Usted está aquí: viernes 21 de julio de 2006 Capital Pronto sonarán más campanadas cada 15 minutos desde Catedral

Un especialista del centro y sus hijos reparan el reloj de la torre poniente

Pronto sonarán más campanadas cada 15 minutos desde Catedral

Lo "echarán a andar" tras permanecer detenido 8 años, con inversión de 90 mil pesos

ANGEL BOLAÑOS SANCHEZ

Ampliar la imagen El experto en la materia Antonio Martínez, muestra uno de los relojes de Catedral que están siendo reparados Foto: Marco Peláez

Los habitantes de la ciudad de México y quienes la visiten, a su paso por el Zócalo volverán a escuchar las campanadas que cada 15 minutos dará nuevamente el reloj de la torre poniente de la Catedral Metropolitana.

Hace ocho años el reloj se descompuso y a finales de marzo pasado, con una inversión de 90 mil pesos, el Fideicomiso Centro Histórico de la Ciudad de México, del Gobierno del Distrito Federal, encargó su reparación a un relojero vecino de la zona.

Antonio Martínez Gutiérrez, con ayuda de sus tres hijos y un nieto, herederos todos ellos de la tradición, se dio a la tarea de desmontar las tres máquinas que, juntas, tienen un peso aproximado de una tonelada, y las bajó por una escalera en forma espiral de más de 200 escalones, de madera y piedra, para trasladar la maquinaria a su taller, ubicado en el edificio Puebla, que se encuentra en el número 43 de la calle 5 de Mayo.

De oficio relojero desde hace ya 50 años, cuando entró a trabajar -cuando tenía alrdedor de 15- en el taller de Juan Helú Rosales, en Madero 70, don Antonio recuerda que desde joven, cuando pasaba por la Plaza de la Constitución escuchaba las campanadas del reloj y se repetía: "Un día te he de ver. Un día te he de ver".

Y un día, el arquitecto Juan Urquiaga Blanco, a quien le había reparado un reloj antiguo, le preguntó: "¿Cree que pueda arreglar el reloj de Catedral?", a lo que respondió: "arquitecto, es un sueño de toda mi vida".

Visita el jefe de Gobierno al relojero

Ayer, el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Alejandro Encinas Rodríguez, se dio una vuelta por el taller para conocer el avance del trabajo, que además de la limpieza de las piezas implicó la restauración de algunas de ellas, que presentaban desgaste o estaban fracturadas, y posteriormente el mandatario capitalino subió a la torre, conocida también como "el campanario de los ángeles santos custodios", porque fue el primero que se concluyó, y está dedicado a la custodia de la ciudad.

Varios días dedicaron Antonio Martínez y sus hijos, Iván Martínez Fuentes, de 32 años y quien tomó un curso de relojería en Suiza; Wendick, de 24 años, y Antonio, de 17, así como un sobrino de ellos, Yair Pérez Martínez, de 14 años, para desmontar el reloj y sus tres máquinas, instaladas sobre una estructura dentro de una cabina en la segunda base de la torre, a unos 50 metros de altura; de hecho, el reloj no se ve desde el exterior, y tuvieron que ir bajándolas, primero por una escalera elipsoidal (una de las pocas de su tipo que hay en el mundo), construida con madera de cedro hace 300 años, y posteriormente por otra espiral de peldaños de cantera.

En 15 días concluirá el rearmado del reloj, comentó don Antonio al jefe de Gobierno, para comenzar a instalarlo, una vez que se hagan también algunos arreglos a la caseta que lo protegerá de la lluvia y el polvo, ésta vez, con ayuda de una grúa, ofreció Encinas.

Arriba, en tanto, permanecen las tres campanas en espera de volver a tocar sus tonos, uno para los cuartos, dos para la media y tres cada hora, como antaño, recuerda Rafael Parra, campanero mayor de Catedral, quien refiere que cuando la ciudad no tenía tal estruendo de motores y claxonazos como hoy, las campanas de la Catedral Metropolitana se escuchaban hasta Chapultepec.

Encinas se dio tiempo para ver la panorámica de la ciudad desde la torre, que según la tradición católica simboliza la comunicación entre Dios y el hombre, para percatarse también de problemas más bien terrenales: los vendedores ambulantes que invaden espacios alrededor de la Catedral ya recuperados, y en seguida ordena que los saquen; "son de los más insolentes, han llegado a amenazar a los encargados de la Catedral", comenta alguien del Fideicomiso. "Sáquenlos", insiste Encinas.

Luego hace cuentas: cinco meses que restan a su gestión, y plantea al presbítero, Francisco Javier Becerra Martínez, la posibilidad de reparar el otro reloj, el que sí se ve desde la calle, pero que fue abandonado cuando llegó el otro, en 1905, y que de hecho se fueron desmontado sus piezas y están embodegadas. "¡Nos lo echamos!", se entusiasma el religioso y voltea a ver a don Antonio, que sonríe y asiente.

 
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