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El equipo, ovacionado por miles de tifosi, visitó al primer ministro Romano Prodi

La squadra azzurra llega a Italia en medio de grandes festejos

Su victoria fue merecida, pero no es un campeón brillante, opinó Franz Beckenbauer

Aeronaves militares pintaron el cielo con los colores verde, blanco y rojo para recibirlos

AGENCIAS

Ampliar la imagen Alberto Gilardino, Marco Amelia, Alessandro del Piero y Gennaro Gattuso celebran el tetracampeonato Foto: Reuters

Roma, 10 de julio. Un corazón blanco adornaba el brillante cielo azul sobre Roma: la escuadrilla de acróbatas aéreos Frecce Tricolori ideó especialmente una nueva formación para saludar a la gloriosa selección azzurra con este particular regalo.

Desde que Fabio Grosso convirtió el penal decisivo la noche del domingo en la final del Mundial de Alemania, los astros italianos son celebrados en su país como dioses del futbol.

En el aeropuerto militar de Practica di Mare, cerca de Roma, miles de aficionados esperaron varias horas al equipo.

Fabio Cannavaro, alzando el codiciado trofeo, y el entrenador Marcello Lippi fueron los primeros en bajar del avión, mientras 10 aeronaves militares pintaban en el cielo los colores de la bandera italiana: verde, blanco y rojo.

"Estoy muy feliz de haber celebrado mi partido número 100 para la selección con una victoria tan importante", dijo el capitán. "Fue una gran satisfacción. Vimos por televisión que Italia enloquecía y nos dimos cuenta de que habíamos concretado una gran empresa.

"Creo que con un poco más de descanso podremos saborear esta felicidad", señaló por su parte el arquero Gianluigi Buffon. "Este grupo quiso demostrar que era difícil de vencer".

El equipo abordó luego dos autobuses para trasladarse del aeropuerto hasta el Palazzo Chigi, donde fue recibido por el primer ministro Romano Prodi.

Cientos de miles de tifosi ya estaban reunidos desde la tarde en el Circo Massimo, donde se organizó una megafiesta con toda la selección.

"Es una victoria muy importante, llena de simbolismo. Y qué partido emocionante, la diferencia la hizo un solo penal", dijo Prodi.

El primer ministro entregó medallas a los jugadores. En su discurso hizo referencia al escándalo por presunta manipulación de resultados que podría derivar en el descenso de Juventus, Milan, Fiorentina y Lazio, equipos importantes y con campeones mundiales.

"Gracias por dar a Italia, un país que con demasiada frecuencia tiende a dividirse, una razón para compartir un sentimiento de orgullo y pertenencia", señaló Prodi, quien abogó además por la "limpieza del futbol italiano".

En las calles, los fanáticos seguían gritando una y otra vez Campioni del mondo, en medio del delirio. El himno nacional resuena en los bares y en las bocas de los jubilosos fanáticos.

Mientras Franz Beckenbauer aseguró que "Italia ganó merecidamente, pero no es un campeón brillante", la prensa italiana no reparó en elogios. "¡El mundo nos pertenece!", escribió La Repubblica. Y coincidía con Corriere dello Sport: "¡El mundo entero se rinde a los pies de nuestros campeones".

Aunque hubo algunos incidentes (una decena de alborotadores fueron detenidos en Roma, después que incendiaron autos y autobuses), fue una Notte Magica, y la canción homónima de Gianna Nannini, escrita con ocasión del Mundial de Italia 90, sonó más de una vez.

 
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