Usted está aquí: viernes 14 de julio de 2006 Opinión Laberintos

José Cueli

Laberintos

El proceso electoral de este sexenio ha resultado particularmente complicado, hostil, belicoso e inquietante. Críticas y afrentas iban y venían, y los ciudadanos nos encontrábamos, al principio, confusos, luego saturados y hacia el final llegamos hasta el hartazgo, cargados de preocupación y zozobra.

No menos complicadas resultan las cosas en estos momentos en que, por una parte, se da por hecho que ya hay un nuevo presidente electo y, por otra, una cantidad importante de seguidores de la fuerza opositora sigue insistiendo en que su elegido es el bueno y que no puede permitirse que se le arrebate la Presidencia, pues desconfían de los conteos y de las irregularidades que se supone se dieron a lo largo de la jornada de votaciones.

Es un hecho claro y contundente que el partido en el poder quería permanecer en ese lugar. Llegó allí más bien porque los votos fueron de castigo hacia un partido que había permanecido 70 años en el poder, que ya se estaba fragmentando y que, además del consabido dedazo, había empleado estrategias poco ortodoxas para conservar esa posición muy semejante a una dictadura.

A estas alturas el partido en el poder bien sabía que su única fuerza opositora estaba representada por el PRD. Y en este punto empezaron a sucederse actos que semejan el laberinto kafkiano, donde una puerta lleva a otra y así sucesivamente. La situación fue haciéndose compleja de una manera, insisto, kafkiana.

Se empezó con el asunto de los famosos predios y el juicio contra López Obrador. En el caso del desafuero se abrieron y cerraron puertas tal y como lo describe Kafka. Al llegar la amenaza del desafuero se abrieron nuevas puertas y, por tanto, nuevos laberintos que al mostrarse destaparon asuntos truculentos como el de Bejarano y otras irregularidades en las que aparecían colaboradores cercanos del futuro candidato.

Posteriormente, ya en plena campaña electoral se dieron hostilidades, agresiones, bravatas y descalificaciones que nada tienen que ver con una lucha por la democracia que debe caracterizarse principalmente por la congruencia, la mesura, el diálogo, los consensos, el respeto mutuo y la cordura.

Además de lo anterior hemos escuchado promesas desmesuradas que de antemano sabemos resultará imposible cumplir. Como es costumbre se ofrecen cambios que no se realizan y metas que no se alcanzan. Y ni qué decir de la parafernalia de los medios televisivos que, dicho sea de paso, no fueron equitativos en su trato a las campañas. Coludidos con el poder, colaboraron a la construcción de este laberinto de puertas kafkianas.

Una nueva puerta que se abrió ya muy cerca de las elecciones fue la del caso Hildebrando. Una puerta que como todas las demás está entreabierta y que continuará abriendo sucesivas puertas en un laberinto sin fin.

¿Cuántas puertas más se abrirán en este laberinto de aquí al 31 de agosto? ¿Hacia donde nos conducirán? ¿Cuál será el desenlace de este proceso electoral que tanto nos ha inquietado y todavía nos sigue preocupando?

Estamos imperiosamente necesitados de soluciones factibles, de equidad, de paz, seguridad y tranquilidad. De mejores servicios de salud, de mejores programas educativos, de mejores empleos y de mayores oportunidades de trabajo. Necesitamos que alguien ponga freno a la inseguridad y la corrupción.

Ojalá eso fuera lo que saliera de las puertas que están por abrirse, y no atrocidades, arbitrariedades, desconfianza, incertidumbre y desconsuelo.

 
Compartir la nota:

Puede compartir la nota con otros lectores usando los servicios de del.icio.us, Fresqui y menéame, o puede conocer si existe algún blog que esté haciendo referencia a la misma a través de Technorati.