Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 30 de julio de 2006 Num: 595


Portada
Presentación
Bazar de asombros
Democracia y Legitimidad
Elecciones de Estado
MARCO ANTONIO CAMPOS
Lo que el viento a Juárez
Mentiras transparentes
FELIPE GARRIDO

Columnas:
A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUIA

Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Jornada de Poesía
JUAN DOMINGO ARGÜELLES

Teatro
NOÉ MORALES MUÑOZ


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 

LA REGLA ROTA

Eso que llaman la industria del entretenimiento, saco en el cual cabe o se hace caber prácticamente cualquier objeto u evento susceptible de ser comercializado, tiene la costumbre de avalar sus productos y a sí misma en función de sus índices de venta. Un blockbuster, pongamos por caso, suele ser promocionado con leyendas como ésta: "más de un millón de espectadores la han disfrutado". Con expresiones así se pretende que una tautología haga las veces de argumento incontestable: si diez millares de personas vieron Equispelícula, entonces Equispelícula tiene que ser buena precisamente por eso, porque ya la vieron diez millares de personas. Aquí no cuenta la opinión de ni uno solo de esos espectadores, sino únicamente su condición masiva.

Otra estrategia de mercadotecnia, a la que se recurre con frecuencia, consiste en mencionar la cantidad de tiempo que la cinta en cuestión lleva exhibiéndose. Se asume, no sin cierta razón, que un espectador dubitativo colegirá que si Equispelícula ha aguantado todo ese tiempo, debe ser por algo.

A veces es todavía peor, y el publicista en turno decide que todos aquellos que no se han sumado al millón de espectadores, acabarán por decidirse cuando se enteren del dinero que la película ha recaudado, y entonces la leyenda dice más o menos esto: "seis millones de pesos en taquilla". En este caso se apela, como es obvio, a esa preeminente mentalidad contemporánea para la cual todo es mensurable y jerarquizable en función de su valor monetario. (Ya lo decía Manolito, el de Mafalda: cuando lee que la gente no es importante por lo que tiene, sino por lo que es, él revira: "Vamos, si el que no tiene, ni siquiera es…)

ÉXITO MALDITO (POR SER AJENO)

Pero esa tríada de posibilidades vale y funciona siempre que se hable de una producción arropada con todas las bendiciones, comenzando por las tres indispensables: la del distribuidor, la del exhibidor y la de los medios masivos de comunicación. Si una de éstas falla, el fenómeno deja de verificarse… o se supone imposible su verificación.

¿Cómo explicar entonces, asidos como se nos tiene a la rigidez de este conjunto de reglas aparentemente inalterables, el éxito rotundo –no hay otra definición-- de los cuatro volúmenes del documental ¿Quién es el Sr. López?, dirigido por Luis Mandoki?

En el mismo orden antes mencionado, hay datos elocuentes: el documental ha sido visto al menos por dos millones de personas, pues tal es, en cifras redondas, el número de copias vendidas; ha durado exhibiéndose –de manera privada preponderantemente, sin contar las presentaciones gratuitas al aire libre– por lo menos los últimos tres meses; y sin sumar la muy activa piratería, en este caso bienvenida hasta por el propio dueño de los derechos, se han vendido los dos millones de copias ya citados, que a razón de cuarenta y nueve pesos, arroja un total que araña los cien millones de morlacos.

De acuerdo con las propias reglas del mercado, una película así de vista, duradera y gananciosa no puede ser mala, punto. Pero como no es verdad que el mercado detente la verdad en exclusiva, es preciso buscar las razones en otro lado, de preferencia en el propio documental o, si se quiere, en éste y en la motivación que hayan podido tener esos millones para haberse convertido, de manera totalmente involuntaria, en avales de un éxito, hay que insistir, incontestablemente rotundo.

Igual de interesante puede ser el atisbo de las razones por las cuales ¿Quién es el Sr. López? no fue, no ha sido, y por lo visto no será bendecido por ninguno de los miembros de la mercadotécnica trinidad, a pesar de que el documental tiene todo y más de lo que dicha trinca puede pedirle a una producción para "hacerle el favor" de ganar dinero con ella. No valdría que alegaran, como hasta hace un tiempo fue factible hacerlo, que se trata de un documental y que éstos, por naturaleza, no son rentables. Ahí están La marcha de los pingüinos, La historia del camello que llora y Superengórdame, por citar los más recientes, para desmentirlos. Tampoco valdría que arguyeran que se trata de un documental de tema político. Ahí están Masacre en Columbine y Fahrenheit 9/11 para desmentirlos de nuevo.

Es curioso, por decir lo menos, que quienes orientan todos sus esfuerzos a la obtención de ganancias económicas pierdan una oportunidad como ésta de llenarse los bolsillos. Pensando shakespeareanamente, recuérdese que con la riqueza sólo compiten el amor y el poder. Y como aquí es imposible hablar de amor, quizás esa conducta inexplicable se deba, a que sencillamente no les gusta o no les conviene, en términos del poder y su ejercicio, quién es el Sr. López.