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Carlos Fernández-Vega

Acelerados de dentro y de fuera

Ni Fox mantiene ''el freno puesto'', ni los felicitadores contienen sus ansias

Apenas el domingo pasado atribuía su silencio a cuestiones divinas ("el Señor me prohibió que hablara", sobre cuestiones electorales) y aseguraba traer "el freno puesto" y estar "en veda", y 24 horas después no sólo incumplió su promesa (una de miles) de permanecer callado, sino que canceló la posibilidad de que a los mexicanos se les hiciera el milagro largamente esperado: no escuchar la sandeces del Presidente de la República.

Prometió no hacer comentarios sobre el proceso electoral hasta que concluyera, pero ni eso pudo cumplir. El vicio es el vicio, y el acérrimo enemigo que Vicente Fox tiene en sí mismo, y que le ha hecho marcaje personal desde que se sentó en Los Pinos, volvió a ganarle la partida.

No está el horno para bollos, pero el jinete sin cabeza es infeliz si no arma un sainete, su especialidad sexenal. Así, no se le ocurrió mejor idea que quitar el freno, levantar la veda y abrir la boca sólo para avivar el fuego de una hoguera política de pronóstico reservado. "Renegado" llamó a su peor pesadilla, cuando en el balance no hay más renegado que el propio inquilino de Los Pinos.

¿Qué hará este pobre refrigerador con botas una vez que entregue el micrófono que tanto le apasiona y que tantos problemas ha causado al país?

De acuerdo con las crónicas periodísticas, el pasado domingo en San Cristóbal la colegiza preguntó a Vicente Fox sobre el clima postelectoral en el país: "no hay declaraciones; me prohibieron que hablara", contestó tras su asistencia a misa. ¿Quién se lo prohibió? "¡El Señor!", dijo Fox y levantó la mirada al cielo. Pero el Altísimo lo sancionará, de tal suerte que el inquilino de Los Pinos deberá regresar al confesionario y recibir su penitencia por mentiroso, no sólo por quitar el freno y levantar la veda de declaraciones postelectorales, sino, especialmente, porque desde hace casi seis años el "cambio" prometido dio vuelta en U y resultó más desaseado que los tricolores.

Mientras por penitente negocia la sanción con los curas, otros acelerados también se vieron en la penosa necesidad de meter el freno hasta el fondo y dar vuelta en U. Resulta que más tardó el veloz Luis Carlos Ugalde en declarar "ganador" a Feliproa, que los gobiernos español y estadunidense en mandar sus respectivas cajas de bombones en forma de corazón.

Sin considerar los tiempos que marca la ley electoral mexicana, los presidentes Zapatero, de España, y baby Bush, de ya saben dónde, se animaron a "felicitar" y "saludar" a Felipe Calderón, con música de fondo interpretada por la sinfónica de la Secretaría de Relaciones Exteriores, que no ha dicho ni pío sobre esta anomalía.

Alguien, sin embargo, lo habría comentado en la Moncloa y en la Casa Blanca porque, aunque balbuceantes, los voceros de Zapatero y Bush intentaron una suerte de justificación sobre el proceder de sus respectivos mandatarios.

De acuerdo con un despacho de la agencia Efe, fuentes del Ejecutivo español aseguraron que "la felicitación telefónica de José Luis Rodríguez Zapatero al candidato Felipe Calderón, no pretende prejuzgar el resultado final de la anunciada impugnación del escrutinio oficial. En esta conversación, Rodríguez Zapatero y Calderón acordaron mantener y fortalecer las buenas relaciones históricas existentes entre los dos países, pero tal llamada fue la (misma) que normalmente se hace a quien las instituciones electorales oficiales proclaman como candidato más votado, sin que ello suponga prejuzgar en un sentido o en otro el resultado de una posible impugnación del escrutinio ante la justicia".

Nada convincente la justificación, aunque menos obvia que la arriesgada por la Casa Blanca. Despachos de prensa señalan que "el presidente George W. Bush ha felicitado a Felipe Calderón por su elección a la Presidencia de México debido a que fue oficialmente proclamado ganador, pero puede reconsiderar su posición si se produce un ajuste en los resultados", de acuerdo con el portavoz presidencial (el de allá). Además, "mientras Calderón siga sin asumir el cargo seguirá sin autoridad como para juzgar los actos del gobierno de Washington. La última vez que he averiguado, Calderón no tenía ninguna autoridad oficial sobre las actividades del gobierno de Estados Unidos".

¿No se apresuró la Casa Blanca con la felicitación a Calderón?, le preguntaron al portavoz, y éste muy quitado de la pena respondió: "la charla fue muy corta... y Bush lo hizo sobre la base de que la comisión electoral lo había, de hecho, declarado presidente. Y según las leyes de México, en esa circunstancia, él es el presidente"... (sin embargo) si hubiese un recuento, si hubiese algún reajuste, si hubiese un cambio, entonces el presidente (Bush) lo aceptará de igual manera. México, obviamente, tiene la capacidad de decidir quién, como resultado de unas elecciones transparentes, es el presidente del país".

Entre acelerados te veas.

Las rebanadas del pastel:

¿Y la Secretaría de Relaciones Exteriores? Calladita, porque el de las felicitaciones "es un asunto entre particulares".

cfvmx@yahoo.com.mx / cfv@prodigy.net.mx

 
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