1953? Ensayaba en un teatro de esa misma ciudad de Berlín (Este) el drama Don Juan, de Benno Besson.

Otro episodio: Brecht se exilia en 1933, inmediatamente después del incendio del Reichstag, y su solidaridad con la República Española le lleva a escribir un bellísimo poema breve y Los fusiles de la madre Carrar, en tanto que prepara su salto a la fábrica de mentiras (Hollywood) en calidad de vendedor —lo cito textualmente—, mientras muchos otros alemanes, igual de exiliados que él, llegan a España para combatir con su pluma y/o un fusil por la causa de esa República. Marielouise Fleischer definió luego la actitud vital de Brecht con estas palabras: "Su meta final era altruista, sólo que su método para llegar a ella era misantrópico."

Lo que sí le importaba varios manojos de rábanos era el dinero. En el libro El genio y el dinero, de Karl Corino, donde se documenta la intensa relación de los literatos alemanes con el vil metal, el ciudadano Bertolt Brecht destaca como uno de los que más y mejor supieron sacarle tajada a cualquier situación.

Por ejemplo: Allá por 1922, contando sólo veintitrés años de edad, Brecht se hace amigo íntimo de Arnolt Bronnen, dramaturgo muy conocido de aquellos tiempos. La amistad funciona casi como una razón social, Arnolt & Bertolt sc, cuando uno de los pontífices de la crítica teatral alemana, Herbert Ihering, propone a Bronnen para el sustancioso Premio Kleist. Ingenuamente, Bronnen le pide a Ihering que se reparta el premio entre Brecht y él. Ihering, a su vez, con base en la súplica de Bronnen, le pide a Brecht unos datos biográficos, y nuestro hombre, ni corto ni perezoso, le llora la milonga a Ihering en una carta que no tiene desperdicio, apelando sin ningún género de escrúpulos a la misericordia del jurado: sólo falta la proverbial frase de que sus hijos se mueren de hambre, y si bien es verdad que Brecht aún no era padre por esos días, también lo es (lo diré en su descargo) que pudo habérselos inventado. Consecuencia: el Premio Kleist le fue concedido a Brecht en solitario, por un jurado de corazón tierno.

¿Cómo puede, y a quién, extrañar que Brecht, al decidir regresar a suelo alemán, y elegir para ello expresamente la rda, se amarrase bien los machos y organizara su "desembarco", 1. con un pasaporte austríaco, y 2. haciéndose girar los derechos de autor a su cuenta en la editorial Suhrkamp, de Francfort del Meno, es decir, de la Alemania capitalista?

Y un capítulo aparte, al margen de este aspecto crucífero de sus actitudes políticas, sería el que habría que dedicar al infame comportamiento de Brecht con todas las mujeres, sin excepción, que pasaron por su vida. La vergüenza ajena se decanta por correr un tupido velo.

Pero claro, está su obra. Sólo a aquellos que seguimos alimentando una desconfianza enfermiza frente a los que predican una cosa y practican otra, se nos puede ocurrir ser aguafiestas en el cincuentenario de la muerte de un escritor como Bertolt Brecht. Su obra, claro, su obra... Sólo que... ¿de qué obra de Brecht hablar? ¿De la que conocen, cuando la conocen, los alemanes? Habría, pues, que hablar de cómo los alemanes occidentales, que fueron los últimos en acceder a esa obra, la aclaman, la veneran y la ensalzan, resultando así que el pobre Brecht se equivocó de medio a medio al escribirla, porque, ¿cómo es posible que su obra se aclame, se venere y se ensalce por un público a todas luces capitalista?

Tan bien camuflado no está el pensamiento de Brecht en sus piezas, casi se diría que todo lo contrario, que salta a la vista, que su tratamiento de los temas excluye el camuflaje. Con lo que llegamos a la fatal conclusión de que, ¡ay!, toda la teoría teatral de Brecht, su famoso efecto de distanciamiento, su pretensión didáctica, su dimensión épica, no han sobrevivido a la muerte del autor. El edificio se ha desfondado por la sencilla razón de que Brecht era demasiado buen dramaturgo como para escribir teatro épico, didáctico y/o distanciado. Ahí quisiera yo ver al guapo capaz de distanciarse de Helene Weigel arrastrando el carromato de Madre Coraje.

En ese agujero negro que es el público de nuestros días, al que más que Shakespeare, Calderón o Ibsen le importan las puestas en escena de Peter Brook, Giorgio Strehler o Ingmar Bergman, los mensajes marxistas de nuestro buen Brecht se hunden como epigramas gentiles que hasta pueden ser citados dentro del establishment, contando de antemano con la sonrisa cómplice de los oyentes educados: "¿Para qué robar un Banco cuando existe la posibilidad de fundarlo?" (La frase podría ser también de Oscar Wilde, ¡y hasta de don Jacinto Benavente!)

Con sus textos, y sobre todo con su sedicente puesta en escena épica, Bertolt Brecht conseguía todo lo contrario de aquello a lo que decía que aspiraba: conseguía el efecto de consenso, en vez del distanciamiento. Y además..., además, ¿cómo se puede tomar en serio la pretensión épica de un autor que, como lo demuestra su obra, es un finísimo poeta lírico?

Lírico, sí. Lo que el tiempo nos está haciendo ver, y cada vez con mayor claridad, es que Brecht fue, es, uno de los poetas líricos más completos, y de mayor amplitud de registro, que haya dado el idioma alemán. Lástima grande que incluso las mejores traducciones imaginables reduzcan esos poemas al andamiaje explicativo, por la imposibilidad absoluta, radical, de poder traducir todo lo inefable, que es el resto.

Sólo porque es honesta y está al servicio del original, hasta donde ello es posible, me atrevo a cerrar este panóptico brechtiano con mi traducción del poema que mencioné más arriba y que envió como un gesto de solidaridad al Congreso de Escritores Antifascistas, Valencia 1937, en plena guerra civil española:

Mi hermano era piloto,
llegó un día una postal,
hizo su equipaje y
rumbo al sur echó a volar.

Mi hermano era un conquistador,
nuestro pueblo vive estrecho
y hallar espacio es,
entre nosotros, un viejo sueño.

La tierra que mi hermano conquistara
está en la Sierra del Guadarrama
y un metro ochenta mide en longitud:
poco más que medía su ataúd.

Esa estrofa final, en alemán, y con una toponimia española harto sui generis, dice así:

Der Raum, den mein Bruder eroberte
Liegt in Quadaramamassiv
Er ist lang einen Meter achtzig
Und einen Meter fünfzig tief.

Ese clarísimo pero intraducible "tief" (= profundo), rimando inesperadamente con "massiv", le confiere al poemita todo la honda majestad de un Requiem. Y define al mismo tiempo a un lírico de cuerpo entero.