Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 30 de julio de 2006 Num: 595


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JUAN DOMINGO ARGÜELLES

EFRAÍN BARTOLOMÉ: FOGATA CON TRES PIEDRAS

Luego de casi una década de no haber dado a la imprenta un libro de poesía, desde que en 1997 publicó Partes un verso a la mitad y sangra, Efraín Bartolomé (Ocosingo, Chiapas, 1950) acaba de romper ese silencio con el libro Fogata con tres piedras (México, Conaculta-inba/Editorial Calamus, 2006.)

Fogata con tres piedras está compuesto por tres estancias: "La casa sola" es una intensa elegía a la muerte de su madre, fechada en 1998; "Toniná: Una mirada hacia los cuatro rumbos", que data de 2001, es un canto épico que celebra el esplendoroso pasado de su tierra natal en el valle de Ocosingo, y "Wawona Tree", escrito en los últimos días del año 2000, en Yosemite Valley, expresa el asombro ante las descomunales y milenarias secoyas del valle de California.

Como en sus libros anteriores, en éste Efraín Bartolomé es pródigo con el lector: lo que goza y lo que sufre, lo que aprehende con todos los sentidos lo transforma en poesía que comparte con el que lee, por medio de generosas intensidades.

"La casa sola" es uno de los momentos más agudamente dolorosos de la poesía de Bartolomé, sólo comparable a Cuadernos contra el ángel (1987), otra gran elegía dentro de su obra. Este extenso poema conoció una bellísima edición especial de corto tiraje, en Tuxtla, el 14 de julio de 1999 (fecha del primer aniversario del fallecimiento de doña Celina Rodríguez de Bartolomé), publicado amorosamente por León de la Rosa Editores, con ilustraciones de Balam.

Este primer tercio de Fogata con tres piedras canta, con un llanto contenido, el dolor de la muerte: "De dos en dos las dulces campanadas/ bajo el cielo del valle/ Doblan por ti madre y hacen temblar el aire/ y encienden el dolor/ y asustan las palomas del viejo campanario/ y espantan las parvadas de oscuras codornices/ en mi desordenado corazón."

En otro momento del poema, el hijo habla con su madre muerta y le dice: "Aquí hemos estado nueve días/ recuperando fuerzas./ Nueve días en grupo/ para empezar a habituarnos a tu ausencia./ Pero ahora el grupo se dispersa:/ todos los días que siguen/ corren por nuestra cuenta."

Poema compuesto por múltiples instantes de profunda intensidad, "La casa sola" es crónica del dolor y testimonio de los días aciagos: "Mi madre ha muerto. Lo escuché en la esquina/ cuando llegaba al pueblo en el ocaso./ Y lo repite cada martillazo,/ cada golpe de lluvia repentina./ Escribiré en su tumba con buen trazo: Arde el amor aquí: doña Celina."

La parte central de Fogata con tres piedras corresponde al extenso poema "Toniná: Una mirada hacia los cuatro rumbos", en donde la poesía de Bartolomé se despliega invicta al igual que el mito sagrado al que rinde tributo. Contra lo que pudiera pensarse, "Toniná" no es un poema arqueológico sino un poema de revelaciones que revive el pasado épico para agradecer la maravilla del paraíso que aún es posible disfrutar en el valle de Ocosingo: "Toniná/ Casi noche/ Silencio/ Hundido sol/ El perfil de los árboles en la alta serranía del poniente/ se está borrando ya/ Ya los últimos haces de alada luz cruzaron por las nubes/ :hundieron en la tierra su luminosa lanza/ y desaparecieron/ Del cráneo roto de la tarde/ está brotando la primera estrella/ las blanquísimas garzas en el árbol magnífico/ poco a poco apaciguan su oscuro crascitar/ Ya se sosiega el coro de las aves/ :al contacto del aire/ se cuaja el canto/ en un oscuro copo algodonoso/ que luego es un carbón/ en la noche de piedra."

"Wawona Tree", que cierra el libro, es otro canto de gratitud a la naturaleza, que combina la crónica de viaje con el asombro lírico ante la magnitud de las secoyas en su munificente derredor: "Me despertó el aroma pungente de los pinos/ y el cristal de los trinos/ quebrando la mañana/ Hasta aquí vine:/ a inclinar mi cabeza/ ante este contrafuerte./ Doy gracias a mi suerte/ Vine a poner mi frente en su corteza:/ a encontrar la Humildad/ Vine para abrazarlo:/ para abarcar su fortaleza/ y mi debilidad.// Mas nada logro:/ troncos que sólo el aire/ puede abrazar/ Troncos que al mismo fuego/ logran cansar/ Ante mis ojos/ el árbol más antiguo de la tierra/ alza sus tres mil años/ de peso colosal."

En otro momento dice el poeta: "Mil años antes de Jesús el Cristo/ nació este árbol magnífico que hoy veo:/ ya estaba vivo/ trescientos años antes/ que cantara Homero."

Fogata con tres piedras reafirma la madurez poética de Efraín Bartolomé.