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Javier Flores

La fabricación de la realidad

Los jueces van a actuar sometidos a gran presión. Por un lado, la declaratoria de facto de un ganador de las elecciones presidenciales, que se produjo, nada menos, a través del Instituto Federal Electoral (IFE). Su trabajo se desarrollará también en medio de movilizaciones públicas, realizadas por quienes no reconocen los resultados surgidos del instituto creado, al menos formalmente, para garantizar procesos electorales limpios.

Los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) también tendrán que lidiar con un factor internacional como es el reconocimiento adelantado que han dado algunos gobiernos extranjeros al anuncio del consejero presidente del IFE. Nada menos que el de George W. Bush, presidente de Estados Unidos, que es nuestro país vecino y la potencia militar más importante del planeta. También el de José Luis Rodríguez Zapatero, presidente de España, nación que es, por razones históricas, nuestro vínculo más importante con la Unión Europea.

Los jueces dirán con razón: "Nada de eso puede influir en nuestra decisión". Formalmente se trata de un poder aparte, el único facultado para dar el anuncio oficial sobre quién es el presidente de México. Pero todas las presiones descritas anteriormente son nada frente a la pregunta: ¿dónde quedará situado el Poder Judicial en este momento de la historia de nuestro país? En el pasado, vergonzosamente, ha sido un apéndice de otros poderes: el económico y el Ejecutivo. Al decir esto nadie debe alarmarse, lo saben los jueces y todo el pueblo de México. Hay que reconocer, sin embargo, que en los últimos años la Suprema Corte de Justicia ha luchado tenazmente y ha conseguido un margen importante de autonomía.

Mas la independencia, por importante que sea, no se logra simplemente atendiendo a los opositores. Tampoco en respuesta a la suplantación que hiciera el IFE, usurpando el papel del tribunal. Habrá que aguantar todo esto. La resolución debe basarse en elementos objetivos.

Luis Carlos Ugalde repitió varias veces la noche del 2 de julio que los resultados en los que se basaba su anuncio tenían sustento científico. Este argumento lo escuchamos a menudo cuando se quiere justificar algo y al mismo tiempo se trata de evitar cualquier discusión. Por ejemplo, a la frase: "está científicamente demostrado que..." se agrega: "... esta crema desaparece las arrugas", "... tal bebida permite bajar de peso", o "... este medicamento elimina las hemorroides". ¡Oh, ciencia, cuantos crímenes se cometen en tu nombre!

Una encuesta de salida no es un ejercicio científico, sino solamente la aplicación de técnicas ya probadas y realizadas en este caso por expertos de reconocido prestigio. La ciencia tiene otros fines; el principal: la creación de nuevos conocimientos. Doctor Ugalde, por favor, no subestime a los mexicanos. La imposición de Felipe Calderón Hinojosa como presidente de la República ha sido un proyecto muy costoso económicamente -por no hablar de lo que será en términos políticos. Para decirlo rápidamente: ninguno de los elementos empleados en la consumación de este fraude (sí, un fraude) tiene base científica. Se trata de la fabricación de una realidad que se disfraza de objetividad y neutralidad al más puro estilo del positivismo de los siglos XVIII y XIX.

Otro ejemplo es el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP). Los matemáticos y científicos, a quienes habría que expresar un reconocimiento pues, motivados no necesariamente por una preferencia electoral, sino porque no les gusta que les vean la cara de tontos, han demostrado que se manipularon los datos, lo cual coloca al IFE en, digamos, una posición bastante incómoda. Un amigo, a quien admiro y respeto, el maestro Juan Carlos Villa Soto, de la UNAM, ha mostrado que las inconsistencias del PREP también se produjeron el día del goteo, o sea, la noche interminable del cómputo de las actas en los 300 distritos electorales.

Las encuestas fueron patéticas antes de las elecciones. Tuvieron la función de fabricar una realidad. Un empate técnico que costó mucho dinero, cuya función fue justificar que Felipe Calderón ganara luego por escasa diferencia. También una campaña -que debería ser inadmisible- que implicó una inversión económica muy grande, para mostrar a López Obrador como un peligro para México; otra vez, la invención de una realidad.

Los votos de las casillas que fueron excluidas por inconsistentes y los de las pocas urnas que lograron abrirse el día del cómputo distrital muestran mayoritariamente que favorecían a López Obrador. La estrategia ha consistido en la acumulación de datos, supuestamente objetivos, para imponer a un candidato. Los datos han sido creados para fabricar una realidad.

¿Por qué se puede afirmar desde ahora que hubo fraude? Pensemos por un momento en un proyecto científico. Manipular y distorsionar los datos y ocultar información tienen desde el punto de vista científico un nombre: fraude. En las elecciones está demostrada la manipulación del PREP y se oculta la información primaria, es decir, los votos que contienen las urnas.

¿Qué va a hacer el Poder Judicial? ¿Va a basar su dictamen en una objetividad tramposa? No me hago ilusiones, pero, al menos, es importante que todos los mexicanos, incluidos los jueces, tengamos claro dónde estamos parados.

 
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