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Guillermo Tovar de Teresa

¿Interinato?

Con gran sorpresa me entero, casi a diario, por los diversos medios, de que se habla de un "interinato" (un presidente interino) para salvar la situación electoral del 2 de julio de este año; lo proponen los "visionarios", los perspicaces y uno que otro ignorante de nuestra historia.

Un "interinato" en México como solución al conflicto electoral significa muchas cosas que es conveniente reflexionar: que el Instituto Federal Electoral fue rebasado y que no puede existir una mediación anterior a la sentencia impuesta por el Tribunal Electoral del Poder Judicialde la Federación (TEPJF), lo que equivale a reconocer un fracaso de la política en beneficio de la necedad; por varios motivos, entre otros, el de no contar los votos que legitimarían al sucesor y dejarían tranquilos a los votantes, de autoproclamarse presidente electo antes de los fallos y generar tensión social y división entre el electorado, antes de conocer un resultado objetivo y serio.

Un "interinato" significa un retroceso histórico: sería como abortar la elección y sus resultados. También, si se desconoce lo que digan los órganos de normatividad y justicia electorales, representa que la "nulidad" sea el resultado de los comicios y por ello el camino a cumplir, fatalmente, como si estuviéramos poseídos de un afán de tener la razón (bastante irracional) que permitiera semejante consecuencia: el "interinato" equivalente a una negación de las elecciones en beneficio de un dedazo del Congreso de la Unión, como ocurría en el siglo XIX, cuando sólo existían las elecciones indirectas. Seguiríamos identificando a la democracia con la "caja de Pandora".

Se recuerda a los presidentes interinos y la gente evoca a Francisco León de la Barra y Pedro Lascuráin Paredes, pero se les olvida el nombre de quien sería su jefe y presidente, el "interino" más funesto de la historia de los mandatarios mexicanos: el general Victoriano Huerta.

En efecto, Huerta llegó a presidente en calidad de "interino" y eso le daría el poder para asesinar a Francisco I. Madero y a José María Pino Suárez, cortarle la lengua a Belisario Domínguez y mandar ejecutar a Serapio Rendón, disolver el Congreso, entre otros horrores, y asumir que no existía un término para ejercer su "interinato", pues la patria se veía amenazada por una invasión estadunidense. Pretextaba no dejar la presidencia por no haberse consolidado la paz.

El 19 de febrero de 1913, reunido el Congreso de la Unión, y tras ser presidente interino de la República el C. Pedro Lascuráin (por 45 minutos, suficientes para designar como secretario de Gobernación a Huerta, condición para sucederlo en el cargo), el Congreso decreta lo siguiente: "II. Llámese al ciudadano general Victoriano Huerta, secretario de Estado y del despacho de Gobernación, para que preste la protesta de ley como presidente interino de la República".

El Congreso de la Unión justificó su proceder planteando un dilema: no era posible, según lo decía el artículo 81 de la Constitución (era la de 1857), convocar a elecciones inmediatas para nuevos presidente y vicepresidente, que se había hecho antes de manera indirecta, de acuerdo con lo indicado en el artículo 76 de la misma Carta Magna, pues obligaba a que esto se hiciese de acuerdo a una ley electoral que no existía. No podía haber elección sin una ley electoral previa.
Para dejar de ser presidente interino, Huerta tuvo que enfrentar al ejército constitucionalista, encabezado por Venustiano Carranza, gobernador de Coahuila (autoproclamado jefe del Ejército Constitucionalista), ser derrotado (provocando con ello la muerte de miles y miles de mexicanos), huyendo del país el primero y quedando impune de sus terribles crímenes, y asumiendo el poder el segundo, sin un término para su gestión.

Según el apartado sexto del Tratado de Guadalupe, suscrito en Coahuila el 26 de marzo de 1913, se dice: "El presidente interino de la República convocará a sesiones generales tan luego como se haya consolidado la paz, entregando el poder al ciudadano que hubiere sido electo". Carranza eliminó a Huerta de la vida nacional, convocó al Congreso Constituyente en 1917, pero en 1919 se le ocurrió poner a su propio candidato a sucederlo en el cargo de primer jefe de la nación: el licenciado Ignacio Bonillas, un desconocido que levantaría la furia de los generales vencedores de Huerta. Eso le costaría el "interinato" y la vida.

En ambos casos, en ese momento de nuestra historia, supimos cuándo empezaban los "interinatos", pero desconocimos cuándo tendrían su fin. El pretexto: cuando se consolidara la paz.

Hubo el caso del general Adolfo de la Huerta, quien, disgustado con Carranza, se levanta contra su gobierno con el famoso Plan de Agua Prieta, de acuerdo con los generales Alvaro Obregón y Plutarco Elías Calles; es designado primero presidente provisional, y luego, el 1° de junio de 1920, como presidente interino, el cual le entrega el poder a Obregón. Deseoso de cobrar su deuda, no acepta la candidatura de Calles para que suceda a Obregón y él desea imponerse como candidato a fines de 1923. El general Guadalupe Sánchez lo proclama ese año presidente provisional (por segunda ocasión), pero El Manco de Celaya lo detroza y huye a Los Angeles, California. Un desastre.

En el caso de Emilio Portes Gil, "interino" por la muerte del releccionista Alvaro Obregón, no habría problema, pues ya teníamos "presidente sin cartera", que lo era el general Plutarco Elías Calles, llamado entonces Jefe Máximo de la Revolución Mexicana. La gente decía, durante la administración de Portes Gil: "En Palacio se halla el presidente, pero el que manda vive enfrente". Su interinato terminó cuando por una "elección de Estado" le sucedería el ingeniero Pascual Ortiz Rubio, vencedor de José Vasconcelos en los comicios de 1929, quien renunciaría al cargo dos años después, para ser sucedido por otro presidente de dedazo: el general Abelardo Rodríguez.

En estos momentos, no llegar a un acuerdo político previo a la sentencia del TEPJF, entre el PRD y el PAN, no contar los votos, proclamarse "presidentes electos" sus candidatos antes de dicha resolución; hacer pronósticos sobre una nulidad, impidiendo que llegue cualquiera de los dos y permitiendo que el Congreso, por dedazo, elija al "interino", me parece una imbecilidad y un peligro para México.

¿Quiénes y a quién van a designar como presidente interino de la Republica Mexicana en tanto "se consolide la paz"? Es mejor hacer memoria que cometer errores. La historia nos lo demuestra. Su experiencia es nuestro mejor "profesor particular".

 
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