Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 16 de julio de 2006 Num: 593


Portada
Presentación
Bazar de asombros
La feria: Zapotlán en vivo
MARCO ANTONIO CAMPOS
"¡Maten a Borges!"
JOAQUÍN MAROF
Carta desde Río de Janeiro
ANDRÉS ORDÓÑEZ
Leer Madame Bovary 150 años después
ADRÍAN MEDINA LIBERTY
La cita
LEANDRO ARELLANO
Abecedario del Mundial
RICARDO BADA
Bazar
ALEYDA AGUIRRE
Lo que el viento a Juárez
Mentiras transparentes
FELIPE GARRIDO

Columnas:
A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUIA

Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Teatro
NOÉ MORALES MUÑOZ


Directorio
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jsemanal@jornada.com.mx

 


ANGELICA ABELLEYRA

GABRIELA OLIVO: ACCIONES RITUALES
PARA CURAR AMNESIAS

Las preguntas le sirven para replantearse los significados de los ritos, de las memorias que guarda el cuerpo, de las emociones que conforman el ser individual y el ente colectivo que somos yo y los otros. Por eso, cuestionando, las acciones artísticas de Gabriela Olivo de Alba (DF, 1953) se convierten en un registro para curar amnesias y no sólo sanar (se) la desmemoria, sino inventariar aquello que nos sucede en la piel, los sueños, la mente y lo desconocido.

El teatro fue su formación desde el momento en que concluyó la secundaria en 1968 y acompañaba a su hermana preparatoriana a montajes con un espíritu de rebeldía. Entonces era sólo espectadora, pero estar frente a aquél desarrollo actoral la marcó de la misma manera que el recuerdo del entorno familiar en San Juan de los Lagos, Jalisco, con monigotes en desfile pagano o procesiones religiosas que mucho tenían de teatro callejero y sorpresa.

Poco recuerda de sus clases de álgebra en la preparatoria y tiene muy presente el taller de teatro que le ayudó a superar el pánico escénico al cantar frente a su parentela. Sin embargo, en la escuela se desenvolvía con placer en las sesiones de lectura en voz alta y en los trabajos de creación colectiva. También disfrutaba lo que ahora asume como incomprensión de lecturas de Beauvoir, Camus y Sartre, cuando vino la decisión de una carrera: el teatro, ante el desconcierto de la familia que esperaba de ella la elección de una profesión de verdad. Optó por la pedagogía durante un año, pero un viaje a Europa truncó aquel desvarío y con el retorno incursionó en el universo de la radio por cuestiones de sobrevivencia.

En Radio Educación leyó noticias, hizo dramatizaciones y dio cuenta de la programación musical, hasta que ingresó a la unam para estudiar literatura dramática y teatro. A partir de la improvisación, pudo satisfacer sus inquietudes autorales y encontrar que un texto dramático no era la única carne aprovechable para una puesta en escena. Creyó entonces, como ahora, que cualquier proceso de creación es una especie de cadáver exquisito (como aquel de los surrealistas) donde alguien arma una frase y, sin saber de qué se trata, otro más la completa. Esa construcción colectiva motiva en Gabriela Olivo una actitud autoral que va más allá de la representación misma.

Luisa Josefina Hernández, José Luis Ibáñez, Héctor Mendoza, Ludwig Margules, Germán Castillo, Ernesto Bañuelos y Carlos Téllez han sido los maestros que la han nutren con talleres y procesos de montaje con el germen del performance, un género que le sirve para hacer el registro corporal de las emociones y de las energías que pueden llegar a tener mayor significado que aquello expresado desde la piel misma.

Recuerdos de la niñez, homenajes a los hijos nos nacidos, un auto funeral, despedidas y un casorio consigo misma conforman su bitácora de muchos viajes en las piezas Ay mis hijos, Ojos que no ven… corazón sangrante, Esta que está aquí se va pero se queda, La vida a quemarropa, No me llores más, Sombras de Oaxaca, Curando amnesias y Nupcias, entre otras.

Diplomática sin carrera, disfrutó siete años como agregada cultural en Venezuela (de 1995 a 2002), con la visión de que la cultura es una herramienta de política fundamental que no se valora aún en México. Además, ha sido funcionaria del Conaculta y hoy se encarga del área de relaciones públicas de la Secretaría de Seguridad Pública, un ámbito tan ajeno a ella que le genera su mayor reto. De la misma manera asume su continuo desafío frente a su aprehensión del mundo, especialmente el de los sueños para un futuro proyecto, Ojo de la cerradura, a partir de la idea que el proceso anímico y orgánico que se da en el sueño es similar al de creación, amasado por imágenes e ideas madres que la obsesionan y no son producto de una reflexión racional, sino componentes que si uno deja abrir y aflorar, llevan a otros vasos comunicantes que no están presentes en la vigilia.

Atenta a los objetos, en tanto ellos tienen una suerte de memoria carnal de quien los construyó, poseyó y desechó, convive en su casa con instalaciones, fotografías, sillas y collages que son su mapa de vida. Por ello, su hogar no es un espacio decorado, sino significado, de igual manera que sus acciones rituales son apuntes para una antropología personal o un arte que le permite mantener viva la memoria.